¿Censura o regulación de las redes sociales?
Un nuevo debate surge en torno a la propuesta impulsada por el gobierno de la 4T para regular el uso de redes sociales e Inteligencia Artificial (IA), con el firme propósito de proteger a niños y adolescentes.
Se vive una intensa controversia en plataformas digitales y diversos medios informativos tras el anuncio de la presidenta Claudia Sheinbaum de enviar una iniciativa al Congreso de la Unión. La medida busca legislar sobre el acceso y la regulación de la IA y las redes sociales en menores de edad.
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El debate: ¿Protección a la infancia o control gubernamental?
Las reacciones a dicha propuesta no se hicieron esperar: algunos sectores argumentan que la iniciativa representa un mecanismo de control de la información y censura gubernamental que atenta contra la libertad de expresión; otros más aplauden la iniciativa pues la consideran necesaria y urgente.
Pero, ¿por qué genera polémica una iniciativa que, a todas luces, aborda un problema real que está afectando a la población más vulnerable, no solo de México, sino en todo el mundo? La respuesta es sencilla, quienes critican, podrían no estar bien informados, o en el peor de los casos, están mal informando deliberadamente.
Foros nacionales: El camino hacia la regulación del entorno digital
Entendamos primero en qué consiste la propuesta realizada por el Ejecutivo Federal y cuál es su fundamento; ésta comprende la realización de foros regionales —que se llevarán a cabo el próximo 19 de agosto en el Noreste (Nuevo León); el 3 de septiembre en el Sur-sureste (Chiapas) y el 17 de septiembre en el Centro-sur (Guerrero)— con el objetivo de conformar, mediante el debate nacional y el consenso, un proyecto para regular el uso de IA, plataformas digitales y redes sociales en niñas, niños y adolescentes para que sea entregada al Congreso de la Unión y así proteger a las infancias y juventudes.
El impacto neurobiológico: ¿Cómo afectan las pantallas y la IA en la adolescencia?
La pertinencia de dicha iniciativa se fundamenta en información científica como la presentada por la especialista en Neurodesarrollo e investigadora de la Universidad de Washington, Dra. Lucía Magis Weinberg, quien explica que la adolescencia, comprendida entre los 10 y los 25 años, es una etapa de profunda transformación cerebral, en la que el sistema encargado de las emociones y las recompensas madura antes que el sistema responsable del control cognitivo y la toma de decisiones. Este desfase, convierte a la adolescencia en un periodo de oportunidades para el aprendizaje y la construcción de la identidad, sin embargo también ocasiona que sea el periodo de mayor vulnerabilidad frente a la presión social, los hábitos nocivos y los problemas de salud mental. Con este contexto, el diseño de las plataformas digitales activa los circuitos de recompensa del cerebro, favoreciendo conductas automáticas , las cuales pueden conducir al desarrollo de adicciones o estrés digital. Asimismo, el uso excesivo de pantallas puede afectar el desarrollo cognitivo, reducir la capacidad de atención, alterar el sueño, fomentar el sedentarismo y desplazar actividades esenciales para el desarrollo, como la convivencia presencial, el aprendizaje y la construcción de la identidad; de ahí la importancia de acompañar a los adolescentes con orientación familiar, establecer límites y espacios de desconexión, promover hábitos saludables y fortalecer la educación en ciudadanía digital.

Tecnoadicción y salud mental: Lo que dice la ciencia
Otra experta como la maestra en Orientación Psicológica y especialista en prevención de adicciones, Mtra. Tania Jiménez García, directora de Concieo A.C., asociación dedicada a la prevención de adicciones en niñas, niños y jóvenes también apuntaló la propuesta del gobierno al hablar sobre el cerebro y la adicción a la tecnología en niños y adolescentes. Explicó que el uso excesivo de las tecnologías incrementa la producción de dopamina — un neurotransmisor relacionado con la sensación de gratificación y bienestar—, pero ya no de forma natural. Así, el cerebro se adapta a esta nueva condición y deja de producir dopamina de forma adecuada, lo que representa una problemática de adicción, más específicamente una tecnoadicción.
Además de que el cerebro de un niño expuesto de manera excesiva a las teconologías comienza a funcionar de manera distinta, su corteza prefrontal puede verse afectada, lo que repercute en la atención, la concentración, el control de impulsos, el manejo de las emociones y la toma de decisiones. Como consecuencia, puede presentarse una menor tolerancia a la frustración, bajo rendimiento escolar, dificultades para el autocontrol, menor paciencia y problemas para resolver conflictos; asimismo, el uso excesivo de teléfonos celulares antes de los 14 años puede incrementar el riesgo de desarrollar adicciones, depresión y ansiedad.
Regular no es censurar: La necesidad de proteger a las infancias
Conociendo, grosso modo, y los fundamentos que lo respaldan, cabe preguntarse: ¿dónde radica la censura o la coartación de la libertad de expresión en la niñez y adolescencia? ¿Acaso no está regulado el trabajo infantil, prohibida la venta de sustancias nocivas a menores o supervisado el contenido en medios tradicionales desde hace medio siglo por la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía? Del mismo modo en que se vigila la venta de alimentos no saludables en las escuelas, la protección en entornos digitales resulta imprescindible.
El impulso a políticas públicas y marcos regulatorios que garanticen plataformas digitales seguras y acordes a cada etapa del desarrollo constituye un acierto fundamental. La estrategia gubernamental busca prevenir la tecnoadicción, exigir a las empresas tecnológicas la mejora de sus algoritmos y controles, promover la alfabetización digital y motivar a madres, padres y educadores a dar un uso recreativo, formativo y responsable de las herramientas digitales. Proteger a la infancia no significa silenciar voces ni coartar opiniones: regular no es censurar.
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