Mientras el gobierno promueve un discurso de prosperidad compartida, la industria turística opera mediante un esquema de precarización laboral, informalidad y violencia normalizada. Los testimonios rompen el silencio en Cancún: jornadas de 12 horas, multas ilegales, despidos cada cuatro meses para borrar la antigüedad y un silencioso acoso vertical ejercido, incluso, por las mismas mujeres integradas a la cadena de mando. La voz de la ley: Guillermina Corona Trujillo devela el protocolo de blindaje para las víctimas, advierte que la NOM-035 no es opcional y recuerda que la omisión patronal ante la violencia se castiga con multas de hasta 5,000 UMAS y responsabilidad penal.
Infierno en el paraíso: El sistema que exprime a las mujeres
En los promocionales de la industria turística, Quintana Roo es el paraíso absoluto: un edén de complejos hoteleros galardonados con diamantes, playas impecables y un discurso político estatal que promete, como mantra, prosperidad compartida y justicia social para las mujeres.
Sin embargo, cuando los reflectores del marketing institucional se apagan, emerge la verdadera maquinaria que sostiene el milagro económico del Caribe mexicano: un sistema de explotación vertical, informalidad y violencia de género que exprime a las mujeres que limpian las habitaciones, vigilan los accesos y atienden los comercios del lujo que nunca podrán pagar. Para ellas, el paraíso es una quimera de 12 horas diarias.
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En este entorno, las mujeres sostienen casi la mitad de la fuerza laboral turística, pero lo hacen bajo condiciones que organizaciones laborales califican como una violación flagrante a los derechos humanos más elementales.
Romper el silencio: Los testimonios del desdén
Las historias de abusos se repiten a lo largo de toda la zona turística, desde lujosos establecimientos hasta locales de plazas comerciales. Laura, extrabajadora del restaurante La Madelena —perteneciente al Grupo Alme—, relata una estructura de segregación laboral retrógrada: dentro del establecimiento, a las mujeres se les tenía prohibido aspirar a puestos de meseras —puesto en que las propinas en dólares elevan el ingreso— y eran confinadas exclusivamente al área de cocina.
“Eran jornadas extenuantes de más de 12 horas diarias, bajo un ambiente de gritos constantes y humillaciones por parte de capitanes y gerentes”, denuncia Laura. Asegura que la rotación de personal en Grupo Alme es tan alta que la empresa traslada constantemente a trabajadores de otros estados de la República para mantener un esquema de explotación en el que “la gente prácticamente solo vive para trabajar”.
Al respecto, Verónica Salinas, encargada de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) en el estado, señaló que ante escenarios de hostigamiento o disparidad en Grupo Alme, las afectadas pueden acudir a las instancias estatales: “Ahí pueden acudir a la Procuraduría de la Defensa del Trabajo, donde recibirán asesoría jurídica de forma gratuita. Deben de tener sus comisiones integradas para efectos de atención interna [del acoso]. Si no lo tiene la empresa, tendrán que acudir a la autoridad laboral”.

La discriminación por género se entrelaza de forma perversa con la exclusión educativa. Claudia, quien laboró como guardia de seguridad privada en el Aeropuerto Internacional de Cancún, devela cómo el nivel escolar determina el grado de precarización: “A quienes únicamente concluimos la secundaria nos asignaban jornadas extenuantes de 12 horas, mientras que el personal con preparatoria accedía a turnos de ocho horas, por el mismo sueldo”. Además, las mujeres con menor escolaridad eran relegadas a transportes de menor calidad y recibían un trato abiertamente denigrante.
Frente a la vulneración de las jornadas en las terminales aéreas, Verónica Salinas argumentó que la ley federal fija límites claros: “Tendríamos que revisar las condiciones generales de trabajo. Conforme dice la ley, son 8 horas laborales. En caso de que sean excedidas, se tendrá que llevar un registro o control. Eso ya va a horas extras, lo cual no debería de ocurrir; que sean 12 horas seguidas como se manifiesta… no debería de pasar”.
En el corazón de las plazas comerciales de Cancún, la informalidad alcanza niveles de explotación cotidiana. María, quien trabajó en el salón Rosy’s Nails en Plaza las Américas, detalla un régimen donde el salario base era de apenas 250 pesos por seis horas de trabajo, complementado con 20% de comisión por servicio. Sin embargo, los ingresos eran pulverizados por un sistema ilegal de penalizaciones económicas.
“Nos multaban con dinero por todo. Si faltabas un día por enfermedad, te castigaban con tres días de suspensión sin goce de sueldo. Tenías que llegar por obligación 20 minutos antes de tu entrada; cada minuto de retraso implicaba una sanción económica. Nos prohibían hablar entre compañeras y todo esto lo vivíamos sin un contrato laboral que nos respaldara”, acusa María.
Sororidad rota: Cuando el acoso viste de mujer
Uno de los rostros más oscuros y menos visibilizados de la violencia laboral en la hotelería de Cancún y la Riviera Maya es el acoso vertical ejercido de mujer a mujer. En las dinámicas de poder de los grandes complejos turísticos, las cadenas de mando intermedio se han convertido en correas de transmisión de la explotación, donde supervisoras actúan con una exigencia idéntica o superior a la de los mandos masculinos.
Guillermina Corona Trujillo, exdirectora general del Centro de Conciliación Laboral en la zona centro de Quintana Roo, explicó que es fundamental desmitificar las sutilezas de la agresión en el entorno laboral para poder combatirla: “El hostigamiento viene estrictamente de un superior jerárquico (jefes, gerentes, directores), pero el acoso laboral puede ser horizontal, proviniendo de un compañero de trabajo o colega, o incluso de abajo hacia arriba. La violencia laboral no distingue, no tiene género porque el poder no tiene género”.
Esta distinción cobra vida en el testimonio de Patricia, camarista de la prestigiada cadena Palace Resorts, quien describe una cotidianidad marcada por el desgaste físico extremo y el hostigamiento institucionalizado que ejercen las propias supervisoras de área. Aunque la jornada oficial es de ocho horas, Patricia confiesa que retirarse a tiempo es un mito si no se termina la extenuante cuota de habitaciones asignadas, obligando a las trabajadoras a saltarse sus horarios de comida para evitar represalias.
“El acoso de las supervisoras es constante. Buscan cualquier pretexto para levantarte actas administrativas y forzar tu renuncia sin liquidación. Hacen revisiones excesivas, humillantes; se subían arriba de los clósets y revisaban con lupa dentro de las cajas fuertes buscando la más mínima mota de polvo. Exigen una rapidez sobrehumana, pero al mismo tiempo demandan una perfección absoluta. No hay empatía, aunque la supervisora haya sido camarista antes; el sistema las transforma en verdugos de sus propias compañeras”, relató Patricia con indignación.
Al exponer la situación específica de las cargas de trabajo extremas en la cadena Palace Resorts, la encargada de la STPS, Verónica Salinas, admitió la ilegalidad de estas cuotas: “Eso no debería de ocurrir, porque debe de existir un reglamento interior de trabajo donde estipule las condiciones generales, las mejoras a las condiciones de trabajo donde el trabajador tiene derecho a sus horas de descanso, a comer de forma paulatina en sus espacios y no debería de ser una carga de trabajo en exceso”. No obstante, las inspecciones estatales operan bajo un esquema ordinario programado “cada año” o se activan únicamente tras la formalización de denuncias directas.
A este hostigamiento interno se suma una estrategia corporativa perversa para truncar el futuro de los trabajadores: la simulación laboral. Colectivos obreros denuncian que en las cadenas hoteleras es una práctica sistemática dar de baja al personal cada cuatro meses para impedir de forma legal que generen antigüedad, obligándolas a firmar contratos temporales cíclicos a pesar de llevar años operando en el mismo complejo.
Por si fuera poco, al buscar empleo en otras firmas, los departamentos de Recursos Humanos exigen datos personales y números de seguridad social para revisar el historial laboral y generar “listas negras” sin el consentimiento de las solicitantes, violando el derecho a la protección de datos personales.

La Guía de Resistencia: Cómo recabar pruebas sin miedo
Ante este panorama de vulnerabilidad, la exdirectora general del Centro de Conciliación Laboral, Guillermina Corona, hizo un llamado contundente a las trabajadoras y trabajadores (destacando que los hombres también viven esta violencia, pero culturalmente denuncian menos por miedo a exponerse): no hay que tener miedo, pero para avanzar por la vía legal se necesitan pruebas materiales y objetivas.
“Suena fácil decir ‘tengo derechos y los puedo ejercer’, pero por la vía legal se necesitan elementos objetivos que se puedan materializar. ¿Qué sirve como prueba? Fotos, videos, capturas de pantalla, correos electrónicos, instrucciones por escrito u órdenes verbales”, detalla la especialista.
Guillermina Corona tumba uno de los mitos más grandes de las empresas que infunden miedo a sus empleados: “Existe la creencia de que grabar es ilegal. Si tú ofreces una prueba donde no estás involucrado, sí es ilícita. Pero si tú eres parte de esa conversación, si te llamaron a la oficina del jefe y te están gritando o causando angustia y ansiedad, saca el celular, graba el audio o video y esa prueba es perfectamente lícita y válida dentro de un procedimiento judicial”.
Asimismo, reconoce que los testigos compañeros de trabajo son difíciles de conseguir porque temen perder el empleo o sufren la misma violencia. Por ello, la experta propone dos vías de acción inmediata:
La Queja Comunitaria y Anónima: Las afectadas que se percaten de que no están solas pueden unirse y presentar una queja escrita de forma anónima ante la dirección o gerencia general. “Esto sirve de evidencia de origen para decirle después al patrón: ‘Oye, yo te avisé de lo que estaba haciendo el gerente y tú fuiste omiso, tú no hiciste nada’”.
La Rescisión de la Relación Laboral sin Responsabilidad: Si el jefe o el área de Recursos Humanos ignora el problema, el trabajador tiene el derecho legal de romper el vínculo con la empresa y demandarla para exigir su indemnización completa como si fuera un despido injustificado. Para ello, se debe acudir a la Profedet (Procuraduría Federal de la Defensa del Trabajo), o con un abogado particular.

La ilegalidad empresarial: La NOM-035 no es opcional
La responsabilidad no se limita al agresor directo; la ley mexicana castiga severamente a las empresas que permiten o ignoran el hostigamiento. Corona es tajante al recordar la vigencia de la NOM-035 de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), implementada desde 2018.
“La NOM-035 establece los protocolos obligatorios que un patrón debe tener dentro de su centro de trabajo para prevenir, atender y dar seguimiento a los casos de violencia. No es una opción, es una obligación legal. Sin embargo, te puedo decir que hay empresas en Quintana Roo que ni siquiera conocen la norma”, advierte.
El castigo para las empresas omisas es severo: si se acredita la violencia y la inacción de Recursos Humanos, la gerencia o el director, los patrones enfrentan sanciones económicas que van hasta las 5 mil UMAS e incluso incurren en la comisión de un delito penal. “No constante con que el patrón realice el acto u omisión de violencia, sino también que no haga algo por solucionar este problema. El que sean omisos genera responsabilidad directa para la empresa”.

Para activar el cerco legal, la extitular recomienda un orden institucional estratégico:
- Paso 1: Acudir primero a las fiscalías correspondientes (como la Fiscalía de la Mujer en Quintana Roo) o a las procuradurías del trabajo (PROFEDET).
- Paso 2: Si estas instituciones resultan omisas o congelan el caso, acudir inmediatamente a la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CDHEQROO). “Derechos Humanos va a revisar que las autoridades a las que tú acudiste hicieran lo que tenían que hacer. Su papel es vigilar y sancionar la omisión institucional”.
La frialdad de las cifras frente al mito del éxito
Los datos estadísticos del Sustainable Tourism Advanced Research Center (STARC) desmitifican por completo la narrativa de equidad de género que la industria vende en los foros internacionales. En Quintana Roo, el 47.3% de la fuerza laboral vinculada al turismo está integrada por mujeres. De hecho, el estado concentra al 30% de todas las trabajadoras aseguradas en el sector hotelero del país. Ellas limpian el paraíso, pero siguen excluidas del poder económico.
| Indicador Laboral de Género en Q. Roo | Porcentaje / Cifra |
|---|---|
| Fuerza laboral turística integrada por mujeres | 47.3% |
| Concentración nacional de camaristas/empleadas de hotel en el estado | 30.0% |
| Brecha salarial general entre hombres y mujeres a nivel estatal | 18.3% |
| Porcentaje de mujeres que perciben ingresos superiores a 10 UMA | 39.1% |
| Mujeres ocupando direcciones generales de hoteles de alto perfil | Prácticamente 0% |
Aunque la industria maquilla sus reportes afirmando que la brecha salarial directa en hoteles es del 3% y en restaurantes del 0.4%, la realidad macroeconómica del estado cuenta otra historia: la diferencia de ingresos real entre hombres y mujeres alcanza un 18.3%.
La exclusión se agudiza en la punta de la pirámide económica: solo el 39.1% de las personas que perciben ingresos superiores a 10 UMA son mujeres. El dato más demoledor es el “techo de cristal” de la hotelería fina: en Quintana Roo, prácticamente no existen mujeres dirigiendo complejos hoteleros de alto perfil.
La urgencia de la organización: Nace “UNIDAS”
Esta acumulación de violencia económica, pobreza de tiempo, afectaciones a la salud mental y desgaste físico —que golpea con doble fuerza a las miles de trabajadoras que además operan como jefas de hogar y realizan triples jornadas de cuidados sin remuneración— ha comenzado a generar fisuras en el muro del silencio corporativo.
UNIDAS: Red de Mujeres por el Trabajo Justo. Esta iniciativa colectiva nace para sumar a esta misión voces, experiencias y luchas de mujeres que enfrentan realidades laborales diversas, con el objetivo de construir entornos de trabajo más justos, equitativos y dignos.
El “paraíso” de Quintana Roo está en deuda histórica con sus mujeres. Mientras la publicidad oficial siga celebrando récords de ocupación hotelera y derrama económica multimillonaria, la realidad de Laura, Claudia, Patricia y María, respaldada por la severidad de las leyes que evaden los patrones, seguirá recordando que el éxito de Cancún está construido sobre las espaldas dobladas, las manos agrietadas y el silencio forzado de las mujeres y hombres que limpian el lujo que nunca podrán pagar. El trabajo digno no es un beneficio empresarial; es un derecho.

