La vida del carnicero en Chetumal: la historia de “El Güerito”
CHETUMAL, QR.- Con alrededor de 20 años de trayectoria como carnicero, Nico Hernández, mejor conocido como “El Güerito”, señala que la vida de los tablajeros es sumamente pesada y difícil. No obstante, asegura que si la vida le diera otra oportunidad de elegir, optaría nuevamente por este mismo oficio.
Ser una persona alegre, honesta y servicial, manteniendo siempre una sonrisa para atender a su clientela en su puesto del Mercado Nuevo (Lázaro Cárdenas), le ha valido ganarse el respeto de amigos, compañeros y compradores cotidianos que acuden a su punto de venta.
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A pesar de la dedicación que implica, “mucha gente piensa que los carniceros solo llegan a trabajar temprano y después se van a descansar, pero la realidad es que la vida diaria es muy pesada”, puntualiza.
El trabajo detrás del mostrador
La rutina exige levantarse de madrugada para llegar a la carnicería a las 04:30 horas. Las labores incluyen bajar el producto al punto de venta, freír, elaborar manteca, chicharrón y chorizo, todo ello mientras se brinda atención directa al público.
Mantenerse activo y pendiente durante toda la jornada es fundamental para ofrecer el mejor servicio y competir en un mercado exigente. Cuidar la calidad de la carne es una prioridad para Nico, quien ocasionalmente obsequia un poco de producto bajo la premisa de que el cliente se vaya contento y feliz.
El trabajo del tablajero no concluye con la última venta del día. Posteriormente, debe ordenar la matanza para el producto del día siguiente, buscar al animal y, de ser necesario, trasladarse a comunidades rurales como Sergio Butrón, Carlos A. Madrazo o Salamanca en Bacalar, culminando su jornada hasta cerca de las 23:00 horas.
“Cada arruga, cada cana de los carniceros que verdaderamente se dedican a trabajar, se lo ganan a pulso.” — Nico Hernández, “El Güerito”
Los sacrificios familiares del oficio
La alta exigencia de la actividad trae consigo complicaciones personales. “A veces te despides de tu mujer cuando sales de madrugada y cuando regresas ya está durmiendo de nuevo, pues llegas tarde y no las puedes acompañar a compras o paseos”, resalta.
En el ámbito familiar, los hijos resienten la ausencia debido a que el tablajero suele perderse eventos escolares especiales o pasar periodos de una a dos semanas sin coincidir con ellos debido al ritmo de trabajo.
Frente a mitos populares que tachan a los gremios de mujeriegos, El Güerito aclara que esto es totalmente falso, ya que la prioridad absoluta es llevar el sustento a casa y cumplir con la pesada carga laboral.

Retos actuales en las centrales de abasto
Pese a lo demandante de la actividad, subraya que elegiría de nuevo ser carnicero porque le apasiona servir a la gente y ver su satisfacción tras una buena atención.
Actualmente, Nico forma parte de los cerca de 200 propietarios de carnicerías que operan en Chetumal, distribuidos en las tres principales centrales de abasto: Lázaro Cárdenas, Ignacio Manuel Altamirano y Andrés Quintana Roo.
Finalmente, lamentó que la central donde labora enfrente problemáticas severas con los servicios de agua y energía eléctrica, obligando a los tablajeros a ingeniárselas y cubrir altos costos, incluso mediante préstamos, pese a los reportes constantes a las autoridades.


