Mara y el inicio de su legado en Quintana Roo
Y el fuerte sonido de sus ladridos solo prueba que estamos cabalgando
Johann Wolfgang von Goethe
Desde que Mara Lezama Espinosa amplificó su voz en los micrófonos de Radio Turquesa, para ayudar a la gente con el poder del periodismo en la gestión de apoyos funcionales, atención hospitalaria, útiles y uniformes escolares para las familias más necesitadas de Cancún, entre muchos otros esfuerzos de su parte, ya estaba destinada a seguir su labor humanista desde otra esfera.
Mara no buscó el poder para sí misma; la gente ya se lo había entregado por más de una década para dar lo mejor de ella, sin esperar nada a cambio, sin ambición. Con su popularidad llegaron los contratos de empresas para prestar su voz, además de trabajar como jefa de la sección de sociales del entonces influyente periódico Novedades de Quintana Roo, que combinaba con su labor como locutora y presentadora de televisión.
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Como la mayoría de mujeres clasemedieras, tenía más de dos actividades laborales con ingresos que fortalecieron el patrimonio familiar, a los que se sumaban las percepciones de Omar Terrazas, su inseparable compañero de vida.
A Mara nadie le regaló nada; educada en el seno de una familia “muégano”, ha llevado con dignidad la filosofía de los mexicanos de clase media: curtirse a diario en la cultura del esfuerzo.
De la gestión social en medios a la presidencia municipal
La popularidad de Mara y su idiosincrasia fueron una ventana por la que supo mirar Andrés Manuel López Obrador. No fue una, sino dos veces que el tabasqueño insistió para que Mara aceptara la candidatura de Morena a la presidencia municipal de Benito Juárez. La promesa de apoyo del líder moral de Morena en ese entonces fue que Mara hiciera lo mejor que sabía hacer: gestionar para la gente.
Su primer periodo como alcaldesa no estuvo exento de los ataques mediáticos que buscaban socavar su integridad tal y como sucede ahora, y en esta como en aquella ocasión, los medios al servicio de intereses aviesos no siguieron un principio básico del periodismo: el contraste; es decir, incluir la respuesta de Mara en su información.

Ataques mediáticos y ética periodística
La nueva embestida mediática, disfrazada de “investigación”, falta a la ética periodística al entrometerse en la vida privada de la hoy gobernadora de Quintana Roo: fotos de su familia que justifican por presuntamente tratarse del empleo de recursos públicos que nunca prueban; vínculos partidistas que son suposiciones y una serie de conjeturas legales que apuntan a dañar, más que a informar.
Pero la memoria histórica ahí está, para recordarle a los quintanarroenses que Mara ya está dejando un legado muy difícil de superar: será siempre en los libros de historia la primera mujer gobernadora de izquierda que gobernó Quintana Roo; la primera en reducir la deuda, herencia de malos gobiernos; la primera en despachar en territorio con y para el pueblo y no desde la comodidad de una oficina.
Mara es una estadista en toda la extensión de la palabra, que ha sabido gobernar sin los mareos y excesos del poder. Su peculiar estilo de trabajo, incansable, le ha valido el reconocimiento de dos presidentes de la República y de los quintanarroenses.
Sus logros son amplios gracias a su capacidad de gestión, porque los recursos que llegan al estado no solo provienen del presupuesto anual asignado a nivel central, sino que se deben a su pragmatismo y la habilidad de conocer los vericuetos de la burocracia.
La estridencia de ahora que busca influir en la opinión pública no bajará a Mara de ser la gobernadora mejor calificada del país por encuestadoras con credibilidad. La estridencia es temporal, pero los hechos de Mara son para la posteridad, pese al fuerte sonido de los ladridos.

