El Presidente y la desinformación del Covid-19

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César Muñoz | R360

En las “benditas redes sociales” vemos otra realidad diferente a la que le informan al Presidente Andrés Manuel López Obrador; en su discurso, escuchamos al político, no al estadista, mientras la realidad de los números de infectados por Covid-19 crece, según “lo previsto” por los hombres en quienes ha depositado su confianza, los hombres de ciencia, los multipremiados en sus ramas, que diario salen a informar cómo el país se desdibuja ante un enemigo silencioso y mortal. Su discurso, como el del presidente, no ha influido en mexicanos que ignoran a diario las advertencias de quedarse en casa.

Los hombres de ciencia, así como el Presidente, se enfrentan con ese México que la Cuarta Transformación no ha podido domar; no es el de la derecha, ni el de los conservadores, es el segmento de mexicanos que no vota, el de la “cultura de la transa”, el que no respeta ninguna ley más que la de la calle y la suya, la del “yo primero”; el gandalla que corrompe al sistema y que no, no es delincuente. Ese mexicano no es exclusivo de una clase social; está en las clases bajas, medias y acomodadas.

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Lo podemos ver en las mañanas, en las clases de Zumba al aire libre; en las áreas comunes, corriendo, haciendo ejercicio para su propio bienestar; en las reuniones en casas de amigos; en los parques con los hijos jugando con los hijos de otros. Con cuarentena, sigue su propio estilo de vida.

Por eso, cuando en un video, el Presidente reconoce el comportamiento de la “mayoría de mexicanos”, “de la inmensa mayoría del pueblo de México”, de no salir de casa y de conservar la sana distancia, acepta también que hay un segmento que no está haciendo caso y es el que está poniendo en riesgo no sólo la previsión y la estrategia de los hombres de ciencia, sino al sistema nacional de salud.

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En su mensaje del sábado, el Presidente, sabedor de que la estrategia dependerá en su totalidad de que los mexicanos, no la mayoría, sino todos los mexicanos sigan las indicaciones del sector Salud, comete errores de información y la desinformación, que tanto ha criticado y con justa razón, no abona a la verdad, aquella que el pueblo bueno y sabio espera para poder prever qué hará cuando termine la pandemia.

El Presidente señala que México está entre los 10 países a nivel mundial con menos infectados y con menos defunciones por la epidemia, y lo atribuye al esfuerzo que “todos estamos haciendo”, ¡en materia de prevención!

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La prestigiada Universidad John Hopkins, en Estados Unidos, creó desde el inicio de la pandemia, un sitio en internet, para llevar al día las estadísticas de Covid-19 a nivel internacional. Sus datos son de una precisión escrupulosa. Para saber si México está entre los 10 países del mundo con menos infectados y con menos defunciones, su información es de extrema importancia.

De acuerdo con la universidad, los datos al domingo 12 de abril colocan a México en el lugar 38 con más casos confirmados en el mundo, de entre 185 países y en el lugar 148 de entre 185, con menos casos. Estamos muy lejos de los 10 primeros países que señala el Presidente.

Por continente, en el americano, México (con 4,219 casos confirmados al 11 de abril) está en séptimo lugar, sólo detrás de Perú (6,848), Chile (6,927), Ecuador (7,257), Brasil, (20,984), Canadá (23,316) y Estados Unidos (530 mil). Aquí, sí estamos en línea con lo dicho por el Presidente, aunque en su mensaje no lo precisa de esta forma, sobre todo cuando señala que sus datos son comparando a México a nivel mundial y no por continentes.

En cuanto a los casos de fallecidos, tan solo en el continente americano, México, con sus 273, ocupa el quinto lugar con más defunciones (no menos), detrás de Ecuador (315), Canadá (654), Brasil (1,141) y Estados Unidos (20,608). Aquí no hay lógica con lo expuesto por el Presidente, mucho menos a nivel mundial.

De acuerdo con los datos de la Universidad John Hopkins, al corte del domingo 12 de abril, a las 9 de la mañana, tiempo de México, había 53 países, de 185, con más de dos mil casos confirmados de Covid-19. De esos países, México ocupa el lugar 24 con más casos de muertes y el lugar 29 con los de menos casos de fallecimientos a nivel internacional, por lo tanto, no aparece en los 10 primeros lugares en este rubro, como afirma el Presidente.

Sitio de la Universidad John Hopkins de monitoero mundial de casos de Covid-19.
Sitio de la Universidad John Hopkins de monitoero mundial de casos de Covid-19

El jefe del Ejecutivo federal ha sido crítico de la desinformación, con toda razón, pero no puede ni debe, en un afán de explicar que la estrategia aplicada ha sido la correcta, informar datos que carecen de veracidad, menos si lo hace en un mensaje dirigido a la nación.

Sabemos que el Gobierno de la 4T trabaja, a vapor, por la incredulidad inicial de que en México no pasaría nada, de invitar desde una gira en Oaxaca a salir a comer a los restaurantes, de darse abrazos; de rechazar en Palacio Nacional el gel antibacterial para las manos; de no cancelar sus giras, porque sus adversarios quieren ver a un país caer en la ingobernabilidad -como si la gobernabilidad se tratara únicamente de recorrer el país-, cuando la sociedad civil veía con preocupación el avance del virus en Europa y en Estados Unidos. La semana previa a que el Gabinete adelantara las vacaciones de Semana Santa, universidades privadas ya se habían adelantado y habían pasado a la modalidad de clases virtuales; la sociedad civil, un paso adelante.

La caída en la popularidad del Presidente, en las encuestas que él dice están “cuchareadas” (alteradas), es real, caída que se ha acentuado por el manejo de las medidas para controlar la pandemia. Fueron esas mismas encuestadoras que ahora descalifica las que pronosticaron su triunfo en las urnas.

Para asegurar la transformación que requiere el país, se necesita que el Presidente modifique su propio comportamiento, que es un ejemplo para millones de mexicanos. Pero su desdén inicial por el Covid-19, fue (y ha sido) el ejemplo del desdén de la minoría que no acepta quedarse en casa; el mismo que el presidente mostró al saberse del virus en enero y del primer caso en febrero en territorio nacional.

Sabemos que necesita ayuda, incluso contra ese avance silencioso de la ultraderecha que financia medios para propagar la desinformación y el desprestigio de su gobierno, pero combatir las artimañas de los conservadores no se contrarrestan con las mismas formas. Aún le queda parte de ese bono que millones le dieron en las elecciones y que podrá utilizar a su favor, si le habla derecho a todos los que votaron por él.

El Presidente no está solo; los sectores más progresistas del país están con él, pero no si miente y si insiste con sus formas y su desdén en un problema que implica la salud y la vida de millones de mexicanos. Requiere que sus colaboradores estén más al pendiente con la información que le pasan, que sean menos vasallos y vean por México, no por la figura presidencial. Mantener esa figura y el proyecto de nación, dependerá no sólo de esta coyuntura, sino del futuro que para nada se ve promisorio para los mexicanos.

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