Niño muere de rabia: Tragedia en Ontario expone los riesgos críticos de la rabia por murciélagos

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La muerte de un niño de 11 años en Canadá tras despertar con un murciélago en su rostro alerta sobre la letalidad de la rabia y la necesidad de aplicar profilaxis inmediata ante cualquier contacto con fauna silvestre, incluso sin mordeduras visibles.

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Negligencia diagnóstica ante la ausencia de heridas evidentes

El desconocimiento del riesgo de transmisión por contacto con mucosas retrasó la atención médica vital tras el incidente en una cabaña del norte de Ontario.

Un menor canadiense falleció en 2024 tras pasar 17 días hospitalizado a causa de una variante del virus de la rabia transmitida por murciélagos. A pesar de despertar con el espécimen sobre su nariz y boca, la falta de marcas cutáneas visibles llevó a los padres a descartar la asistencia médica inicial.

El curso clínico posterior se desarrolló bajo las siguientes fases epidemiológicas y diagnósticas:

  • Día 19 post-exposición: Aparición de hormigueo, entumecimiento en el lado derecho del rostro, hinchazón facial y anorexia.
  • Día 23 post-exposición: Diagnóstico erróneo en una clínica local, donde se le prescribieron fármacos para herpes bajo la sospecha de parálisis de Bell.
  • Día 26 post-exposición: Ingreso a urgencias en Ontario por emesis y disfagia. Se detectaron úlceras gingivales y afectación del nervio trigémino. El centro hospitalario dio el alta con un diagnóstico presuntivo de gingivoestomatitis herpética.
  • Día 27 post-exposición: Retorno al hospital por disartria y hemiparesia facial. Durante la espera, el cuadro progresó con fiebre, alucinaciones visuales, confusión y disfagia severa, requiriendo ventilación mecánica en la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos (UCIP).

El diagnóstico definitivo de rabia se obtuvo al cuarto día de internamiento en la UCIP mediante una prueba de reacción en cadena de la polimerasa (PCR). La Agencia Canadiense de Inspección Alimentaria ratificó que la cepa correspondía a un virus propio de quirópteros.

Transmisión del virus y la amenaza silenciosa en América

El contacto directo con fluidos de un animal infectado en zonas de mucosas o heridas abiertas representa una vía de contagio tan letal como una inoculación profunda.

La rabia destruye de forma irreversible el sistema nervioso central. Su transmisión ocurre mediante la saliva u otros fluidos biológicos que entran en contacto con los ojos, la cavidad nasal, la boca o discontinuidades de la piel. Aunque Canadá reporta miles de casos anuales en animales silvestres, la afección en seres humanos es extremadamente inusual, sumando únicamente 28 casos desde 1924. Este deceso marcó el primer contagio autóctono en Ontario desde el año 1967.

A escala global, la Organización Mundial de la Salud señala que la enfermedad genera decenas de miles de muertes al año en más de 150 países, concentrándose la carga epidemiológica en África y Asia, donde los perros son vectores del 99 % de los casos. En contraste, los murciélagos constituyen la fuente principal de infección humana en el continente americano, seguidos en el territorio canadiense por especies como zorros y mofetas. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) sostienen que el virus es una amenaza persistente en toda la fauna de Estados Unidos, exceptuando el estado de Hawái.

Sintomatología clínica y protocolos de respuesta inmediata

El periodo de incubación regular oscila entre los 20 y 60 días, dando paso a una fase neurológica aguda donde la tasa de letalidad roza el 100 %.

Los signos iniciales emulan un cuadro gripal común con cefalea, astenia y fiebre, acompañados de parestesias en la zona del contacto. La evolución posterior desencadena disfunciones neurológicas graves:

  • Sialorrea e hidrofobia intensa.
  • Espasmos musculares y episodios convulsivos.
  • Ansiedad extrema y desorientación.

La ausencia de terapias efectivas una vez manifestada la sintomatología provoca el deceso en un plazo de 7 a 14 días. Por ello, la intervención médica oportuna exige un protocolo estricto ante mordeduras o arañazos:

  1. Lavado profuso: Higienizar el área afectada con agua y jabón de forma continua durante 15 minutos.
  2. Antisepsia: Aplicar alcohol isopropílico sobre la superficie expuesta.
  3. Evaluación de urgencia: Acudir de inmediato a un centro hospitalario para iniciar la Profilaxis Postexposición (PPE), que combina la administración de vacunas específicas e inmunoglobulina antirrábica.

Como medidas de prevención poblacional, las autoridades sanitarias recomiendan asegurar la vacunación vigente de las mascotas, sellar grietas estructurales en las viviendas para evitar el ingreso de fauna, y no manipular bajo ninguna circunstancia animales silvestres, ya que los murciélagos portadores del virus no siempre exhiben conductas erráticas o sintomatología evidente.

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