El desmadre de las combis en Cancún

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Jazmín Ramos | R360

CANCÚN, QRoo.- Anécdotas hay para escoger, algunas salpicadas de humor, otras en las que se estalla en cólera y en el peor escenario, hasta personas muertas: Sí, de eso pasa en el transporte público en la modalidad de combi, las de TTE; esas que heredó Roberto Borge Angulo y se perpetuaron con el gobernador Carlos Joaquín González. Por este medio, más de 20 mil usuarios se desplazan todos los días a sus destinos.

En total hay mil 800 unidades que algunos llaman “el transporte de la muerte”. Los operadores circulan a toda velocidad, no traen identificación, no usan uniforme y de modales, ¡qué va!, algunos rezan toda clase de albures y palabras altisonantes… es el lenguaje cotidiano.

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Viajar en combi pasa de ser una necesidad a una calamidad, es una clase de castigo, aglomeraciones, empujones y desesperación. En una unidad con capacidad de 16 personas los choferes meten hasta 22, es lógico que el entorno se vuelva insostenible.

Las TTE según datos de la Secretaría de Seguridad Pública y Tránsito Municipal, son las que registran el mayor número de accidentes viales; en el 2018 hubo dos mil quinientos percances, con un saldo de mil 134 lesionados y 19 muertos. Las víctimas no tuvieron ninguna posibilidad de salvarse, iban paradas, sin contención alguna; unas quedaron prensadas y otras, con tintes más dramáticos, salieron disparadas.

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TTE MOSAICO
El viacrucis de viajar en una combi de TTE.

Esta es la modalidad del transporte que cubre el 65% de las rutas en el municipio de Benito Júarez; en la parte urbana de Cancún, en las colonias populares, en donde viven los trabajadores, aquellos que hacen posible que se mueva la industria turística; ellos no tienen derecho a un transporte digno, ni seguro, ni de calidad. Todos los días sortean la muerte.

Ahí, se moviliza desde la abuelita que apenas puede subir a la unidad, porque no hay rampas, ni escaleras, ese es el caso de Rita Uriostegui Jiménez, ella es empacadora en una tienda de autoservicio, le toca el turno de la mañana, así  que desde las 6:00 a.m. espera el transporte en la avenida Politécnico, a la altura de la Región 518.

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Rita, tiene problemas en las rodillas, pero no hay de otra tiene que trabajar, la pensión no le alcanza, debe completar el gasto con las propinas que recibe de los clientes y a fuerzas tiene que usar la combi para llegar a su trabajo, ya que el año pasado los microbuses de Maya Caribe que cubrían la ruta, fueron sustituidos por las combis.

Esta mujer de largos cabellos ya pintados por las canas, espera de 15 a 20 minutos el transporte y sube sin ninguna clase de ayuda a la unidad; la puerta se separa de la cinta asfáltica casi un metro. Como puede se trepa y para colmo viene a su máxima capacidad; unas siete personas paradas.

Por suerte un buen samaritano le da el asiento, a ella se le suma la mamá que lleva a su hija a la guardería y contrario a Rita, nadie le cede el asiento; la niña va parada, abrazada de sus piernas, y así se aventaron el trayecto, unos 20 minutos capoteando el vaivén de la combi.

Durante el recorrido, el operador va jugando a las carreritas con sus compañeros de turno, hay arrancones y maniobras que le sacan el susto a más de uno, sobre todo a los que van parados y para colmo se pelea con un taxista que le cierra el paso por la velocidad con la que circula

– “Fíjate, estás ciego o qué”, le grita.

Según un estudio de Movilidad Urbana en México, las combis no se consideran un medio de transporte óptimo, ya que no tienen estabilidad, no cuentan con bolsas de aire, carecen de cinturones de seguridad, los asientos  son corridos, no cuentan con pasamanos y para medio amortiguar el trajín,  improvisaron tubos en la parte superior de la unidad, con los cuales buscan que los pasajeros que van parados se sostengan y eviten la caída.

Pasamanos
Pasamanos para la gente que va parada al interior de la combi.

A la hora de pedir la parada, es otro show, se le tiene que gritar al operador, porque éste va con sus audífonos o hablando por teléfono, prohibido por el reglamento de Tránsito Municipal, pero los agentes son ciegos, sordos y mudos, no se dan cuenta de lo que pasa o si lo hacen, poco les importa.

Entonces comienza la letanía: “Bajan, Bajan, Bajan”, grita una usuaria y el operador no se inmuta se sigue de largo, hasta que el resto de los pasajeros al unísono le recriminan que se detenga y solo entonces atiende y hace la parada.

“Es el colmo, con esto cafres del volante, ya me dejó a una cuadra de la parada, pero como viene escuchado su música, ni caso hace, reprocha Herminia López Manzano, quien se dirige a su trabajo.

Y aún hay más, ya como a eso de las dos de la tarde, cuando el calor arrecia, las combis se convierten en un infierno: solo tienen dos ventanas, el aire no circula y ante el apretujón de gente, lo usuarios comienzan a sudar.

A esa hora las combis se atascan de estudiantes, los que entran y los que salen, ahí se juntan los dos turnos. El alboroto comienza, al final son jóvenes; los temas escolares salen a relucir: el maestro más estricto, el que llega tarde, el compañero más desmadroso y hasta quién anda con quien.

Anécdotas van y vienen y en eso el operador para en la avenida Cobá a la altura del IMSS, ya lo espera un supervisor que le indica los minutos que lo separan del compañero de ruta; el tiempo estimado son 10 minutos por unidad y él solo lleva cinco, todo para acaparar el pasaje y justo ahí viene lo del clásico mexicano: “La mordida” por la ventana, deja caer 20 pesos al checador, quien marca en la bitácora la hora correcta.

Verificadores
Los famosos checadores, que se prestan a la mordida para ajustar los tiempos de recorridos de las combis.

Para cumplir con el itinerario establecido, el chafirete hace base y comienza el embotellamiento, llegan los camiones urbanos y los taxis, una sinfonía de claxons generan contaminación auditiva.

“Muévanse, muévanse”, da la voz de mando, un policía de tránsito para agilizar el tráfico y hasta entonces los operadores retoman la ruta.

Las combis son la modalidad del transporte más popular en Cancún y operan de manera irregular con placas que otorga el Gobierno del Estado, cuando es un servicio municipal, y de acuerdo a la ley es el Ayuntamiento quien tiene la facultad de concesionar el transporte, es decir su operación es violatoria a la autonomía de la comuna, pero desde el ex alcalde Paul Carrillo de Cáceres, ignoran el tema.

Ese es el transporte en que a la población le toca movilizarse, es el terror y se le suman los camiones, los taxis y las mototaxis, ahí comienza la guerra por el pasaje, en la cual cada usuario pierde tres horas diarias para trasladarse a sus respectivos destinos.

Es la rutina de Carlos Ibarra Gómez, quien sale a las 7:00 a.m. de su casa, allá en Tierra Maya, en la Ruta 5 y de ahí a la avenida Tulum, para tomar un  camión que lo lleva a la zona hotelera; en ese lapso de tiempo transcurren casi dos horas, por fortuna ya les tomó la medida y por eso llega a tiempo al reloj checador.

Esa es su única opción y la de todos los que  viven en las colonias populares; la otra es tomar taxi todos los días, cuya tarifa más baja es de 45 pesos, pero no hay bolsillo que aguante, es un lujo que no pueden darse, así que a madrugar.

Las combis llegaron para quedarse. Mientras en otras ciudades las han sacado de circulación por inseguras, en Cancún es el negocio de políticos, amigos de funcionarios, líderes sindicales, empresarios y militantes del Partido Revolucionario Institucional (PRI), esa es la razón por la cual el mandatario Joaquín González las mantiene en circulación: son un buen botín en tiempos electorales y mientras que el pueblo se joda con un servicio en el que diariamente expone su vida.

¡Ah!, pero la cosa cambia en el corredor turístico, allá en los hoteles flanquedos por el agua azul turquesa: solo camiones del servicio urbano, ni pensar que entre una combi a levantar pasaje, sería una vergüenza que los vacacionistas se movilizarán en esas unidades.

Eso daría una pésima imagen para Cancún y qué decir si un visitante perdiera la vida por usar ese tipo de transporte… No, para el área de hoteles lo “mejorcito”, se tiene que cuidar a los turistas, de eso se vive en el Caribe Mexicano.

Mientras tanto, en las colonias populares que circule el transporte que sea y como sea. Las unidades están deterioradas en un 65%, según datos de la extinta Secretaría de Infraestructura y Transporte (Sintra), pero es para la prole, más de 20 mil usuarios, así es que sí mueren algunos en el trayecto, pues tuvieron mala suerte, no representan un impacto en la imagen del destino. Ese, es el transporte que les tocó y ni modo.

Ruta 10, súbale, súbale, hay lugares, va por toda la Andrés Quintana Roo y dobla en la avenida López Portillo, grita el supervisor, mientras la unidad se aleja de la avenida Tulum a la altura de plaza Las Américas, lugar que se improvisó como una terminal del transporte público en Cancún. Atrás queda el caos, el ascenso y descenso de pasajeros, los gritos de los jaladores y el clásico comando de tránsito: “Oríllese a la orilla, oríllese a la orilla”.

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