Un Tribunal Federal de Distrito otorgó una suspensión definitiva que paraliza de forma legal las obras del Tramo 5 del Tren Maya ante el impacto ecológico en el acuífero Sac Actún y la falta de transparencia gubernamental.
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El fallo judicial del Tramo 5 condiciona la infraestructura de la Riviera Maya
La suspensión definitiva paraliza las obras del segmento Cancún-Tulum debido a la falta de estudios técnicos y exige inspecciones inmediatas de la Profepa para proteger el frágil entorno natural de la península.
El fallo judicial, derivado del amparo en revisión 199/2024 promovido por el colectivo Sélvame del Tren, establece que las autoridades ambientales —específicamente la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa)— están obligadas a ejecutar de manera inmediata verificaciones, inspecciones y medidas cautelares estrictas en la zona. La resolución dictamina que cualquier avance de obra en este segmento queda condicionado al cumplimiento riguroso de estudios técnicos e inspecciones previas, determinando que los decretos o autorizaciones provisionales no eximen a las dependencias de la obligación de salvaguardar el entorno natural.
Históricamente, el modelo de desarrollo regional en la península de Yucatán ha oscilado entre la aceleración de la infraestructura turística y la fragilidad de su geografía kárstica. Desde el inicio de las proyecciones del megaproyecto federal, los litigios constitucionales en el tramo norte de Tulum han evidenciado una pugna sistémica: mientras el Ejecutivo Federal tipificó las obras como de seguridad nacional para agilizar los trazos viales, los recursos de amparo se consolidaron como el único freno institucional frente a la fragmentación de la selva y la alteración de los flujos hidrológicos subterráneos.
El Ejército Mexicano opera sin permisos ambientales sobre el acuífero de Tulum
La Sedena avanza en la construcción de una carretera de 16 kilómetros en Tulum sin Manifestaciones de Impacto Ambiental, vulnerando directamente el sistema de ríos subterráneos Sac Actún.
A pesar de las restricciones judiciales, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y el Ejército Mexicano han mantenido un despliegue operativo en la región, extendiendo sus actividades hacia la construcción de un polémico libramiento y carretera de 16 kilómetros en las inmediaciones de Tulum. Reportes de inspección de los colectivos Sélvame del Tren y el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) denuncian que estos trabajos avanzan sin las Manifestaciones de Impacto Ambiental (MIA) correspondientes, irrumpiendo directamente sobre el sistema de ríos subterráneos Sac Actún, considerado uno de los acuíferos más grandes y complejos del planeta.
“Esta carretera es un vector de destrucción masiva. No es para la gente; es una cicatriz de 16 kilómetros abierta en selva virgen con el único propósito de detonar la especulación inmobiliaria, propiciar invasiones y meter el desarrollo urbano desordenado a la fuerza sobre el acuífero”, alertó Pepe Tiburón, representante de Sélvame MX, en declaraciones recogidas por El Financiero.
La dinámica de ocupación territorial por parte de la milicia ha transformado la lógica del desarrollo regional, mutando de un proyecto de conectividad ferroviaria a un dinamizador de especulación inmobiliaria. La remoción de capa vegetal y la perforación del subsuelo para la cimentación de infraestructura vial amenazan con colapsar las bóvedas de los cenotes e inyectar sedimentos y hormigón directamente en la reserva acuífera que abastece a toda la Riviera Maya.
Peritos del INAH denuncian destrucción irreversible de monumentos prehispánicos

Investigadores del INAH iniciaron vías de denuncia legal contra la maquinaria militar por fracturar estructuras mayas catalogadas y vestigios paleontológicos sepultados en la selva de Quintana Roo.
La densificación de la infraestructura no solo compromete el equilibrio ecológico, sino también el patrimonio histórico de la nación. Especialistas e investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han emitido alertas críticas e iniciado vías de denuncia legal ante la destrucción y deformación de monumentos arqueológicos sepultados en la selva de Quintana Roo. El subsuelo de Sac Actún alberga vestigios paleontológicos y asentamientos prehispánicos de incalculable valor que están siendo fracturados por la maquinaria pesada del Ejército.
La celeridad impuesta a los frentes de construcción ha limitado los salvamentos arqueológicos exhaustivos, provocando que estructuras mayas catalogadas sufran afectaciones irreparables. Esta situación ha tensionado la relación entre los peritos del INAH y los ingenieros militares, evidenciando que el esquema de desarrollo regional implementado prioriza la velocidad de entrega de la obra civil sobre la conservación patrimonial, omitiendo los protocolos de prospección profunda que la ley de la materia exige.
El impacto socioeconómico divide a beneficiarios y comunidades locales
El análisis de la infraestructura expone un desequilibrio entre las ganancias comerciales de los desarrolladores inmobiliarios y la contaminación del agua que sufren los habitantes originarios.
La distribución de los efectos del proyecto revela una profunda asimetría entre el crecimiento económico corporativo y la degradación del entorno habitado:
- Fuerzas armadas y consorcios hoteleros: La Sedena y los desarrolladores inmobiliarios de alta gama capitalizan la apertura de vías secundarias y estaciones para detonar la lotificación comercial en un corredor de 57 kilómetros entre Playa del Carmen y Tulum.
- Comunidades originarias afectadas: Los habitantes locales ven amenazado su acceso al agua limpia debido a la contaminación detectada en el 90% de los pozos de monitoreo de la región.
- Pérdida del patrimonio científico: El patrimonio cultural custodiado por el INAH sufre daños estructurales irreversibles que anulan el valor de la investigación arqueológica para las generaciones futuras.

