A 50 años de la operación Cóndor
Calle trece en su canción denominada Latinoamérica tiene una estrofa maravillosa que dice: “la operación cóndor destruyendo mi nido, perdono pero nunca olvido…” Hoy, cincuenta años después de la operación cóndor, la región sigue preguntándose si el intervencionismo estadounidense quedó atrás o simplemente cambió de forma.
Aunque el contexto es distinto, ya no hay dictaduras militares coordinadas ni redes clandestinas de desaparición forzada, la lógica que impulsó aquel sistema represivo continúa presente en este lado del hemisferio. Hoy bajo un discurso de seguridad y de combate al crimen organizado o de contención geopolítica, Estados Unidos nuevamente mantiene una influencia que recuerda en mucho a la arquitectura de la operación cóndor, interviniendo de manera armadamente países para sustraer presidentes en funciones ante la mirada atónita de toda la región.
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De la amenaza comunista al combate al crimen organizado
La operación cóndor se justificó bajo la idea de proteger al continente del comunismo. Hoy sin embargo la justificación ha cambiado. Hoy se habla de narcotráfico, terrorismo, migración irregular, así como de la influencia de China o de Rusia en la región de Latinoamérica.
Sin embargo, el origen es muy claro ya que Estados Unidos sigue defendiendo que todo ello constituye una amenaza regional y a partir de allí, impulsa políticas que moldean la seguridad interna de todos los países en América latina y este patrón se mantiene como un eje de continuidad entre aquel pasado sangriento y el presente en construcción.
Vigilancia tecnológica y la doble moral del intervencionismo moderno
Durante el cóndor la CIA articuló la cooperación entre servicios de inteligencia de las dictaduras y hoy esta cooperación se da con “supuestos acuerdos democráticos”, pero conserva el mismo rango esencial una total asimetría donde las agencias como la DEA, el FBI, la CIA y comando sur operan en la región con acceso privilegiando la información tecnológica y bases de datos sin autorización. Los países latinoamericanos reciben “apoyo” pero también quedan sujetos a una vigilancia que no controlan en su totalidad. Seguimos siendo dependientes de la seguridad tecnológica que se ha transformado en un completo sistema de espionaje y guerra digital para control político.
En el pasado, la operación cóndor moldeó la seguridad de los países del cono sur y hoy Estados Unidos influye militarizando fronteras, generalizando una estrategia contra el crimen organizado, capacitando a las propias fuerzas armadas de todos los países, estableciendo legislaciones y políticas antidrogas calificándolas incluso del terrorismo para poder justificar su acceso militar. Sin embargo, se olvidan de que el mayor consumo se da en esa nación, el mayor lavado de dinero del trafico está en los bancos de ese país y la producción de armas con las que nos matan, se fabrican y se distribuyen desde Estados Unidos. De ese tamaño la doble moral.
En los setenta Estados Unidos monitoreaba el movimiento de los partidos de izquierda a los que tachaba de comunistas y hoy, su vigilancia se dirige a movimientos migratorios, organismos ambientalistas que ponen en riesgo a la industria capitalista, sobre comunidades indígenas en zonas estratégicas de agua por ejemplo, y gobiernos con agendas antiestadounidenses, y la finalidad ya no es tan evidente como antes de reprimir opositores, sino de anticipar riesgos geopolíticos estableciendo una mayor supervisión sobre todo el continente.

Estrategias de desestabilización: Sanciones, USAID y desinformación
En la operación cóndor, Estados Unidos acabó a golpes de estado y dictaduras a los gobiernos de izquierda de América latina pero hoy, lo hace de una forma más sutil pero igualmente violenta a través de sanciones económicas, presiones diplomáticas, apoyo a sectores políticos opuestos a los gobiernos, financiamiento de organizaciones civiles (USAID) y de medios de comunicación con la finalidad de influir en la estabilidad y orientación política de toda la región
En 1970, la operación cóndor no implicó bases militares como en su momento las estableció en Europa, pero sí generó un control regional manteniendo una coordinación militar en Colombia, Perú y parte del caribe, con patrullajes marítimos y aéreos que más de generar seguridad en la zona, son una amenaza constante para todos los países vecinos.
La operación cóndor fue un sistema represivo extremo, imposible tal vez de replicar hoy en día con las democracias actuales. Pero estructuralmente se está replicando hoy en día a través del intervencionismo exacerbado del último año. La forma es diferente pero el propósito es el mismo.
Soberanía regional frente a la agenda político-mediática
Por ello es muy importante saber qué noticias consumimos y a quien le creemos, porque hoy más que nunca las redes sociales y los medios antigubernamentales, partidos políticos conservadores y algunas asociaciones civiles llevan una agenda marcada y financiada por Trump, y allí es donde todos aquellos que en verdad nos consideramos mexicanos, debemos unirnos para defender nuestra libertad y nuestra soberanía.
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