MOROCOY, QR.– Una comunidad de más de mil habitantes, clave para el turismo arqueológico del sur de Quintana Roo, se encuentra hoy desprotegida y a merced de la delincuencia. Carlos Poot Mis, delegado de Morocoy, lanzó un enérgico llamado de auxilio ante el abandono institucional en materia de seguridad y salud que sufren los pobladores, quienes aseguran que los fines de semana quedan “a la bendición de Dios”.
La crisis de seguridad se agudizó hace meses cuando, sin previo aviso ni explicación, las autoridades retiraron la partida policial de la comunidad, dejando únicamente una antena de radiocomunicación inservible. Desde marzo pasado, el delegado envió una solicitud formal a la gobernadora Mara Lezama y al ayuntamiento de Othón P. Blanco exigiendo el retorno de los elementos, pero la petición ha sido ignorada.}
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Ante el silencio oficial, los propios habitantes se organizaron para limpiar y pintar las antiguas instalaciones policiales, con la esperanza de agilizar el regreso de los uniformados.
“A la gobernadora queremos decirle que estamos esperando de regreso la partida policial y ya están listas las oficinas para albergarla de nuevo; solo es un recordatorio para que atienda la solicitud”, reiteró Poot Mis.
Robos alcanzan al sector agrícola
El retiro de las fuerzas del orden desató una ola de robos y el incremento de pandillas en la localidad. La situación ha escalado a tal grado que los delincuentes ya hurtan de forma constante la producción local de limón, afectando directamente el sustento de las familias que dependen de la agricultura.
A este panorama se suma el desmantelamiento del sistema de salud local. El dispensario médico de Morocoy solo opera de lunes a viernes con un médico general y padece un severo desabasto de medicamentos y equipamiento. Las emergencias durante el fin de semana o los casos graves obligan a los pobladores a trasladarse a Nicolás Bravo (a 27 kilómetros) o hasta Chetumal (a 72 kilómetros).
Esta problemática se cruza directamente con la falta de seguridad, ya que la patrulla retirada solía utilizarse como ambulancia improvisada para trasladar a los enfermos en estado crítico.

Contraste entre el apoyo funerario y el conflicto del INAH
Dentro de las carencias, el delegado reconoció que el Ayuntamiento de Othón P. Blanco brinda apoyo a través de la Funeraria Municipal con la donación de ataúdes y la gestión de trámites en caso de fallecimientos, evitando que los deudos viajen a la capital.
Morocoy no es una comunidad menor; su relevancia económica radica en albergar las zonas arqueológicas de Dzibanché y Kinichná. Sin embargo, este potencial turístico se encuentra actualmente frenado debido a un litigio ejidal con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), derivado del incumplimiento en el pago de indemnizaciones a los comuneros, sumando otra raya al abandono que vive la región.

