A lo largo de los años y con la salida de las múltiples generaciones de consolas de juegos, hemos podido apreciar cómo la industria de los videojuegos se ha reinventado en innumerables ocasiones, dando con esto nuevas experiencias a los jugadores.

Desde que la NES llegó a los hogares de las personas, hasta la PlayStation 5 y la Xbox Series X y S salieran el año pasado, numerosos títulos han dejado una huella en la historia de los videojuegos.

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Sin embargo, en algunas ocasiones varias casas productoras han decidido traer algunos juegos a tiempos más actuales para “revivir viejas glorias”, de esta manera, muchas personas puedan jugarlos de nuevo y otras cuantas, probarlos por primera vez.

Aquí es donde entran los remakes, remasters y ports, los cuales proporcionan una nueva oportunidad para estos títulos. Pero a pesar de esto, al ver la cantidad que aumenta cada año es necesario preguntarse, ¿realmente los necesitamos?

¿De qué estamos hablando exactamente?

Antes que nada, es necesario dejar en claro qué es lo que conocemos por estos términos: un port es básicamente el adaptar un videojuego, rediseñando el software y de esta manera pueda ejecutarse en otra plataforma.

En este caso los cambios son muy pequeños y se centran en adaptar la jugabilidad conforme a dónde se juegue. Este el caso común de los juegos que comparten una misma generación, un ejemplo: el Rocket League, el cual salió originalmente para PC y PS4 en 2014, pero con el tiempo fue adaptándose a la Xbox One y más recientemente a Nintendo Switch.

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Rocket League es de los pocos juegos disponibles que permite jugar entre plataformas (Cortesía: Viaxsports)

Por otro lado, tenemos a los remasters, siendo algo confusos debido a su similitud con los ports. En este caso, a pesar de usar el mismo código fuente, busca darle un lavado de cara a un juego mejorando la calidad gráfica de las texturas; la tasa de cuadros por segundos —o Framerate—; y una optimización para que pueda ser ejecutada sin problemas en otras plataformas.

En algunos casos suelen incluir una mejora en la banda sonora o algún contenido adicional. Podemos encontrar juegos como The Legend of Zelda: The Wind Waker HD, Dark Souls Remastered o Persona 4 Golden Edition; juegos que pertenecían a generaciones anteriores y ahora son perfectamente jugables en sistemas más modernos.

Remakes Remasters Ports
Persona 4 Golden en PC rompió récord de ventas, superando con creces a su salida original para PSVITA

Al final tenemos a los remakes, versiones de un juego que son creadas prácticamente desde cero, con un nuevo código fuente, mejoras gráficas muy superiores a las de un remaster, e incluso algún cambio en la jugabilidad o historia.

Con esto se busca dar un “soplo de aire fresco” a un titulo, pero manteniendo su esencia lo más original posible. Esta suele ser la opción que toman algunas desarrolladoras para traer de vuelta a grandes franquicias, como es el caso de Final Fantasy VII, Xenoblade Chronicles Deluxe Edition o Resident Evil 2, siendo lanzados hace muy poco para la última generación de consolas.

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Final Fantasy VII ha sido un remake aclamado por la crítica debido a sus mejoras. (Cortesía: Twininfinite)

Juegos “viejos” en tiempos actuales

Al partir de esto, es necesario acotar que esto no es algo nuevo, es más, viene desde el nacimiento de la propia Atari 2600 cuando hizo algunos “remakes” de juegos como Space Invaders  o Gun fight —que eran exclusivamente de consolas de Arcade—.

Podemos entonces enumerar una larga lista de títulos que han recibido este tratamiento especial para que puedan ser jugados por nuevas generaciones de jugadores y no mueran en el olvido. Pero esto mismo que puede lucir como una ventaja, al mismo tiempo puede estar jugando en contra de la preservación del videojuego, e incluso hacia los propios consumidores.

Si bien es cierto que estos “lavados de cara” que les hacen a sagas de videojuegos como la Pokémon o Spyro terminan siendo hechos debido a que el público al que se dirigen tiende a ser el mismo que lo había jugado años atrás, pero a su vez, llamar la atención a un público nuevo que haya escuchado de él, pero no lo haya probado.

El factor de la nostalgia en los juegos

He aquí donde el factor nostalgia queda reflejado en muchas ocasiones y termina siendo explotado para conseguir aumentar las ventas. Aun así, es posible ver cómo este rango de “antigüedad” se ha venido acortando ya que juegos como Xenoblade Chronicles o Demon’s Souls tienen poco más de 10 años de haber salido al mercado, y que en comparación con juegos como Resident Evil 3 o Crash Bandicoot, se han mantenido mejor con el tiempo.

Por otro lado, tenemos un gran problema relacionado con la preservación del videojuego, primeramente, debido a que con el auge de las nuevas tecnologías y la innovación constante que existe en esta industria, poco a poco se va dejando atrás consolas de generaciones anteriores, y con ellas también quedarían estancados miles de juegos. Y he aquí donde radica la cuestión, los remakes o los remasters prestan esta ayuda a los títulos más destacados para seguir con vida en los tiempos más actuales, recibiendo mejoras que pueden hacer la experiencia más disfrutable normalmente.

Sin embargo, aunque sea beneficioso, puede generar que con el tiempo el título original caiga lentamente en el olvido y sea suplantado por su adaptación en un futuro.

Exceso de remakes en el mercado de juegos

Ahora bien, es necesario también tomar en cuenta un punto importante, y es que estas versiones mejoradas de los juegos han seguido saliendo de una manera mucho más rápida a lo que estábamos acostumbrados años atrás.

Este último año hemos visto como la saga Kingdom Hearts recibió remasters y ports para ordenadores, e incluso como Nintendo ha venido trabajando en los remakes de Pokémon y The Legend of Zelda de una manera continua y silenciosa para sus nuevas consolas.

Pero un caso más reciente y que despierta a la pregunta planteada es lo sucedido con The Last of Us, una bilogía que salió para PlayStation 3 en 2013, recibió un remaster para PlayStation 4 en 2014, y recientemente en 2020 salió The Last of Us Part II.

Según lo publicado hace algunas semanas en el portal de Bloomberg se dio a conocer que Naughty Dog —su respectiva desarrolladora— se encuentra desarrollando un remake de la primera entrega para la PlayStation 5, y que, según lo planteado en el artículo, es realizado en busca de conseguir generar más ganancias con esta saga.

The Last of Us Remake
Según lo planteado por Bloomberg, este remake se encuentra en desarrollo; se desconoce su fecha de salida. (Cortesía: Collider)

Tomando todo esto en cuenta, estas versiones mejoradas de los videojuegos pueden generar dudas sobre qué tan beneficioso puede resultar para la comunidad de jugadores alrededor del mundo.

Si bien es cierto que con la salida de estos títulos con una versión más actual permite que más personas puedan disfrutarlos y mantener “vivas” algunas joyas que salieron años atrás, pueden terminar siendo perjudiciales si comienzan a ser tan comunes, y a su vez, las empresas abusen de éstas para su propio beneficio.

Remakes no son malos para los juegos

Con esto dicho no quiero decir que los remakes sean malos, pero tampoco son la solución perfecta para evitar la “desaparición” para algunos títulos.

El realizar un remake o un remaster debe recaer en la importancia que tenga éste para la industria y la relevancia que tenga para la comunidad de jugadores.

No todas las solicitudes de los fans pueden ser aceptadas, porque de ser así, el catálogo de nuevos juegos disponibles sería igual a la cantidad de nuevos remakes y remasters. Sin embargo, soluciones como la planteada por Xbox en la Series X y S al tener retrocompatibilidad con juegos originales de la primera consola de la compañía, u opciones como la ofrecida por Halo 2 que permitía alternar entre la versión original y la mejorada,  terminan siendo opciones viables para mantener casi intactos a estos videojuegos y se les dé su debido reconocimiento.

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Ahora bien, que esto sea aplicado o no es cosa que se verá con el tiempo, requiere de prueba y error por parte de algún estudio o compañía que desee asumir el riesgo, pero también dependerá de las exigencias de la comunidad para mantener vivo el legado de los videojuegos.

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