Roberto Ek Mis mantiene un legado ancestral imposible de industrializar
CHETUMAL, QR.- Don Roberto Ek Mis se dedica a urdir y reparar hamacas desde los ocho años, gracias al legado de su madre. Originario de Yucatán, cuenta con 67 años y esta actividad le ha servido para sacar adelante a su familia. Asegura que, más que un objeto utilizado para dormir o descansar, se trata de una artesanía de origen maya que las máquinas no han podido elaborar debido a su alta complejidad.
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Para Don Roberto, la fabricación de hamacas no es un simple oficio, sino un arte que requiere paciencia, gusto, emoción y habilidad. Desde hace casi 50 años practica y perfecciona esta técnica, manteniéndose orgulloso de transmitir la tradición a su hija y a su nieto para asegurar que el legado familiar y cultural continúe.
Técnica tradicional frente a la producción industrial
Parte del valor fundamental de las hamacas radica en que no han podido fabricarse de manera industrializada. “No hay ninguna máquina que fabrique hamacas, eso no existe, al menos en mis años dedicado a esta actividad no he visto o sabido de alguna; hay quienes tratan de imitar, pero con la calidad y técnicas ancestrales, ninguna”, resaltó con firmeza.

Aunque trabaja principalmente bajo pedido, todos los días se coloca a urdir o reparar en la esquina de la avenida Corozal con Insurgentes, a las afueras de la Sección 25 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) en Chetumal. En ese sitio, donde ha permanecido durante 16 años, amarra una hamaca entre dos árboles para trabajar y promocionar su labor.
Sustento, salud y origen del arte del urdido
El trabajo artesanal implica un esfuerzo continuo de al menos tres semanas por pieza. Además de este oficio, Don Roberto complementa sus ingresos con la reparación de electrodomésticos como lavadoras, televisores, ventiladores, licuadoras y refrigeradores, conocimientos que aplica para garantizar el sustento de su hogar.

Agradecido con la vida por gozar de buena salud y mantenerse libre de deudas, asegura que continuará laborando mientras se lo permitan. La hamaca, cuyo nombre proviene del árbol precolombino hamack, evolucionó desde sus primeras fibras de corteza hacia el sisal, henequén, algodón y nylon, consolidándose como una joya artesanal viva en el Sureste mexicano.

