CHETUMAL, QR.- Desde hace cinco décadas, Pedro Domínguez de los Santos “El Frijolito” ofrece sus conocimientos sobre plantas medicinales en los pasillos del Mercado Viejo, convirtiéndose en un pilar de salud para miles de chetumaleños.
Una vida dedicada a la medicina tradicional
Este carismático comerciante pasa sus días en una esquina del Mercado Ignacio Manuel Altamirano. Su labor diaria va más allá de la venta, pues se ha convertido en una pieza fundamental para las personas que confían ciegamente en la herbolaria.
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Para brindar una atención segura y certera, don Pedro ha tenido que estudiar decenas de libros especializados. Entre sus textos de cabecera destaca el Ener Green, un catálogo de productos naturales publicado por la Universidad Autónoma de Chapingo que detalla las aplicaciones correctas de cada planta.
Garantía y variedad en productos naturales
Su exhaustiva preparación le permite identificar plenamente cada especie para garantizar la calidad a sus clientes. En su puesto se comercializan productos 100 por ciento naturales a granel, tales como hojas, raíces y plantas sin procesar, así como ungüentos y cápsulas elaboradas.
Entre los remedios con mayor demanda destacan la flor de tila, el toronjil, la flor de manita, el cardo mariano y el diente de león. Asimismo, la cola de caballo (o “limpia plata”) es muy solicitada por sus propiedades para limpiar la sangre y corregir afecciones en los riñones y el sistema urinario.
Responsabilidad y dosificación en la herbolaria
Gracias a su facilidad de palabra, “El Frijolito” promueve la utilidad de la medicina tradicional, una práctica ancestral en la que algunos aún no creen. Sin embargo, recalca que al tratarse de temas de salud es indispensable cumplir estrictamente con las dosis recomendadas para ver resultados.
Como ejemplo, señala el uso del gordolobo para fortalecer los pulmones, el cual puede combinarse con miel, ajo o eucalipto. No obstante, advierte que se deben cuidar las cantidades y evitar consumirlo frío cuando se atienden padecimientos de las vías respiratorias.
Don Pedro subraya la importancia de personalizar las indicaciones de consumo, ya que las dosis varían de acuerdo con la edad del paciente, diferenciando con precisión los tratamientos para niños, adultos y personas de la tercera edad.
Vocación de servicio y sustento familiar
Consciente del impacto de sus recomendaciones, el comerciante realiza un seguimiento continuo con sus clientes para conocer la evolución de su salud. Además, su historia de vida como huérfano de padre y madre ha forjado en él una profunda sensibilidad social.
Esta calidad humana lo lleva a fiar o regalar insumos a quienes más lo necesitan y no cuentan con recursos inmediatos. Bajo la promesa de “me lo pagas cuando puedas”, asegura que la gente siempre regresa a saldar su deuda y a buscar más remedios.
Para mantener surtido su espacio durante 50 años, ha consolidado redes de distribución con proveedores de Tabasco, Oaxaca, Mérida y la Ciudad de México. Esta noble labor ha sido el sustento principal de su economía familiar a lo largo del tiempo.

Esfuerzo constante en el Mercado Viejo
A pesar de los altibajos económicos del comercio, don Pedro siempre ha estado dispuesto a complementar sus ingresos con empleos adicionales. A lo largo de los años se ha desempeñado también como taxista, bolero y limpiador de pisos para salir adelante junto a los suyos.
El herbolario recuerda con nostalgia las épocas de auge de la “fayuca” en Chetumal, cuando las ventas en el Mercado Viejo fluían con rapidez. Hoy en día, asegura que su mayor satisfacción es contar con la bendición de Dios para seguir ayudando a la salud de la comunidad.
“Es importante hacer caso a las indicaciones, porque las dosis son de acuerdo a las personas, es decir, adultos, niños, o personas de la tercera edad o que pudieran tener otro problema”, apuntó Pedro Domínguez, con 50 años de experiencia en la herbolaria de Chetumal.

