La Casa Real confirma el fallecimiento de la princesa Astrid a los 94 años este viernes 11 de septiembre, apenas dos semanas después de la muerte de su hermano, el rey Harald V, marcando el cierre definitivo de su era dinástica.
El nuevo monarca, el rey Haakon VIII, ordenó de inmediato izar las banderas a media asta en el Palacio Real tanto este viernes como durante la jornada del funeral oficial. La pérdida sacude a la institución escandinava en un momento de plena transición de poder, situando el foco en la estabilidad del linaje reinante frente a un cambio generacional irreversible.
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Fin de una generación en la monarquía escandinava
La partida de la princesa Astrid extingue a la última representante de su generación real y traslada la continuidad institucional íntegra hacia los herederos jóvenes de la corona nórdica.
El deceso de Astrid ocurre quince días después de la muerte del rey Harald V, quien recibió sepultura solemne en la fortaleza de Akershus el 9 de septiembre tras permanecer tres décadas al frente del trono noruego. La desaparición de ambas figuras en un intervalo de catorce días exige una reestructuración operativa de los roles protocolares en la corte de Oslo.
Los descendientes directos de la princesa publicaron una declaración conjunta para honrar su legado humano e institucional:
- Catherine Ferner: Acompañó la labor representativa de su madre en actos de perfil público.
- Benedikte Ferner: Respaldó la gestión de los compromisos privados y la memoria familiar.
- Alexander Ferner: Sostuvo la presencia filial durante las ceremonias oficiales del reino.
- Elisabeth Ferner: Mantuvo el vínculo con las causas comunitarias de la princesa.
- Carl-Christian Ferner: Participó en la preservación del patrimonio dinástico y comercial.
En su misiva, los cinco hijos expresaron gratitud por su calidez, sabiduría y entereza:
“Querida madre, querida princesa Astrid: Gracias por ser la mejor madre que pudimos tener. A lo largo de tu vida, estuviste ahí para nosotros con amor y sabiduría, calidez y buen humor. Estuviste presente para el abuelo, el rey Olav, y el tío, el rey Harald, siempre presente, leal y dedicada. Y además, para aquellos que necesitaban un poco más de atención, siempre mostraste un cariño sincero. Gracias por todos los buenos recuerdos. Siempre tendrás un lugar especial en nuestros corazones.”
El homenaje del rey Haakon VIII ante la pérdida dinástica

El monarca Haakon VIII emitió una carta institucional donde reconoce la trascendencia de la princesa Astrid como pilar estratégico de cohesión interna para la monarquía noruega.
El texto del rey aborda el vacío dejado por su tía dentro de la estructura cortesana, ponderando su franqueza característica:
“A lo largo de su dilatada vida, la princesa Astrid representó a la Casa Real con calidez y dedicación. A los 22 años, tuvo que asumir el papel de Primera Dama tras el fallecimiento de mi abuela, la princesa heredera Marta. En su labor, la princesa Astrid siempre mostró especial interés por el cuidado y la inclusión de los más vulnerables de la sociedad. Fue muy leal y siempre desempeñó sus funciones con compromiso, presencia y un espíritu contagioso. La tía Astrid fue un gran apoyo para el rey Harald y para el resto de la familia. Aprendimos mucho de ella y nunca tuvo miedo de expresar su opinión. Su fallecimiento es una gran pérdida para nosotros. La echaremos mucho de menos. Mi familia y yo enviamos nuestras más sentidas condolencias a los amigos más cercanos de la tía Astrid.”
La noticia impacta en una etapa institucional compleja: la reina consorte Mette-Marit enfrenta oscilaciones de salud derivadas de su trasplante de pulmón, mientras el entorno cortesano asimila las repercusiones jurídicas tras la condena judicial por violación impuesta a Marius Borg.
Trayectoria institucional y vida personal de la princesa Astrid
Nacida en 1932, Astrid asumió responsabilidades de Estado tempranas que redefinieron el rol diplomático y benéfico femenino dentro de la corte nórdica durante más de dos décadas.
Hija intermedia del rey Olav V y de la princesa heredera Marta, debió tomar las funciones de Primera Dama con solo 22 años ante la muerte prematura de su madre. La princesa asumió la representación oficial de la corona en actos diplomáticos, recepciones de Estado y patronatos sociales enfocados en la atención de los sectores desfavorecidos.
La faceta personal de la princesa estuvo definida por decisiones que desafiaron los estándares de la época:
- Enlace matrimonial controvertido: Contrajo nupcias con el medallista olímpico Johan Martin Ferner, unión resistida por sectores monárquicos tradicionales debido al divorcio previo de Ferner.
- Intervención del obispado: Ante la negativa del clero próximo a la corte para consagrar el enlace, el obispo de Nidaros celebró la boda bajo petición directa del rey Olav V.
- Vínculo comercial: Johan Martin Ferner formó parte de la firma de sastrería Ferner Jacobsen, negocio que sus descendientes dirigen actualmente y que dedicó tributos públicos a la princesa tras su partida.
- Vida en solitario: Tras la muerte de Ferner en 2015, Astrid redujo sus apariciones públicas sin abandonar su respaldo protocolar a Harald V.

