Telefónica Movistar concreta su salida de México tras vender su operación a Melisa Acquisition, LLC por 450 millones de dólares, una decisión impulsada por los elevados costos del espectro radioeléctrico, la baja rentabilidad frente a competidores dominantes y la reorientación de capital hacia sus mercados estratégicos en Brasil y Europa.
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Factores determinantes en el cierre de operaciones de Telefónica
La sostenibilidad financiera de una red móvil en territorio mexicano demanda inversiones masivas, donde el costo del espectro radioeléctrico se posiciona como la principal barrera económica. Este recurso, constituido por frecuencias invisibles de ondas electromagnéticas, funciona como la infraestructura crítica para la transmisión de datos, voz y señales 4G o 5G. Al ser un bien limitado y de dominio público, su arrendamiento al Estado representa un gasto fijo que dejó de ser rentable para la compañía española.
Ante este escenario, la firma optó por devolver las frecuencias asignadas para mitigar pérdidas, modificando drásticamente su estrategia comercial. Mientras operadores como Telcel y AT&T mantenían fuertes inversiones en infraestructura propia, el mercado mexicano experimentó la llegada de nuevos jugadores con ofertas agresivas de bajo costo, lo que aceleró la erosión de la base de clientes de Movistar.
Concentración de mercado y desafíos competitivos
El ecosistema de telecomunicaciones en México presenta una estructura de alta concentración que dificultó el crecimiento de la operadora. Con una participación de mercado estancada en el 6%, la capacidad de maniobra para competir por usuarios de alto valor se vio reducida significativamente.
Esta falta de escala crítica motivó un plan de desinversión regional en Latinoamérica. La empresa priorizó la estabilidad financiera global, abandonando un entorno donde la rivalidad tarifaria y los costos regulatorios hacían inviable el mantenimiento del despliegue técnico necesario para sostener una red competitiva de última generación.
Continuidad del servicio y transición para los clientes
La salida de la marca no implica la interrupción de las comunicaciones para los más de 20 millones de usuarios actuales. Tanto las líneas de prepago como los planes de pospago conservarán su funcionamiento habitual, sin afectaciones inmediatas en saldos, beneficios contratados o números telefónicos. La gestión del servicio pasará a manos de la nueva administración tras la venta del 100% de las acciones de Pegaso PCS y Celular de Telefonía.
- Sin cambios de red: Los usuarios mantienen su conectividad actual bajo la infraestructura pactada.
- Integridad de datos: La transición de la base de clientes se realizará de forma transparente para el consumidor final.
- Estatus legal: La transacción se encuentra actualmente en proceso de validación por parte del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT).
Hasta que los organismos regulatorios emitan la resolución final, la operación se mantendrá bajo la identidad visual de Movistar, asegurando una transición ordenada hacia el nuevo operador encargado de administrar el tráfico de voz y datos en el país.

