Claves de la noticia:
- Impacto del nado con delfines: El activista Juan Manuel Rico exhorta a evitar esta práctica por afectar gravemente el bienestar de los cetáceos.
- Salud animal comprometida: Se señala el uso de antidepresivos y antibióticos en la dieta de los ejemplares para mantener las rutinas.
- Riesgo sanitario: Advierten sobre la posible transmisión de enfermedades de delfines a humanos durante la interacción directa.
KANTUNILKÍN, QR. – La industria del entretenimiento marino en Quintana Roo enfrenta un nuevo cuestionamiento ético. El reconocido ambientalista de la isla de Holbox, Juan Manuel Rico Santana, lanzó un contundente exhorto a la ciudadanía para detener la participación en actividades de interacción con cetáceos, calificando estas prácticas como un atentado contra el bienestar de una de las especies más inteligentes del océano.
Rico Santana contrastó la naturaleza biológica de estos animales con la realidad de los estanques. Mientras que en libertad un delfín puede recorrer hasta 150 kilómetros diarios, en los delfinarios se ven reducidos a espacios minúsculos que anulan su comportamiento social y físico.
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El hambre como método de control en el nado con delfines
Uno de los puntos más críticos de la denuncia radica en los métodos de entrenamiento utilizados para garantizar el espectáculo. Según el ambientalista, los ejemplares permanecen en un estado de hambre constante, ya que la ingesta de alimento está estrictamente condicionada a la ejecución de trucos para los turistas.
“Cuando los ejemplares se niegan a cumplir con estas actividades, son sancionados con la privación de alimento”, afirmó Rico Santana, evidenciando un sistema de coerción que dista de la imagen de “armonía” que venden las empresas.

Fármacos y riesgos ocultos
La denuncia sube de tono al mencionar el estado de salud mental de los animales. El activista señaló que, para soportar el estrés del encierro y las rutinas extenuantes, la comida suministrada suele contener antidepresivos y antibióticos. Este manejo farmacológico busca mantener a los animales operativos para la industria, ocultando el deterioro que sufren.
Asimismo, Rico Santana advirtió que la industria omite informar a los usuarios sobre los riesgos de salud pública, pues el contacto estrecho puede derivar en la transmisión de enfermedades, un peligro latente que rara vez se menciona en la publicidad.
Un llamado a la educación y el boicot
Finalmente, el activista subrayó que la solución no reside únicamente en las regulaciones, sino en el poder de decisión del consumidor. Para el ambientalista, la educación es la herramienta principal para quebrar la cadena de explotación.
“Las únicas personas que pueden detener esta práctica son ustedes, evitando apoyar el cautiverio. No compren boletos y fomenten la educación entre familiares, amigos y la comunidad en general”, concluyó.

