El asesinato de un policía turístico en la Quinta Avenida de Playa del Carmen, el sábado por la noche, y las respuestas de la alcaldesa y del secretario de Seguridad Pública, dejan ver la misma receta discursiva que se aplicó con Carlos Joaquín para responder al crimen organizado al inicio de su gobierno.

Del lado de la Presidente Municipal, Lili Campos, un tuit el sábado por la noche de condena del hecho, de solidaridad con los familiares del elemento asesinado y la advertencia de que el acto no quedará impune y la promesa, riesgosa, de que se hará justicia.

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Los elementos del discurso contra el crimen

Condena, solidaridad y advertencia, tres elementos del discurso que buscan que la sociedad solidarense crea que la nueva administración tendrá otro comportamiento contra la delincuencia organizada más la promesa de justicia.

Del lado del reciente jefe policíaco, Raúl Tassinari González, un tuit el mismo sábado que califica como cobarde la respuesta de la delincuencia ante el trabajo que está realizando la nueva administración para tener un municipio más seguro.

Los asesores de Tassinari González buscan afanosamente construir mediante el discurso la creencia de que en nueve días, marcados desde la madrugada del 1 de octubre cuando Lili Campos lo presentó como titular de Seguridad Pública municipal, a la noche del 9 de octubre, cuando ocurre el asesinato del elemento, se ha hecho un trabajo eficaz que ha inquietado a los cárteles de la droga, pero nada más alejado de la realidad.

La misma receta discursiva contra el crimen

La receta discursiva ya la hemos visto antes, en los inicios del gobierno de Carlos Joaquín. La administración del gobernador también tuvo el mismo comportamiento de condenar hechos de alto impacto, solidarizarse con las familias de los elementos caídos y mostrar promesas con mano dura hasta hoy incumplidas.

Y del lado de sus secretarios de Seguridad Pública, sobre todo con Alberto Capella Ibarra, argumentar que los asesinatos de sus elementos, sobre todo de jefes policíacos, uno de ellos ampliamente difundido por un video previo en el que se le veía vivo, eran el resultado del trabajo realizado.

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El discurso no es un fenómeno de las coincidencias entre un gobernante y sus colaboradores en materia de seguridad. Se fabrica desde los sótanos de los asesores, quienes los construyen siguiendo ejemplos de otros gobiernos, o bien, desde la creencia de que con eso modificarán la opinión pública a favor del gobernante al que sirven.

Los asesores, que se manejan con discreción en la marea burocrática, se mueven en las tinieblas de la ambigüedad legal, con total opacidad de su trabajo, y de los organigramas que tratan de transparentar la función pública.

Así ha sido el caso de Felipe Ornelas, que unos lo vinculan con el Grupo Tepito de Juan de la Luz Enríquez Kanfachi, y otros, con una vieja amistad con Carlos Joaquín incluso desde antes de que el actual mandatario fuera alcalde de Solidaridad.

Lo cierto es que desde que Felipe fue removido de la Coordinación General de Comunicación Social, en el primer año de gobierno de Carlos Joaquín, su paso por la administración joaquinista ha sido en el oscuro andador de la asesoría.

Ahora repite en Solidaridad, exportado del malogrado Gobierno del Cambio, en ese mismo oscuro andador, y desde el que se crea o aprueba la línea discursiva tan necesaria para modificar la opinión pública.

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Pero seguir la misma receta discursiva, ante una sociedad más avispada y más crítica como la solidarense, va por el mismo camino que la que ha tenido el gobierno del ya con un pie afuera gobernador Carlos Joaquín: La confirmación de que el gobierno miente en hechos tan graves en el que se relaciona al crimen organizado con el asesinato de los policías.

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