Memorias de Mario Villanueva Madrid del sistema carcelario

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David Acosta | R360

CHETUMAL, QRoo.- Esto inicia en La Palma, en Almoloya de Juárez, Estado de México, en un área de castigo. Era un lugar muy frío; solo tenía pantalón, camisa, ropa interior y una cobija partida en dos, una parte era para cubrir la cama de cemento y otra para taparse, fueron más de seis años el tormento.

Como consecuencia de la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica, conocida como EPOC, el ex gobernador Mario Villanueva Madrid, solo cuenta con una capacidad respiratoria del 47 por ciento. En entrevista exclusiva para R360 contó cómo se gestó este grave padecimiento, que hoy en día lo tiene con un tratamiento a base de cortisona, broncodilatadores y oxígeno.

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Recuerda paso a paso, como si se tratara de una filmación, todo lo que padeció en el penal ubicado en el Estado de México, desde que ingresó a fines de mayo del 2001. Se le nota sereno al momento de contar estas vivencias; su voz delata su insuficiencia respiratoria.

Su vasta experiencia en lectura y redacción se nota al hablar. Comenzó a narrar como si se tratara de un libro: “Esto inicia en Almoloya”. Se sigue de largo y agrega: Ahí fue donde empezó todo, el penal es de máxima seguridad.

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A él lo tuvieron en un área de castigo durante un año, en un espacio frío.

“Había la consigna de tratarme mal. Solo tenía mi uniforme, pantalón, camisa, la ropa interior y dos cobijas, era una partida a la mitad, una para tenderse en la cama de cemento y otra para taparse; es un lugar sumamente frio”.

Al llegar –recuerda-  me dio un “enfriamiento” que no fue atendido, que avanzó a gripe y luego a un problema asmático. Mueve su mano derecha para remarcar sus dichos y recuerda que antes de ser detenido, incluso durante su gobierno, practicaba mucho deporte. “Yo llegué bien”, asegura.

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“Desgraciadamente no me atendían, no me daban medicina, hubo un momento en el que sentado en la celda veía el techo y decía: Cuando tú digas señor”. Hace una pausa, sonríe y expresa: “Pero yo no quiero, siempre he sido muy necio, no me quiero morir”.

No todo fue completamente malo en “La Palma”, pues conoció un cardiólogo que decidió por voluntad propia ayudarlo, aunque no fue lo suficiente por la propia situación que imperaba en el penal.

Incluso cuenta que estuvo a punto de morir en una ocasión durante un fuerte incendio que se registró a un costado de su celda, el humo invadió todo el penal y la infraestructura de la cárcel federal lo hicieron aún más peligroso al estar prácticamente sellada, al ser de máxima seguridad.

“Curiosamente sacaron a todos los internos y era un pasillo de varias celdas, a mí me salva un interno porque los custodios sacaron a los demás y a mí me dejaron ahí”, recuerda.

Respira profundamente y dice: “Este preso no se me olvida, se apellida Donat, no me olvido porque de pronto me habló: Don Mario, vámonos, y como pudimos abrimos la puerta, no se veía nada, salí gateando; estaba yo tirado en el suelo con un trapo húmedo en la nariz”.

Dice que el humo era denso, pues lo que se quemó fueron materiales plásticos tóxicos. “Me fui hasta llegar a una reja donde me quedé otro rato, hasta que abrieron la puerta del patio y pude salir”.

El incidente fue el que agravó aún más su salud, pues asegura que desde entonces se complicó más su padecimiento. “Eso me quemó totalmente los pulmones”.

El maltrato a su salud continuó durante su estancia en Almoloya de Juárez y se prolongó por seis años y 26 días, fue increíblemente malo, dijo.

Sus esperanzas nunca se perdieron, incluso a él mismo le causó sorpresa que el 20 de junio de 2007, a las 07:00 horas, recibiera una llamada del juzgado que llevaba su caso para notificarle su libertad. “Había escrito dos libros con una relatoría de hechos, pensé que ahí me quedaría de por vida”.

Sin embargo, en el área médica, pese a sus graves condiciones de salud, fue obligado a firmar un acta en la que declaraba que salía en “completo” estado de salud, lo cual finalmente hizo. Las cosas no salieron bien, al salir del penal fue reaprehendido y además con una orden de extradición  a Estados Unidos.

Aunque sentía impotencia, lejos de molestarse exclamó: “Ay, Dios mío, pensé; donde sea menos seguir aquí”.

Por fortuna –comenta- lo llevaron al Reclusorio Norte de la Ciudad de México, también a un área de aislamiento, el sitio era totalmente distinto, aunque continuó el problema de su salud; sus  pulmones se fueron agravando, y le inició un padecimiento artrítico.

Cuando lo extraditaron a Estados Unidos, las condiciones fueron muy diferentes, solo el clima no fue benéfico, además del aire acondicionado del penal, pero se preocupan las autoridades, dice. “El día que llegué iba enfermo, la juez suspendió el proceso y me mandaron a una clínica; estuve 50 días en tratamiento”.

Sin embargo de todas maneras su salud empeoró y los últimos dos años los pasó en una cárcel hospital en Lexington, Kentucky, en Estados Unidos.

A su regreso de Estados Unidos estuvo en el Centro Federal de Rehabilitación Psicosocial (Ceferepsi), del estado de Morelos, y de nuevo en el Reclusorio Norte; sus condiciones de salud se fueron deteriorando.

En Quintana Roo, desde su llegada en junio de 2018, su salud no ha mejorado, es delicada. Para sobrellevar los tratamientos ha tenido que aprender sobre el padecimiento. “Bueno, ya me volví hasta técnico; bronquios, bronquiolos, y alvéolos que son los que purifican la sangre que va al corazón al punto que no puedo hacer esfuerzo o trotar”.

Aunque con dificultad para respirar, bromea: “Para mi forma de ser no hago caso, yo digo que el problema es de los pulmones, no mío”.

Su tratamiento es a base de cortisona, broncodilatadores y oxígeno. Su capacidad pulmonar se redujo al 47 por ciento, lo que también ha traído como consecuencia el EPOC y complicaciones cardiacas.

“No es que me vaya a morir ahorita, pero el problema es crónico”, dijo para finalizar la entrevista  el ex mandatario que no pierde las esperanzas de pasar el resto de su vida al lado de su familia y en la capital de Quintana Roo.

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