El reciente proceso electoral es una calca de los pasados comicios, los que resultaron también ser iguales a los anteriores en materia de narrativa. Ahora el objetivo es Morena, como antes, y muy merecidamente, lo fue el PRI.

La espuria alianza entre Va por México, y en lo local, Va por Quintana Roo, que integra a las mermadas fuerzas políticas del PRI, PAN y PRD (en el estado se suma Confianza por Quintana Roo), envía un mensaje político predecible y pobre de argumentos.

Responsabiliza a Morena de:

  • Tener municipios abandonados
  • Fallas de diputados federales y alcaldes
  • Quitar el Seguro Popular (en este caso, los diputados federales)
  • Desamparar a obreros y empresarios con reformas a las leyes
  • Desaparecer programas prioritarios para las mujeres
  • Gobierno autoritario que quita programas sociales
  • Cortar recursos a campesinos

Señalar los errores del contrario, en lugar de privilegiar las propuestas propias, es un error que repetidamente le ocurría a Morena cuando era oposición.

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Cuando el partido de Andrés Manuel López Obrador cambió de discurso y empezó a privilegiar sus propuestas, alejadas de la confrontación, en ese momento, más la coyuntura del hartazgo por la corrupción imperante, Morena trascendió y logró el proceso histórico de cambio.

Los operadores de la comunicación de Va por México, que se mueven con la venia (y recursos) del primer habitante del Palacio de Gobierno en Chetumal, no lo han entendido aún. Se han metido a una batalla de frente con una sociedad civil politizada e informada.

En política, los tiempos exigen creatividad, adaptación al entorno y evolución. La alianza Va por México está urgida de recursos creativos y de entender los procesos de cambio. Pero este aprendizaje llevará a la mayoría de sus candidatos al sacrificio político.

Los ideólogos que están detrás de la coordinadora de la alianza, Mayuli Martínez Simón (una política joven, pero sin experiencia en estas ligas), asumieron que la estrategia discursiva del golpeteo les redituará a sus candidatos, pero no es así. La estrategia va en ruta de colisión.

¿Cómo sortea Mayuli lo que quiere un PRI herido de muerte; de un PAN rabioso y un debilucho PRD?

Las fotografías son como radiografías para quienes analizan el discurso. En una de sus últimas tomas, casi dejan fuera a Leslie Hendricks, quien aparece muy a la orilla, que recuerda esa vieja expresión de quien fuere el sempiterno líder de la CTM, Fidel Velázquez: El que se mueve, no sale en la foto.

La narrativa empleada hasta ahora por esta alianza, por otro lado, es una afrenta para la memoria histórica.

El PRI fue quien sentó las bases, en complicidad con el PAN y el PRD, en el Congreso Federal, para permitir el uso de programas sociales con fines clientelares. Esos partidos aprobaron leyes como el outsourcing, que dejó en el desamparo a miles de trabajadores durante años.

Jamás se preocuparon por los campesinos, muchos de ellos migrantes en Estados Unidos, bajo las siglas de sus gobiernos.

A nivel municipal, los mayores actos de corrupción ocurrieron también bajo sus siglas. Y ni qué decir de la alianza de sus gobiernos con el narcotráfico, un fenómeno que evitan en sus discursos y que tanto lastima a nuestra sociedad.

Entre tanta desmemoria, la narrativa a la inversa no funciona y se vuelve un boomerang con resultados muy anticipados: la derrota en las urnas el 6 de junio.

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