Hace ya muchos años, para ser un poco más precisos cerca del año 91 después de Cristo, en la terrible, corrupta y violenta Roma del emperador Tito Flavio Domiciano, se llevó a cabo el secuestro de varias niñas con el pretexto de convertirlas en vestales.

Tito Flavio Domiciano, llegó al poder después de haber asesinado a su hermano Tito Flavio Vespasiano, quien había heredado el trono de su padre el emperador Vespasiano.

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Domiciano, como se le conoció en su desaseada administración, fue emperador durante el periodo comprendido entre los años 81 a 96 después de Cristo, cuando fue asesinado por un grupo de gladiadores impulsados por su propia esposa, Domicia Longina.

Las vestales eran sacerdotisas quienes debían mantenerse vírgenes que se consagraban en vida a la diosa Vesta, diosa del hogar, hija del dios Saturno y símbolo de la fidelidad.

La historia cuenta una trágica situación en el secuestro de Menenia, una niña convertida en Vestal por parte del desequilibrado emperador Domiciano, a quien además de arrebatar de las manos de su padre en senador Menenio para demostrar su aplastante poder, hizo presa de sus deseos.

Sin duda, este precio fue pagado caro por Domiciano y sus secuaces después del asesinato del emperador y el ascenso de Marco Ulpio Trajano, ya que corrigieron la galopante corrupción y evitaron en gran medida esta práctica colectiva de abusos de menores con justificaciones religiosas por parte de los gobernantes anteriores.

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Hoy, en nuestro país y en nuestro estado se vive una situación semejante, ya que durante varios sexenios se cuentan una gran cantidad de abuso de mujeres por parte de los domicianos región 4 del sureste de México.

Hoy, poco a poco nos acercamos más a la limpia de Trajano y nos alejamos lentamente de los abusos del periodo de Domiciano.

Sin embargo, existe un elemento fundamental para lograr este impulso democrático y mantenerlo. La memoria colectiva. Sin ella, estamos condenados a sufrir nuevos episodios como el que Roma vivió del 81 al 96 después de Cristo y que México ha vivido desde que tenemos memoria.

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Por eso es importante cultivar nuestra memoria para lograr la democracia que deseamos.

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