El fenómeno de El Niño regresará en 2026 como una teleconexión atmosférico-oceánica que alterará los patrones de precipitación y temperatura en México. Este evento, marcado por el calentamiento del Pacífico ecuatorial, provocará un incremento de nevadas en invierno y un riesgo elevado de sequías severas durante la primavera subsiguiente.
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Mecánica operativa del sistema ENSO en el Pacífico
El fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENSO) constituye una interacción compleja entre el océano y la atmósfera. Este proceso implica fluctuaciones determinantes en la presión atmosférica, la dirección de los vientos y la temperatura superficial del mar en una franja que se extiende desde Indonesia hasta las costas del continente americano.
Dentro de este ciclo, se identifican tres fases diferenciadas: la etapa cálida o El Niño, la etapa fría denominada La Niña y una fase de neutralidad. El inicio de la fase cálida ocurre cuando la temperatura del agua en el Pacífico centro-oriental supera los promedios habituales. Dicho incremento es impulsado por variaciones en los vientos alisios y el desplazamiento de ondas oceánicas que transportan masas de agua caliente hacia América. La singularidad de cada evento radica en la distribución específica del calor y la magnitud de estas anomalías térmicas.
Evolución estacional y ciclos de intensidad
La configuración de El Niño sigue una cronología predecible pero de efectos variables. Durante la primavera, se detecta el calentamiento inicial de la masa oceánica, consolidándose durante el verano con cambios drásticos en la circulación del viento sobre el Pacífico Ecuatorial. El punto de máxima intensidad suele alcanzarse en el periodo comprendido entre el otoño y el invierno, iniciando una fase de enfriamiento y disipación hacia la primavera siguiente.
En términos de actividad meteorológica, este ciclo fomenta una mayor frecuencia de ciclones en la cuenca del Pacífico en comparación con el Atlántico. La incidencia en el territorio nacional se manifiesta de forma progresiva, impactando inicialmente la temporada de lluvias. Durante la fase de la Canícula, se registran condiciones marcadamente más secas y calurosas en las regiones del centro, sur y sureste de México. Sin embargo, hacia el cierre de la temporada en septiembre y octubre, la humedad del Pacífico y el arribo de los primeros frentes fríos incrementan el volumen de precipitaciones.
Configuración de inviernos húmedos y riesgo de nevadas
La activación de la corriente en chorro es una consecuencia directa de un evento de El Niño clásico. Al converger con la actividad ciclónica del Pacífico, este flujo atmosférico transporta humedad hacia las siguientes zonas estratégicas:
- Noroeste y Occidente: Incremento de humedad y lluvias persistentes.
- Norte y Centro: Condiciones de frescor y pluviosidad por encima del promedio.
- Oriente: Precipitaciones intensas reforzadas por frentes fríos tempranos.
Esta dinámica resulta en otoños e inviernos con temperaturas más bajas y una saturación hídrica constante. Entre diciembre y enero, la corriente en chorro mantiene periodos de actividad recurrente, lo que potencia la ocurrencia de nevadas y heladas en las regiones mencionadas. La frecuencia de los eventos denominados como “Norte” se intensifica, pudiendo generar escenarios de frío extremo similares a los registros históricos de 1997 y 2016, donde la nieve alcanzó zonas geográficas poco habituales. Mientras tanto, el sureste del país tiende a mantener un perfil menos frío y con menores índices de lluvia durante este ciclo.
Transición hacia condiciones de sequía y calor extremo
El cierre del ciclo de El Niño conlleva una metamorfosis climática drástica al finalizar el invierno. La transición hacia la primavera de 2026 se perfila bajo condiciones de extrema aridez. El aumento de la temperatura y la ausencia de precipitaciones elevan la probabilidad de:
- Olas de calor severas: Temperaturas pico que superan los registros históricos.
- Incendios forestales: Incremento del riesgo por estrés hídrico en la vegetación.
- Sequías perjudiciales: Impacto directo en los niveles de presas y sistemas agrícolas, especialmente en la mitad centro-sur del territorio.
Proyecciones inmediatas y regulación térmica
Para el periodo actual que abarca abril y mayo, la probabilidad de olas de calor persistentes permanece en niveles bajos. Cualquier evento cálido se prevé breve y de intensidad moderada debido a la alternancia con sistemas frontales que aportan humedad y frescor.
Las lluvias derivadas de frentes fríos continuarán de manera periódica, y la activación de sistemas tropicales en mayo podría anticipar una temporada de lluvias robusta. Este régimen pluvial funcionará como un regulador térmico natural, estabilizando las temperaturas en la mayor parte del país, con excepción de la región noroeste. El inicio del verano y la temporada de lluvias se esperan dentro de los calendarios habituales, salvo en los extremos geográficos del sureste y noroeste, donde la regularización hídrica llegará de forma gradual mediante el monzón y el paso de ondas tropicales.

