Claves de la noticia:
- Inseguridad en Vicente Guerrero: La caseta de seguridad de Vicente Guerrero carece de energía eléctrica y agua potable en los baños, lo que impide la estancia de los agentes.
- Respuesta oficial: Mandos policiacos condicionan el despliegue de elementos fijos a que las autoridades locales habiliten primero los servicios básicos.
- Clima de violencia: La preocupación comunitaria escaló tras el hallazgo de un cuerpo sin vida en la vecina localidad de La Esperanza hace unos días.
VICENTE GUERRERO, QR.- La seguridad pública en la comunidad de Vicente Guerrero se encuentra en un punto muerto. A pesar del incremento en la percepción de inseguridad y los recientes hechos violentos en la región, la caseta de vigilancia local permanece vacía. La razón, según denunció el subdelegado David Cupul Puc, no es solo la falta de voluntad política, sino la carencia de condiciones humanas mínimas para que los elementos de la corporación desempeñen su labor.
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En una enérgica denuncia, Cupul Puc señaló que la ausencia de efectivos policiacos en el puesto de control obedece directamente a la falta de servicios básicos. La caseta, que debería ser el corazón de la vigilancia en la zona, no cuenta actualmente con energía eléctrica ni con suministro de agua funcional en los sanitarios.
Una justificación operativa: La dignidad del agente
De acuerdo con los testimonios del subdelegado, los altos mandos de la Secretaría de Seguridad han sido claros en su postura: no se puede comisionar de manera permanente a un oficial si el inmueble no garantiza las necesidades fisiológicas básicas.
“Nos dijeron que es necesario solicitar a las autoridades locales que se habiliten estos servicios. Sin agua en los baños ni luz para operar durante la noche, no es posible asignar agentes de forma fija”, precisó Cupul Puc.
Esta situación ha generado un círculo vicioso burocrático donde la corporación policial aguarda por la infraestructura, mientras que la administración local no ha agilizado las reparaciones, dejando a los habitantes en medio de una vulnerabilidad creciente. El subdelegado enfatizó que la corporación ha justificado la ausencia basándose en que las jornadas de vigilancia son extensas y requieren, por ley y dignidad laboral, un espacio habitable.
Falta de personal: El otro rostro de la crisis
Sin embargo, el problema parece ser más profundo que una tubería rota o un cableado inexistente. Cupul Puc recordó que en reuniones anteriores con mandos comunitarios, también se puso sobre la mesa el déficit de personal operativo que aqueja a toda la región.
Esta carencia de efectivos se suma a la infraestructura deficiente, creando un escenario donde las comunidades rurales son las más afectadas. “Es una combinación peligrosa. Por un lado, nos dicen que no hay condiciones en la caseta; por otro, sabemos que faltan policías. Mientras tanto, las familias son las que no pueden dormir tranquilas”, lamentó el líder comunitario.
El fantasma de la violencia acecha la región
La urgencia de reactivar la vigilancia no es una petición al aire. La zona atraviesa un momento de tensión tras el hallazgo, hace apenas unos días, de una persona sin vida en las inmediaciones del campo deportivo de la comunidad de La Esperanza.
Ubicada a tan solo ocho kilómetros de Vicente Guerrero, La Esperanza se ha convertido en un espejo de lo que los habitantes temen que ocurra en su propio territorio. Este incidente criminal ha encendido las alarmas y ha transformado la solicitud de vigilancia de una petición administrativa a un reclamo de auxilio social.

Exigencia de soluciones inmediatas
El clima de inseguridad que prevalece ha llevado a los habitantes de Vicente Guerrero a exigir un compromiso real por parte de las autoridades municipales y estatales. El subdelegado insistió en que la habilitación de la caseta debe ser una prioridad absoluta en la agenda de servicios públicos.
“La tranquilidad de las familias no puede esperar a que se resuelva un trámite de luz o agua. La prevención del delito es una obligación del Estado y necesitamos que se tomen cartas en el asunto antes de que los hechos de violencia se repitan en nuestro propio campo o en nuestras calles”, advirtió Cupul Puc.
Por el momento, la caseta de Vicente Guerrero sigue siendo un cascarón vacío, un recordatorio de que, en ocasiones, la seguridad pública se detiene ante la falta de un servicio tan elemental como el agua corriente, dejando a una comunidad entera a merced de la incertidumbre.

