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Opinión: Las enseñanzas de Sila (la traición) y el pueblo corrompido

Un análisis del pasado para entender el contexto del presente, con dedicatoria a quienes en política hacen de la traición su divisa

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La traición por poder, desde la antigua Roma. Ilustración: El País

La historia de la humanidad nos muestra una y otra vez, desde los textos de Herodoto, que aquellos que emulan las acciones del pasado sin considerar sus consecuencias como aquellos que las desconocen en su totalidad, finalmente replican los mismos errores del pasado (como la traición).

Cerca del año 80 antes de Cristo, el dictador Lucio Cornelio Sila (en adelante Sila) partió con sus cercanos a una guerra en Grecia, aún y cuando el Senado y los populares (el pueblo) habían designado a Cayó Mario (tío de Cayo Julio César) y líder famoso ante el pueblo y el ejército, como cónsul para esa misión.

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Sila, tratando de evitar que Cayó Mario ganara más poder y fama, se adelantó a reunirse con las legiones romanas ofreciéndoles riquezas a cambio de la traición a su cónsul y general Cayo Mario.

Y así fue, marcharon primeramente sobre Delfos para masacrar el santuario griego de Apolo y saquear todas las riquezas, continuaron con diversas ciudades de Grecia, para saciar el hambre de las legiones ávidas de todo cuanto pudieron engullir.

La traición como moneda de cambio

Posteriormente, Lucio Cornelio Cinna (en adelante Cinna), quien gobernaba Roma representando a los populares y no a los patricios y amigos senadores de Sila, envió un ejército para contener las violaciones de Sila en Macedonia a cargo de Cayo Flavio Fimbra, quien fue traicionado y asesinado por sus legionarios después de que Sila los corrompiese con monedas obtenidas ilegalmente.

Al regreso de Sila a Italia, el gobernante de Roma y líder del pueblo, Cinna fue a enfrentarlo con sus legionarios, quienes fueron comprados por Sila para darle muerte a traición a su propio líder.

Después de algunos años se instauró una terrible dictadura y los mismos grupos de populares, es decir, representantes del pueblo que aceptaron el dinero de Sila y se corrompieron, comenzarían a ser perseguidos, pues según él mismo Sila, nadie le había superado ni en hacer el bien a sus amigos ni el mal a sus enemigos. Claro está, con dinero público.

Sin duda esta historia nos deja una gran enseñanza dados los últimos sucesos electorales en diversas entidades, en donde las prácticas de Sila se hicieron presentes comprando voluntades populares, pero ya el tiempo dirá si aquellos que participaron siguen los mismos pasos que los populares que traicionaron sus propios principios por allá en el año 80 antes de Cristo.

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