Claves de la noticia:
- Kantunilkín honra a San Isidro Labrador: El sacerdote maya Teodoro Canul Balam dirigió rezos en lengua materna en las esquinas del recorrido, uniendo la fe católica con raíces prehispánicas.
- Identidad agrícola: La comunidad pidió por el éxito de las cosechas y el bienestar de las familias campesinas de la zona norte del estado.
- Calendario festivo: Las celebraciones, que iniciaron con el corte del árbol sagrado (ceibo), se extenderán hasta el próximo 20 de mayo.
KANTUNILKÍN, QR.- Bajo el cobijo de la fe y el arraigo de las costumbres ancestrales, la colonia Miguel Borge Martín se convirtió ayer en el epicentro de la espiritualidad en la cabecera municipal de Lázaro Cárdenas. Decenas de familias participaron en la solemne procesión en honor a San Isidro Labrador, patrono de los agricultores, en un evento que reafirma la vigencia de la cultura maya en la vida pública contemporánea.
La jornada espiritual comenzó en la capilla dedicada al santo, donde el párroco local ofició una misa de acción de gracias. Durante la homilía, el mensaje central fue la gratitud por la tierra y la esperanza de una temporada de lluvias favorable, vital para el sustento de la región. Al concluir la liturgia, la imagen del santo salió al encuentro de su pueblo, escoltada por un mar de veladoras que iluminaron el primer cuadro de la comunidad.
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El eco de la lengua materna en cada esquina
Lo que distingue a la celebración de Kantunilkín de otras festividades patronales es su profundo carácter sincrético. En esta ocasión, la procesión contó con la dirección espiritual de Teodoro Canul Balam, reconocido sacerdote maya de la región.
Siguiendo la tradición de los “abuelos”, la caminata se detuvo en cada una de las esquinas principales, donde Canul Balam elevó plegarias en lengua maya. Estos rezos, cargados de mística, no solo buscan la protección divina sobre el área urbana, sino que funcionan como un vehículo de transmisión cultural para los jóvenes y niños que acompañan el trayecto.
“Es nuestra responsabilidad que el sonido de nuestra lengua no se pierda en las calles. San Isidro entiende nuestro idioma porque es el idioma de quienes labran la tierra”, comentó uno de los asistentes mientras resguardaba la llama de su vela.
Un fervor que trasciende fronteras locales
La devoción por San Isidro Labrador no es exclusiva de la cabecera. La movilización de ayer atrajo a creyentes de localidades vecinas como Solferino y la alcaldía de Ignacio Zaragoza. En estas comunidades, el ciclo agrícola dicta el ritmo de la vida social, por lo que la figura del patrono de los campesinos representa un símbolo de unidad regional.
La procesión avanzó entre cantos e himnos religiosos, creando un ambiente de respeto que contrastó con el bullicio habitual de la zona comercial. Para los habitantes de la colonia Miguel Borge Martín, esta es la noche más importante del año, una oportunidad para mostrar que, pese a la modernidad, la identidad de Kantunilkín permanece intacta.

Del rito sagrado al júbilo popular
Cabe recordar que esta festividad dio inicio formal el pasado 12 de mayo con el emblemático corte del ceibo, el árbol sagrado de la cosmogonía maya. Tras ser transportado y plantado en el coso taurino, se llevó a cabo el tradicional “Baxa Wakax” o juego de toros, marcando el inicio de la vertiente más festiva de la celebración.
Aunque el acto religioso de ayer fue el punto álgido de la devoción, la feria continúa. En las inmediaciones del centro, las familias disfrutan de:
- Juegos mecánicos y puestos de gastronomía local (frituras y antojitos).
- Charlotadas y eventos taurinos que atraen a visitantes de todo el estado.
- Bailes populares que se celebran cada noche bajo el domo de la comunidad.

Cierre de festividades
El comité organizador y las autoridades eclesiásticas han confirmado que el programa de actividades, tanto religiosas como recreativas, se mantendrá activo hasta el próximo 20 de mayo. Se espera que durante el cierre se realice una última ofrenda y una convivencia comunitaria para agradecer el saldo blanco en las celebraciones.
Kantunilkín demuestra, una vez más, que la fe es el motor que mantiene vivos los hilos de la tradición, logrando que el pasado maya y el presente católico caminen de la mano por las mismas calles.

