- Aquí solo se vive para trabajar: la denuncia detrás del lujo
- Trabajar en Cancún: entre el cansancio, la discriminación y el silencio
Explotación laboral en Cancún: el amargo rostro femenino del paraíso
CANCÚN, QR.- Detrás de la imagen de lujo y éxito turístico que vende Cancún al mundo, cientos de trabajadores sobreviven entre jornadas extenuantes, discriminación laboral y prácticas que, denuncian, vulneran sus derechos más básicos. Mujeres empleadas en restaurantes, hoteles, el aeropuerto y empresas de seguridad relatan condiciones que contrastan con el discurso de responsabilidad social que presume la industria turística del Caribe mexicano.
Laura, extrabajadora del restaurante La Madelena, asegura que dentro del establecimiento las mujeres no podían aspirar a trabajar como meseras y eran relegadas principalmente a la cocina. Relata jornadas de más de 12 horas, gritos constantes y humillaciones por parte de capitanes y gerentes. Según su testimonio, la rotación de personal en empresas del Grupo Alme es tan alta que constantemente traen trabajadores de otros estados para mantener esquemas donde, acusa, “la gente prácticamente solo vive para trabajar”.
También te podría interesar: Quintana Roo lidera la tasa nacional de violencia contra la mujer en 2026
Historias similares cuenta Claudia, quien laboró como guardia de seguridad y denuncia discriminación basada tanto en el nivel escolar como en su condición de mujer. Explica que quienes únicamente concluyeron la secundaria eran asignadas a jornadas de 12 horas, mientras que las personas con preparatoria podían acceder a turnos de ocho horas. Además, señala que las mujeres con menor nivel educativo eran enviadas en otro tipo de transporte y recibían un trato diferenciado dentro de la empresa.
Testimonios del abuso: Jornadas extenuantes y hostigamiento en hoteles y restaurantes
En el sector hotelero, Patricia, camarista de la cadena Palace Resorts, describe una realidad marcada por la presión extrema y el desgaste físico. Aunque oficialmente su jornada es de ocho horas, asegura que rara vez puede retirarse a tiempo si no termina de limpiar todas las habitaciones asignadas. En ocasiones, incluso deja de comer para evitar retrasos. También denuncia revisiones excesivas cuando intentan levantarle actas administrativas. “Revisaban hasta arriba de los clósets y dentro de las cajas fuertes buscando polvo”, relata. “Quieren rapidez, pero también perfección absoluta”.
Las trabajadoras del sector también denuncian una práctica recurrente: ser dadas de baja cada cuatro meses para impedir que generen antigüedad laboral, aun cuando llevan años trabajando en el mismo hotel.
Además, aseguran que, al buscar empleo en otras empresas, personal de recursos humanos solicita datos personales y números de seguridad social para revisar su historial laboral sin consentimiento previo.
Las denuncias exhiben una cara poco visible del motor económico de Quintana Roo, donde miles de personas sostienen la industria turística bajo condiciones que organizaciones laborales califican como precarización sistemática y violencia laboral normalizada.
La brecha de género en Quintana Roo: Mucho trabajo, poco liderazgo
Cabe destacar que, en Quintana Roo, las mujeres sostienen casi la mitad de la fuerza laboral turística, pero siguen lejos de ocupar espacios de poder y de recibir salarios realmente equitativos. Aunque el discurso empresarial presume avances en igualdad dentro de la industria hotelera y restaurantera, las cifras revelan que el llamado “paraíso turístico” continúa operando bajo profundas desigualdades de género.
Datos del Sustainable Tourism Advanced Research Center (STARC) señalan que el 47.3% de la fuerza laboral vinculada al turismo en Quintana Roo está integrada por mujeres. Además, el estado concentra al 30% de todas las trabajadoras aseguradas en la hotelería del país, una cifra que confirma que son ellas quienes sostienen gran parte de la operación turística en destinos como Cancún, Riviera Maya y Playa del Carmen. Sin embargo, esa presencia masiva no se traduce en liderazgo ni en igualdad económica.
Aunque en el sector hotelero la brecha salarial reportada es de 3% y en restaurantes de apenas 0.4%, a nivel estatal la diferencia de ingresos entre hombres y mujeres alcanza todavía un 18.3%. La disparidad se vuelve más evidente en los puestos mejor pagados: solo el 39.1% de quienes perciben ingresos superiores a 10 UMA son mujeres. Es decir, ellas llenan hoteles, restaurantes y centros turísticos como trabajadoras operativas, pero siguen excluidas de los niveles más altos de ingreso y toma de decisiones.
El dato más contundente exhibe el verdadero rostro de la industria turística del Caribe mexicano: prácticamente no existen mujeres dirigiendo hoteles de alto perfil. Mientras los complejos turísticos venden una imagen moderna e incluyente al mundo, el acceso femenino a las posiciones de poder continúa bloqueado por un “techo de cristal” que la industria no ha querido romper. La falta de directoras refleja una estructura empresarial donde las mujeres siguen siendo mayoría en el trabajo, pero minoría en el liderazgo.
Especialistas advierten que mantener estas condiciones no solo representa una deuda histórica con las trabajadoras, sino también una contradicción para un sector que presume sostenibilidad y responsabilidad social. En Quintana Roo, las mujeres son pieza clave de la maquinaria turística, pero el poder económico y corporativo todavía sigue concentrado, mayoritariamente, en manos masculinas.

UNIDAS: La red que hace frente a la precarización laboral femenina en México
En México, millones de mujeres sostienen la economía desde sectores históricamente precarizados, pero continúan enfrentando condiciones laborales marcadas por la informalidad, la desigualdad salarial y la falta de seguridad social. Aunque las luchas obreras del siglo XIX abrieron camino para los derechos laborales modernos, las brechas persisten y golpean con mayor fuerza a las mujeres.
A estas cifras se suma una realidad marcada por el acoso laboral, el hostigamiento sexual y las dobles o triples jornadas derivadas de la distribución desigual de las labores de cuidado. Organizaciones defensoras de derechos laborales advierten que estas condiciones generan pobreza de tiempo, desgaste físico y afectaciones graves a la salud mental de las mujeres, especialmente de quienes además son jefas de hogar o pertenecen a grupos históricamente discriminados.
Frente a este panorama surge UNIDAS: Red de Mujeres por el Trabajo Justo, una articulación integrada por trabajadoras y organizaciones civiles que busca impulsar mejores condiciones laborales y garantizar derechos básicos para miles de mujeres en México.
Entre sus principales demandas destacan el acceso universal a la seguridad social, salarios justos, espacios laborales libres de violencia, reconocimiento del trabajo de cuidados y participación activa de las trabajadoras en las decisiones que afectan sus condiciones de empleo.
Integrantes de la red señalan que el trabajo digno no debe entenderse como un privilegio, sino como un derecho humano fundamental. En un contexto de reformas laborales y creciente presión social hacia empresas y gobiernos, UNIDAS sostiene que el futuro del trabajo en México solo será posible si se construye con justicia, igualdad y protección para todas las mujeres trabajadoras.

