La dirigencia de Morena ha elevado la coalición con el PT y el PVEM a una categoría de prioridad estratégica para sostener el proyecto de nación de la presidenta Claudia Sheinbaum. Durante el Consejo Nacional de este sábado 7 de marzo de 2026, Alfonso Durazo Montaño ratificó que la unidad del bloque es el cimiento indispensable para asegurar la gobernabilidad y el éxito en los próximos comicios intermedios.
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El pragmatismo estratégico como eje de la transformación
En una jornada de definiciones críticas, se ha constatado que el Consejo Nacional de Morena funciona hoy como el epicentro de un realismo político necesario. Alfonso Durazo, en su calidad de presidente del órgano, definió la relación con el Partido del Trabajo y el Verde Ecologista no como un simple intercambio de votos, sino como el “segundo piso” de la estructura política del país. Esta postura busca proteger la agenda legislativa en un momento donde la mayoría calificada depende directamente de los 111 escaños que aportan los aliados para sacar adelante la Reforma Electoral y el presupuesto de cierre de sexenio.
La advertencia lanzada desde el consejo resuena como doctrina interna: la cohesión es la única garantía de que las reformas sociales no sean revertidas. Bajo esta óptica, cualquier intento de las estructuras locales por “ir solos” en las 17 gubernaturas en juego para 2027 es visto como un riesgo innecesario que podría comprometer la estabilidad del movimiento a nivel nacional.
Factores que determinan la solidez del bloque oficialista
La necesidad de mantener un frente unido responde a variables aritméticas y políticas que influyen en la toma de decisiones de la cúpula:
- Dependencia legislativa: Sin el bloque PT-PVEM, el partido mayoritario carece de los votos necesarios para las 11 modificaciones constitucionales que integran la agenda presidencial, lo que otorga a los aliados un peso específico en la negociación.
- Control de pugnas locales: La cercanía del proceso electoral de 2027 ha reactivado las aspiraciones en los estados. El blindaje de la alianza busca sofocar divisiones en distritos donde el margen de victoria frente a la oposición es estrecho.
- Narrativa de continuidad: Se ha observado que el discurso oficial vincula la lealtad partidista con el éxito del gobierno, presentando a la coalición “Sigamos Haciendo Historia” como el único bloque capaz de profundizar los cambios iniciados.
Cronología de una semana de ajustes y consensos
Los últimos siete días han sido fundamentales para calibrar la relación entre las fuerzas de la coalición y atender las inquietudes de los socios estratégicos.
El pasado martes 3 de marzo, la presidenta Sheinbaum envió una señal de apertura al reconocer que la Reforma Electoral requiere ajustes de consenso, validando así las preocupaciones financieras expresadas por el PT y el PVEM. Posteriormente, el jueves 5 de marzo, Luisa María Alcalde matizó que las reglas de ética interna, como el veto al nepotismo, no deben ser vistas como una agresión a las estructuras de los partidos aliados. Finalmente, el viernes 6 de marzo, trascendió que las negociaciones incluyen ya una mayor participación de los socios en la definición de las candidaturas para las gubernaturas del próximo año.
Proyecciones para la mesa de negociación 2027
Para la próxima semana, se anticipa la instalación formal de la Mesa de Coalición 2027. En este espacio se definirá el calendario para repartir las cuotas de participación distrital y estatal, buscando un equilibrio que satisfaga a las tres fuerzas políticas.
Asimismo, el bloque oficialista planea llevar al pleno de la Cámara de Diputados una versión consensuada de la enmienda electoral. Este movimiento tiene como fin demostrar que la alianza no solo es electoral, sino operativa y legislativa, enviando un mensaje de fortaleza antes de que cierren los plazos legales para las reformas que aplicarán en el siguiente ciclo electoral.
Análisis de fortalezas y riesgos en la unidad
La coalición cuenta con activos de gran peso, como el control de 24 gubernaturas, lo que le otorga una capacidad de movilización territorial que la oposición no puede igualar. No obstante, persisten desafíos como el “veneno” de las rencillas locales, donde las bases podrían resistirse a los pactos de la cúpula por alcaldías o diputaciones menores.
Existe también el riesgo de que, si la reforma electoral se aprueba con parches legales para complacer a los aliados, la Suprema Corte pueda invalidarla, generando una crisis de legitimidad. Por ello, la recomendación desde el Consejo Nacional es institucionalizar el reparto de posiciones de manera transparente y fortalecer la identidad común a través de agendas legislativas conjuntas que vayan más allá de lo electoral, asegurando que el bienestar social siga siendo el eje rector de la alianza.

