La indefinición del Partido Revolucionario Institucional (PRI); la eterna pelea entre las tribus perredistas y el adelanto del PAN al imponer a una aspirante sin consenso, terminó por demoler las negociaciones entre tres partidos distantes ideológicamente y cercanos solo por las migajas de poder en Quintana Roo.

La polarización entre las dirigencias nacionales y estatales de esos tres institutos políticos marcó desde el principio de las negociaciones para lograr un candidato de unidad, la tónica de que nadie sabe qué hacer ante la ola morenista.

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Desde un líder nacional panista como Marko Cortés que acepta muy anticipadamente que perderán en 5 de 6 estados las gubernaturas, hasta un Alito Moreno que piensa más en la candidatura presidencial que en el sinodal que tiene en junio de 2022. Un Jesús Zambrano que al frente del PRD sólo despotrica en Twitter contra las políticas del Presidente Andrés Manuel López Obrador.

Crisis en los partidos de oposición de Quintana Roo

Pero si los liderazgos nacionales pasan por una crisis de identidad, en Quintana Roo los presidentes estatales están rebasados por sus militantes. Los partidos quintanarroenses, salvo Morena, se han convertido en sucursales Montessori.

Y este estado de cosas, generado por el fenómeno lopezobradorista, que los partidos de oposición aglutinados en ese extraño mosaico de ideologías en forma de coalición no han sabido contener. Hay un desorden no sólo estructural, sino mental que mueve sus decisiones.

Si no, cómo se explica que en la apertura de las negociaciones para conformar una alianza, el PAN se adelante con la hija política de Eduardo Martínez Arcila, y para tratar de disminuir mediáticamente el efecto que produjo la difusión de las candidaturas de Morena, salga a presentar a la senadora Mayuli Martínez Simón como su carta más fuerte, sin lograr la tan ansiada unidad entre tres fuerzas políticas distintas y distantes.

O como explicar que el PRD, en abierto coqueteo con el actor Roberto Palazuelos, tenga a la secretaria nacional del Sol Azteca, Adriana Díaz y a Octavio Martínez, secretario nacional del Alianzas, vinculados a los grupos Vanguardia y ADN, en Quintana Roo, negociando con el Diamante Negro su firma y repentinamente Jesús Zambrano, de Nueva Izquierda, le dé la bienvenida a Laura Fernández, la ex priista y ex verdeecologista, quien se autodestapó como suspirante a la gubernatura.

Y en el PRI, la búsqueda de candidatos se decanta por sus viejas figuras políticas, sobre todo del sur del estado, mientras en Cozumel, impulsado por lo que arrojan las encuestadoras, un miembro de la familia Joaquín ya levanta la mano para abanderar al tricolor, sin tomar en cuenta que la isla de las Golondrinas ya no es el eje del poder ni de la política quintanarroense desde hace tiempo.

La alianza Va por México en Quintana Roo es una fotografía fiel del futuro que le espera en otros estados: la coalición finalmente está entrando en colisión.

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