“En mis sueños he visto a mi hijo caminando”

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David Acosta | R360

CHETUMAL, QRoo.- Al dar el primer paso al interior del cuarto humilde, sin cama, sin cocina, sin muebles, sin ninguna decoración más que la pintura desgastada de las paredes y en donde el único “lujo” es una hamaca, es el hogar de Yohan, un niño de 4 años que padece Parálisis Cerebral Infantil (PCI) y a cuya familia, en busca de apoyo, le han cerrado las puertas incontables veces. Su madre, Beatriz, no pierde las esperanzas de verlo recuperado, hasta en sueños ha visto a su hijo caminando.

Cuando apenas Yohan tenía unos meses de nacido, junto a sus padres llegó al domicilio marcado con el Lote 11 y Manzana 162 de la calle Raudales con Nicolás Bravo, de la colonia Solidaridad de Chetumal. Como cualquier familia luchaba para salir adelante, hasta que el 8 de agosto de 2016, dos días antes de que Yohan cumpliera el año de edad, la vida le puso una prueba.

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Aún no daba sus primeros pasos cuando la salud de Yohan tuvo complicaciones en su salud y hubo  que llevarlo al hospital. El niño, de 363 días en ese entonces, se asfixiaba y soportó más de 20 minutos en esas condiciones; los taxis no quisieron llevar a la madre que rogaba por ayuda para su hijo a quien cargaba en brazos, hasta que una mujer se percató y la trasladó a una clínica cercana.

Por ese incidente de salud, los músculos de Yohan quedaron rígidos y su cerebro, por falta de oxigenación, también resultó afectado. Días después fue diagnosticado con PCI; el habla fue una afectación colateral.

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La tristeza embargó a la familia. El niño tuvo que pasar su primer cumpleaños internado y no pudo romper su piñata que estaba lista para la celebración y que con amor había elaborado su tía,  quien de cariño le llama “Papa”.

Desde entonces Beatriz y su esposo, Elías, han puesto todo de su parte para sacar adelante a su hijo menor, pues Yohan tiene un hermano, Julio Antonio, de 14 años, quien vive en la comunidad de Cocoyol de este municipio, en casa del abuelo.

Apenas hace unos días y luego de tocar puertas le fue entregada a la familia una silla de ruedas especial para niños en las condiciones de Yohan, luego de que en el Congreso del Estado y el Sistema para el Desarrollo Integral para la Familia (DIF), Quintana Roo, le fue negada la ayuda. Sin embargo el menor también requiere de ropa, pañales, medicamentos, leche y otros insumos necesarios para su atención y recuperación.

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Más ahora que el niño acude a uno de los Centros de Atención Múltiple (CAM) de Chetumal, en donde la madre desde hace aproximadamente dos meses lo lleva para que adquiera conocimiento de preescolar y lo apoyen en su recuperación. Para esto Beatriz tiene que caminar diariamente más de cuatro kilómetros y pagar mensualmente un recurso “simbólico”.

“Haré lo que sea necesario, pues en mis sueños he visto a mi hijo caminando y se recuesta a mi lado por sus propios pies, incluso su padre ha soñado lo mismo”, dice Beatriz, con voz entrecortada.

Las condiciones en las que vive Yohan y su familia son parte de la verdadera realidad de Quintana Roo, esa que no está en los discursos oficiales del Gobierno del Cambio.

En la vivienda no hay muebles, no hay cocina más que una parrilla eléctrica en el suelo que poco se usa porque no alcanza el dinero para el pago de la energía, además no hay tiempo ya que la atención del niño es demandante para la madre. El padre duerme en el piso y tiene como cama una colcha; la madre, con Yohan en una hamaca de color blanco con azul, el único lujo.

Las sillas son una cubetas; la ropa estibada en el piso; una carriola conocida como “Cuna de Moisés” había sido el transporte desde hace algún tiempo del niño, a quien hace más de un año se le consiguió una silla de ruedas que nunca quiso, porque le lastimaba y no estaba adaptada para sus condiciones.

Las necesidades son infinitas pues Beatriz no trabaja, se ayuda en ocasiones vendiendo ropa para bazar que está en bolsas negras con prendas usadas, a un costado del cuarto. Por su parte Elías es ayudante de pintor, no gana lo suficiente y su trabajo no es constante. La familia paga renta mensual de mil pesos, que no les da oportunidad de ahorrar y mucho menos de tener los satisfactores básicos.

Beatriz le cambia la ropa a Yohan para llevarlo a la escuela y dice que pocas veces tienen la oportunidad de comer carne, generalmente arroz, frijol y lentejas, lo cual le preocupa pues su hijo requiere de una buena alimentación como parte de su tratamiento, incluso vitaminas.

La desesperación no se convierte en esperanza con los avances de recuperación de Yohan, porque  el esfuerzo de la familia a veces no da para más, requieren ayuda externa. Beatriz ha solicitado incluso una beca de apoyo a la Secretaría del Bienestar, sin resultados positivos; la respuesta fue: hasta el próximo año (2020).

Las condiciones humildes de la familia también han impedido por lo menos una celebración de cumpleaños para Yohan, incluso la piñata que su tía le tenía lista antes de que su salud se complicara la rompió tres años después.

Las pasadas fechas decembrinas fueron de nostalgia para la familia ante la carencia de recursos, pero se conforman con el avance en la recuperación del niño. Yohan pidió a su madre para la  Navidad un juguete que “chille”.

La PCI es uno de los padecimientos más comunes en niños en México que afectan la motricidad y el habla. Se estima 600 mil casos en total y 12 mil se suman anualmente. El 40 por ciento según la Secretaría de Salud Federal ocurre por complicaciones antes y durante el nacimiento, mientras que el restante por razones diversas, incluso desconocidas.

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