Claves de la noticia:
- Día de las Madres: En Mercedes, Tenejapa, la celebración escolar migra de festivales tradicionales a talleres de creatividad y valores.
- Enfoque integral: Las actividades incluyen la promoción de hábitos alimenticios saludables y bienestar emocional para los menores.
- Identidad regional: Mientras en Chiapas destaca el rol formativo, en Kantunilkín, Quintana Roo, la prioridad es la convivencia comunitaria mediante “viandas” compartidas.
KANTUNILKÍN, QR.- En el corazón de las comunidades indígenas del sureste mexicano, la conmemoración del Día de las Madres ha dejado de ser un simple evento de bailables escolares para convertirse en una plataforma de formación integral. En la localidad de Mercedes, municipio de Tenejapa, Chiapas, la educación indígena está liderando una transición donde la creatividad, el bienestar físico y el fortalecimiento de los lazos afectivos son los protagonistas de esta fecha emblemática.
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La docente de educación indígena, Yulma Guadalupe Rodríguez Álvaro, compartió los detalles de esta evolución pedagógica y social. Según la académica, la organización de los estudiantes de primaria no solo busca homenajear a quienes consideran las “reinas del hogar”, sino también sembrar valores fundamentales que trasciendan el aula y se instalen en el núcleo familiar.
Creatividad con identidad: El regalo con sentido
Lejos de la compra de artículos comerciales, en la comunidad de Mercedes se ha impulsado que las niñas y niños elaboren con sus propias manos obsequios significativos. Esta práctica, según Rodríguez Álvaro, tiene un doble propósito: fomentar la psicomotricidad y creatividad del alumnado y, al mismo tiempo, dotar al presente de un valor emocional único.
“Los niños se involucran activamente en la preparación de regalos, lo que fomenta su creatividad, pero también se convierte en una oportunidad para promover valores como el respeto, el amor y la gratitud hacia sus madres”, señaló la docente.
Esta dinámica permite que los menores comprendan el esfuerzo y la dedicación, fortaleciendo el vínculo con sus progenitoras desde edades tempranas a través de la expresión artística y el trabajo manual, respetando siempre el contexto cultural de la región.

Más allá del festival: Salud y bienestar integral
Uno de los puntos más innovadores en la narrativa de la profesora Rodríguez Álvaro es la vinculación del festejo con el bienestar integral de la infancia. La educación indígena en Tenejapa está aprovechando el Día de las Madres para inculcar hábitos de vida saludables.
En lugar de los tradicionales refrigerios procesados, en algunos casos los festejos incluyen la preparación de alimentos nutritivos. Esta estrategia busca que tanto las madres como los hijos compartan conocimientos sobre la alimentación local y saludable, promoviendo la salud física y emocional de la comunidad.
Rodríguez Álvaro enfatizó que la escuela debe ser un espacio de aprendizaje total, donde las tradiciones no sean estáticas, sino que se adapten a las necesidades actuales de la niñez sin perder su esencia cultural. “Se busca un equilibrio entre honrar nuestras raíces y cuidar el futuro de nuestros niños”, añadió.
Kantunilkín: La fuerza de la convivencia comunitaria
Por otro lado, el eco de las celebraciones llega hasta la cabecera municipal de Kantunilkín, donde el enfoque se traslada al ámbito de la convivencia pública y familiar. A diferencia del enfoque escolar de Chiapas, aquí la tradición dicta una reunión más orgánica y cercana.
Los habitantes de esta región mantienen viva la costumbre de reunirse en grandes grupos familiares para compartir las “viandas” o platillos típicos de su preferencia. En Kantunilkín, el Día de las Madres es un recordatorio de la estructura social basada en la unión familiar. Las calles y hogares se llenan de aromas locales, y el acto de compartir el alimento se convierte en el máximo tributo a la figura materna.
Unidos por la tradición
Aunque los métodos varían —desde el taller creativo en las montañas de Chiapas hasta el banquete familiar en Quintana Roo—, ambas regiones coinciden en un punto fundamental: la importancia de detener el ritmo cotidiano para honrar a la madre.
Esta dualidad en las celebraciones demuestra la riqueza del mosaico cultural mexicano, donde la educación básica y la organización comunitaria trabajan de la mano para mantener vigente el significado de una de las fechas más profundas del calendario nacional, priorizando ahora, más que nunca, el bienestar y la formación de las nuevas generaciones.

