- A partir de octubre, la reubicación de la Uneme Capasits dejará a los pacientes más vulnerables sin transporte público para recoger su medicamento antirretroviral, convirtiendo un trámite de salud en una carrera de obstáculos impagable.
- Lo preocupante no es el inmueble moderno: es la falta de empatía de las autoridades al tomar decisiones desde un escritorio, alejando un servicio de salud esencial y dejando en el olvido la realidad económica de los usuarios.
Uneme Capasits Cancún cambia de sede y complica entrega de medicamentos
CANCÚN, QR.- De acuerdo con testimonios anónimos de la propia base trabajadora de los Servicios Estatales de Salud (Sesa) en Quintana Roo, a la plantilla laboral se le ha notificado formalmente que, a partir de octubre, la Unidad de Especialidades Médicas y Centro Ambulatorio para la Prevención y Atención del VIH/SIDA e Infecciones de Transmisión Sexual (Uneme Capasits) abandonará su histórica sede en la Región 102 para mudarse a unas nuevas instalaciones sobre la avenida Fonatur.
La noticia, manejada con hermetismo administrativo, ha encendido las alarmas en la comunidad. Para quien vive con VIH, el tiempo no se mide en minutos, sino en la precisión de una dosis diaria. Un retraso, una interrupción o la imposibilidad de conseguir el tratamiento antirretroviral no solo significa un retroceso clínico: es comprometer la vida misma.
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Un cambio de dirección que rompe la ruta de la gente
A primera vista, un edificio nuevo suena a progreso. Sin embargo, la realidad geográfica de Cancún demuestra lo contrario:
La sede actual (Región 102): Se ubica en un punto conectado por el transporte público tradicional, accesible para familias de zonas vulnerables como las colonias irregulares o la zona norte, que llegan fácilmente en los camiones que corren por la avenida José López Portillo o la Francisco I. Madero (Ruta 4).
La nueva sede (Avenida Fonatur): Está rodeada de desarrollos residenciales de alto costo, fraccionamientos privados y escuelas particulares entre las avenidas Cancún, Prolongación La Luna y Huayacán.
El problema: Por la Avenida Fonatur no pasa ninguna ruta de transporte público.
Para alguien que vive al día, ir por sus medicinas ahora significará pagar más de 80 pesos por trayecto en servicios privados como taxis locales, Uber o Didi, o caminar kilómetros bajo el sol caribeño: una barrera económica que obligará a muchos a abandonar la adherencia a su tratamiento.
Las Asociaciones Civiles: El riesgo de suspender el tratamiento
“La accesibilidad es definitivamente el punto crítico”, advierte José Martín Hernández Parra, representante de la asociación civil Unidos Contra la No Discriminación, A.C. (Uncondis), organización con 15 años de trayectoria que opera desde la Región 230 y la Avenida Paseos Kabah.
“Hay gente que viene desde Valle Verde y otros puntos muy retirados para sus medicamentos y su atención. Si en la Región 102 ya era un poco difícil el acceso —donde al menos había rutas directas de transporte y colectivos conocidos—, moverlo allá lo vuelve totalmente inaccesible. Pensar que un paciente tenga que caminar kilómetros bajo el sol solo para llegar a su cita médica complica todo. La adherencia al tratamiento es vital para tener una vida óptima; si rompes la accesibilidad, arriesgas a que la gente abandone sus medicamentos”.
Abandono estructural y centralización burocrática
Para Carlos Lucas, integrante de la organización Condiscun y de la Coalición de la Diversidad Quintana Roo A.C., el problema de la movilidad es solo la punta del iceberg de un sistema ambulatorio que ya arrastra severos vicios de origen.
A pesar de que Quintana Roo ocupa el primer lugar a nivel nacional en casos de VIH y de que Cancún concentra la mayor proporción de pacientes en el estado, sumado a una masiva corriente de trabajadores flotantes que arriban por las temporadas turísticas, la toma de decisiones y la gestión de recursos continúan atadas a la capital, Chetumal.
“Internamente, en la oficina del departamento de VIH en Cancún solo hay dos personas. Ellas se encargan únicamente de llevar estadísticas y gestionar la entrega de insumos a las asociaciones civiles mediante oficios. Todo depende de Chetumal para mover recursos”, explica Lucas.
A este cuello de botella burocrático se suma la falta crónica de atención médica especializada. A pesar de que la directora de la unidad es infectóloga, los pacientes señalan que no los atiende en consulta o que incluso se ausenta de la clínica. Aunque sí reconocieron el esfuerzo de los médicos generales, resulta indispensable que una especialista en infectología los atienda directamente a los usuarios, al ser la profesional capacitada para ajustar regímenes complejos y evitar interacciones farmacológicas severas.

“Un médico general te trata un síntoma secundario con paracetamol o ibuprofeno, fármacos que pueden chocar severamente con la terapia antirretroviral. El infectólogo sabe exactamente qué ajuste hacer, revisa si tienes llagas, problemas de circulación o fallas renales”, detalla José Martín.
Por otro lado, aunque el Capasits cuenta teóricamente con áreas de odontología, psicología y nutrición, los trámites ralentizan la atención al grado de la negligencia: a los pacientes se les exige abrir un “expediente clínico independiente” para acceder a la silla dental, lo que deriva en esperas de hasta dos meses, obligándolos a perder piezas dentales o a pagar servicios privados. A esto se añade la ausencia total de un médico geriatra para atender a la creciente población de usuarios mayores de 50 años.
El personal de salud: Afectación a los propios trabajadores
La paradoja del traslado salpica incluso al propio personal de la unidad. Trabajadores de SESA han expresado, bajo condición de anonimato, que el costo diario de transporte para llegar a la Avenida Fonatur absorberá una porción insostenible de sus sueldos. Debido a esto, ya analizan solicitar su cambio de adscripción, lo que dejaría a la clínica con una plantilla reducida y desmantelada.
La postura oficial: “Se está analizando el dónde, cuándo y cómo”
Por su parte, el secretario de Salud de Quintana Roo, Flavio Carlos Rosado, argumentó que el cambio de sede busca brindar mejores instalaciones para la población, aunque evitó dar fechas concretas o detallar un plan de movilidad para los usuarios:
“Todavía no tenemos una fecha… Se está analizando dónde, cuándo y cómo, pero es un tema que se va a hacer. Lo importante es la relación con Censida y que Quintana Roo tiene voz y voto en Conasida. En 2024 tuvimos 49,343 pruebas aplicadas y saltamos en 2025 a 70,477. Salimos a buscar el diagnóstico oportuno”.
El contexto en números: Por qué Cancún no puede fallar en prevención
| Indicador | Quintana Roo | Panorama Nacional |
|---|---|---|
| Tasa de incidencia de VIH | 1.ᵉʳ lugar nacional (56.5 a 56.8 por cada 100 mil hab.) | ~20 casos por cada 100 mil hab. |
| Nuevos casos (2026) | 767 diagnósticos (en las primeras 35 semanas) | +16,300 casos anuales |
| Mortalidad | 10.25 defunciones por cada 100 mil hab. | Alta concentración en jóvenes (20 a 34 años) |
Para los activistas y defensores de derechos humanos, la matemática de las pruebas rápidas choca de frente con la realidad operativa. Mientras el secretario de salud presume el incremento de tamizajes y la participación en mesas nacionales, la realidad en la calle refleja una desconexión profunda entre las políticas de salud pública y las necesidades cotidianas de la gente.
De nada sirve romper récords en aplicar pruebas y diagnosticar a miles de personas si, posteriormente, el lugar donde deben recoger sus antirretrovirales mes con mes se vuelve un punto inalcanzable.

