El fenómeno Therian es un movimiento juvenil que implica la identificación profunda y persistente con un animal no humano, ya sea a nivel psicológico o espiritual. Esta vivencia interna, con raíces en los foros “otherkin” de los años 90, se diferencia del furry fandom al ser una identidad y no una práctica artística o lúdica. Su reciente viralización en redes como TikTok ha encendido un debate público intenso sobre la autoidentificación y la seguridad en espacios sociales.
La palabra therian deriva de therianthropy y se popularizó en Argentina tras una ola de videos virales en plataformas como TikTok e Instagram. Quienes adoptan esta identidad no creen ser biológicamente animales; sostienen que se trata de una vivencia interna que abarca una conexión profunda con diversas especies, como lobos, perros o felinos. Para la comunidad, esto va mucho más allá del simple disfraz.
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La distinción entre therian y furry fandom
Una de las aclaraciones más importantes que realiza la comunidad Therian es la necesidad de diferenciarse del furry fandom. La confusión conceptual es recurrente, pero sus propósitos y vivencias son categóricamente distintos.
Aunque no todos los Therians se expresan de la misma manera, la adopción de comportamientos animales, como la práctica de quadrobics, es una manifestación externa común para algunos. Otros viven su identificación de forma completamente privada.
El criterio clínico: La opinión de los especialistas en salud mental
El debate sobre la identidad Therian frecuentemente se traslada al ámbito de la salud mental. Especialistas han sido claros al señalar que identificarse como Therian no constituye, por sí mismo, un diagnóstico clínico.
El enfoque profesional se centra en una evaluación crítica: si esa identificación produce sufrimiento significativo o si interfiere de forma negativa y persistente en la vida cotidiana de la persona. Si no hay un malestar asociado que impacte la funcionalidad diaria, el fenómeno se interpreta como una forma legítima de construcción subjetiva.
Este criterio es especialmente relevante en el contexto de las redes sociales, donde las identidades se exploran y se construyen con mayor libertad. El fenómeno, lejos de ser nuevo a nivel global (con raíces en los foros de los años 90 bajo el término “otherkin”), refleja el poder de las plataformas digitales para masificar discusiones que antes se limitaban a comunidades minoritarias.
Implicaciones sociales y el riesgo de agresiones
La visibilidad masiva del tema ha generado posturas encontradas, incluso dentro de espacios que defienden la diversidad sexual y la autoidentificación como expresión personal legítima. Sin embargo, el debate se intensificó en países como Argentina debido a reportes de incidentes.
En Córdoba, Argentina, se registró un incidente de agresión donde una adolescente fue perseguida y mordida por un grupo de individuos que utilizaban máscaras de lobo. Estos sucesos han suscitado serias preocupaciones sobre la seguridad en espacios públicos y han forzado una discusión necesaria sobre los límites de la expresión y la convivencia social.
Si bien Chile aún no ha registrado incidentes violentos similares, el tema es una tendencia emergente en el país. A medida que esta comunidad juvenil continúa creciendo y exponiéndose en línea, se vuelve esencial entender el fenómeno y establecer un marco legal que proteja la convivencia pacífica en el espacio público.
El debate actual no solo cuestiona las nuevas formas de interacción social en la era digital, sino que también obliga a reflexionar sobre cómo la sociedad gestiona las identidades minoritarias que surgen de la exploración psicológica o espiritual en un entorno masivo.

