La festividad del 14 de febrero conmemora a al menos tres mártires de la antigüedad que compartieron el nombre de San Valentín. La narrativa más aceptada se centra en un sacerdote de Roma ejecutado en el año 269 d.C. por orden del emperador Claudio II “el Gótico”, debido a su desobediencia al casar en secreto a soldados, desafiando el edicto imperial que prohibía a los militares contraer matrimonio. Aunque la Iglesia lo retiró del calendario litúrgico oficial en 1969 por la falta de evidencia histórica sólida, la tradición se mantiene viva por su posterior vínculo con el amor romántico y el comercio global.
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Las múltiples identidades de San Valentín
La figura histórica que da nombre al Día de los Enamorados está envuelta en misterio, un hecho que explica la decisión posterior del Vaticano de revisar su estatus. La tradición lo asocia con tres santos mártires, lo que dificulta establecer un relato único y verificable sobre sus actos de fe y sacrificio.
El mártir de Roma y el edicto imperial
La historia más difundida lo identifica como un sacerdote que residía en Roma durante el siglo III. El emperador Claudio II, conocido como “el Gótico”, había dictado una norma estricta: prohibir a los jóvenes soldados romanos contraer matrimonio, bajo la creencia de que los hombres solteros eran combatientes superiores.
Este sacerdote, Valentín, desafió las órdenes imperiales al oficiar casamientos clandestinos para estas parejas. Tras descubrir la desobediencia, Claudio II ordenó la decapitación de Valentín, suceso que, según la tradición, ocurrió el 14 de febrero del año 269. Su martirio se convirtió en un símbolo de sacrificio en nombre de la compasión y el compromiso.
Otras figuras veneradas con el mismo nombre
Existen otras dos figuras históricas que complican la identificación del santo:
- Un obispo de la ciudad de Interamna (actual Terni, Italia), cuyos restos se conservan en una basílica que lleva su nombre.
- Un tercer Valentín, quien fue obispo de Recia y es venerado especialmente en Alemania.
Tensión histórica: de la canonización al retiro litúrgico
La evolución de la festividad revela una profunda tensión entre la autoridad eclesiástica y la popularidad de la tradición. Aunque la fecha fue establecida inicialmente, la falta de datos rigurosos llevó a una decisión histórica por parte del Vaticano.
El Papa Gelasio I fue quien estableció por primera vez la festividad de San Valentín el 14 de febrero, en el año 494. Sin embargo, más de un milenio después, el Concilio Vaticano II decidió tomar medidas drásticas respecto a las festividades basadas en leyendas.
En 1969, la festividad fue formalmente eliminada del calendario litúrgico oficial de la Iglesia Católica. El motivo principal de este retiro fue la “falta de evidencia histórica sólida” sobre la existencia y los hechos concretos atribuidos a San Valentín. A pesar de esta desoficialización, la celebración logró mantenerse viva en innumerables parroquias locales y, por supuesto, en la tradición popular global.
La popularización del 14 de febrero: del apareamiento a la mercancía
La asociación directa entre San Valentín y el concepto de amor romántico no es original del siglo III, sino que se cimentó durante la Edad Media, principalmente en Inglaterra y Francia.
En estas regiones se difundió la creencia popular de que el 14 de febrero marcaba el inicio oficial de la temporada de apareamiento de los pájaros. Poetas influyentes, como Geoffrey Chaucer, contribuyeron significativamente a cimentar esta asociación a través de sus escritos, trasladando el significado de la fecha de la fe y el sacrificio a la expresión romántica.
Hoy, aunque el origen religioso ha sido eclipsado por su fuerte carácter comercial, transformándolo en una fecha de intercambio de regalos, flores y cartas de amor, existe un esfuerzo por recuperar su sentido original. En 2014, el Papa Francisco participó activamente en una celebración de San Valentín junto a miles de parejas, un gesto que buscó devolver el foco al compromiso y al verdadero significado del amor y la compasión que motivaron el sacrificio del sacerdote que desafió al Imperio Romano.
La figura de San Valentín, a pesar de las dudas históricas y el carácter legendario de su relato, persiste como un poderoso símbolo de la devoción incondicional, manteniendo su celebración como una de las tradiciones más extendidas y reconocidas a nivel mundial.

