El cierre de 2025 impulsa tradiciones ancestrales que buscan descifrar el futuro. Más allá de los rituales comunes como el uso de prendas amarillas o las doce uvas, persiste un sistema de observación empírica: las cabañuelas. Esta sabiduría, practicada por comunidades rurales y migrantes mexicanos, intenta anticipar cómo se distribuirán la lluvia y el sol durante los doce meses de 2026.
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La lógica ancestral para descifrar el tiempo
Las cabañuelas son un método ancestral que perdura a través de los años, con el cual se predice el estado del tiempo de los doce meses restantes del año. Este sistema, utilizado por comunidades rurales e indígenas, se basa en la lectura detallada y la observación meticulosa del comportamiento del cielo durante los primeros días de enero.
La fase ascendente y el pronóstico predominante
El sistema de cabañuelas opera bajo la premisa de que cada jornada de las dos primeras semanas de enero representa un mes específico del año. Quienes practican este método sostienen que:
- El comportamiento del cielo, la temperatura y el viento durante el 1 de enero define el clima predominante del primer mes (enero).
- El 2 de enero corresponde a febrero.
- El 3 de enero corresponde a marzo, y así sucesivamente hasta llegar al 12 de enero, que representaría el mes de diciembre.
En lugares como Veracruz y en todo México, las cabañuelas comienzan el 1 de enero y terminan el 12 de enero de 2026, siendo estos los días de mayor curiosidad para los observadores.
Las cabañuelas de retorno o inversas
Para muchos observadores, el proceso de pronóstico no se limita a la primera docena de días. Existe una segunda fase, que ocurre entre el 13 y el 24 de enero, denominada “cabañuelas de retorno” o inversas.
Durante este periodo, el conteo se realiza de forma descendente, con el fin de confirmar o ajustar las observaciones iniciales:
- El 13 de enero se asocia con el mes de diciembre.
- El ciclo cierra el 24 de enero, regresando al mes de enero.
En total, las cabañuelas se calculan en los primeros 24 días de enero de 2026 a través de estas etapas complementarias.
Origen y alcance geográfico de la tradición
La tradición de las cabañuelas tiene un origen milenario que se localiza en el Medio Oriente. Se cree que el término deriva de la palabra hebrea kabbalah, la cual alude a la interpretación de señales o fenómenos de la naturaleza.
Historiadores coinciden en que civilizaciones antiguas, como la babilonia, ya analizaban patrones astronómicos y meteorológicos para anticiparse al futuro, consignó El Sol de México. Tras ser perfeccionada por las culturas del Mediterráneo, esta sabiduría llegó al continente americano de la mano de los españoles. En aquel entonces, su propósito era puramente de supervivencia, ya que los agricultores dependían de estas observaciones para organizar la siembra de semillas y la cosecha de sus cultivos, en una época donde la tecnología meteorológica no existía.
Actualmente, las cabañuelas se practican en:
- España, especialmente en el centro y sur.
- La mayoría de los países de América Latina con influencia hispana, incluyendo México, Colombia, y Perú.
- Existen métodos similares en otras culturas, como en la India, donde se usan doce días de la mitad del invierno.
El arte del cabañuelista: signos más allá del cielo
Quien se dedica a este arte recibe el nombre de cabañuelista. Su tarea es descifrar el futuro climático integrando múltiples señales del entorno. Para realizar su predicción, el análisis no se limita únicamente al cielo.
Según Homeschool Spanish Academy, el cabañuelista combina factores como:
- La arquitectura de las nubes y la dirección del viento.
- Fenómenos como el rocío o la niebla.
- La etología o comportamiento animal, donde señales como el canto inusual de los gallos a pleno día, el movimiento inquieto de las orejas de las mulas o la salida repentina de hormigas son avisos determinantes de cambios atmosféricos inminentes.
Al ser un método empírico, la observación y la realización de una bitácora son las herramientas ideales para seguir con la predicción del clima, una tradición que se conserva entre veracruzanos y otras comunidades.
Contraste científico: El pronóstico versus la tradición
Si bien las cabañuelas forman parte del patrimonio cultural y del saber popular, es innegable que la meteorología contemporánea, respaldada por satélites y complejos modelos computacionales, ofrece una precisión que la observación empírica no puede alcanzar, según lo revelado por Diario Occidente.
Las autoridades meteorológicas fundamentan sus proyecciones en modelos científicos y análisis de variables atmosféricas. Al respecto, Jessica Iveth, meteoróloga de Protección Civil de Veracruz, compartió que: “Aunque no sustituyen al pronóstico meteorológico científico, forman parte del conocimiento ancestral”.
El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) de Colombia ha señalado que para el inicio de 2026 se espera que el comportamiento de las precipitaciones en las regiones Andina, Caribe y Pacífica oscile entre lo normal y niveles por encima del promedio. En contraste, las zonas de la Orinoquía y la Amazonía mantendrían registros más cercanos a sus promedios históricos. La entidad suele recalcar la importancia de consultar fuentes técnicas para la toma de decisiones, especialmente en sectores como el agropecuario.
Según reportó Caracol Radio, el instituto ha manifestado que “lo ideal es mantenerse informado en los diferentes canales del IDEAM para ver día a día cómo estará el clima tanto en diferentes días como en las diversas zonas del país”.
Contexto cultural y rituales de renovación
La observación del clima convive con una serie de prácticas que buscan atraer prosperidad o limpiar las energías tras el cierre del 2025. Además de los rituales comunes de fin de año, como los viajes simbólicos con maletas, es frecuente encontrar personas que realizan limpiezas energéticas en sus viviendas. Otros optan por escribir en papel los eventos negativos del año viejo para luego quemarlos, simbolizando un proceso de renovación y desprendimiento antes de iniciar el nuevo ciclo. En Veracruz, también se vivió el Nuevo Amanecer 2026 con menor afluencia, música y bailes grupales.
La persistencia de las cabañuelas en el ámbito rural, a pesar del cambio climático y el avance de la tecnología, subraya la profunda conexión que mantienen las comunidades con el conocimiento transmitido a lo largo de los siglos.
La supervivencia de las cabañuelas demuestra la arraigada necesidad humana de buscar patrones en la naturaleza, una herencia empírica que, si bien no iguala la precisión científica, sigue siendo un pilar cultural irremplazable para planificar el futuro agrícola. ¿Puede un conocimiento nacido en la antigua Babilonia seguir ofreciendo lecciones válidas en la era de los satélites?

