El 28 de febrero de 2026, la “Operación Verdadera Promesa 4” de Irán ha desencadenado una respuesta balística coordinada contra las principales sedes militares de Estados Unidos en el Golfo Pérsico, marcando el inicio oficial de una guerra regional con consecuencias impredecibles para la estabilidad global.
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¿Cómo se ha reconfigurado la estrategia de defensa en el Golfo Pérsico?
La ofensiva iraní, confirmada por el régimen de Teherán, ha impactado o dirigido ataques contra infraestructuras militares críticas de Estados Unidos en la región. Se ha constatado que el cuartel general de la Quinta Flota de la Armada en Manama, Bahréin, sufrió daños en un centro de servicios, con humareda visible en la costa. La estratégica base aérea de Al Udeid en Catar fue objeto de un ataque que, según reportes locales, fue frustrado o interceptado sin daños materiales graves. En los Emiratos Árabes Unidos, la base aérea de Al Dhafra en Abu Dabi registró un impacto en una zona residencial, resultando en el fallecimiento de un ciudadano asiático por restos de metralla. Finalmente, la base aérea de Al Salem en Kuwait se encuentra bajo asedio de misiles, lo que ha llevado a la declaración de estado de emergencia nacional.
El análisis técnico indica que esta acción se enmarca en una doctrina de co-beligerancia, donde Irán considera legítimos objetivos a cualquier base en la región que asista a Israel en operaciones militares. El portavoz del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas iraníes ha emitido un ultimátum claro: “Cualquier base en toda la región que ayude a Israel será nuestro objetivo”. Ante la superioridad aérea de la coalición liderada por Estados Unidos e Israel, la estrategia iraní se basa en una respuesta asimétrica, utilizando un vasto arsenal de misiles balísticos y drones suicidas para saturar las defensas aéreas como los sistemas Patriot y THAAD.
¿Qué trayectoria de escalada se observa en la última semana y qué proyecciones se manejan?
La tensión en la región se volvió insostenible tras el colapso de las negociaciones en Ginebra. Entre el 24 y el 26 de febrero, Irán denunció “grandes mentiras” de la administración Trump sobre su programa nuclear y advirtió de un “golpe firme”. El 27 de febrero, satélites de inteligencia detectaron movimientos masivos de lanzadores de misiles móviles en el centro de Irán, señalando una preparación para una ofensiva. La madrugada del 28 de febrero marcó el inicio del bombardeo conjunto de Estados Unidos e Israel contra centros de mando en Teherán e Isfahán, lo que precipitó la “Operación Verdadera Promesa 4”.
Para los próximos siete días, la Guardia Revolucionaria ha advertido que la ofensiva actual es solo el comienzo, anticipándose una segunda ola de ataques, especialmente contra infraestructuras energéticas si Estados Unidos escala la confrontación. Se prevé el cierre de espacios aéreos, con aerolíneas europeas y regionales manteniendo la suspensión de vuelos a Dubái, Riad y Tel Aviv, lo que convierte al Golfo en una “zona de exclusión” aérea de facto. A nivel internacional, se espera una condena dividida por parte de la ONU, mientras la crisis humanitaria en ciudades como Minab, donde se reportó un ataque a una escuela, incrementa la presión social.
¿Cuáles son los desafíos técnicos y las implicaciones económicas inmediatas?
A pesar de la intensidad de los ataques, se han observado factores mitigantes. Catar y Jordania han reportado la eficacia de interceptación, logrando el derribo exitoso de gran parte de los proyectiles iraníes, lo que ha evitado, por el momento, una cifra masiva de bajas civiles en sus territorios. Además, el personal militar estadounidense en la región opera bajo protocolos de búnker y alerta máxima, lo que ha limitado las fatalidades directas.
No obstante, los factores adversos presentan desafíos significativos. La Guardia Revolucionaria afirma haber causado 200 víctimas (muertos y heridos) en las bases, una cifra que el Pentágono aún no valida, pero que ya está incendiando el sentimiento nacionalista en Irán, lo que se interpreta como una táctica de guerra psicológica. La inestabilidad del mercado es una preocupación primordial, ya que la amenaza al Estrecho de Ormuz pone en riesgo el 20% del petróleo mundial, lo que ha disparado la inflación global en tiempo récord.
Para los residentes en el Golfo, se recomienda seguir estrictamente las instrucciones de las autoridades de defensa civil de Bahréin, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, dado el riesgo extremadamente alto de caída de metralla de interceptores en zonas urbanas. El sector energético debe activar planes de contingencia ante un posible desabastecimiento prolongado y una volatilidad extrema en los precios del crudo.
“Si deciden repetir experiencias pasadas… sin duda probarán el golpe firme de la nación iraní.” — Esmaeil Baqaei, Portavoz de Exteriores de Irán (febrero 2026).

