Claves de la noticia:
- Kantunilkín y la tuberculosis bovina : Puede transmitirse a humanos; la resistencia de algunos ganaderos es un foco de peligro sanitario.
- Saldo Blanco: En la primera fase, 4,500 reses de 95 ranchos dieron negativo, obteniendo certificados de “Hato Libre”.
- Segunda Fase: Se abre una última oportunidad para que productores rezagados regularicen sus ranchos y eviten sanciones o bloqueos comerciales.
KANTUNILKÍN, QR.- El sector ganadero de Lázaro Cárdenas se encuentra en una encrucijada sanitaria. Mientras la Asociación Ganadera Local celebra el éxito de haber certificado 4,500 cabezas de ganado como libres de tuberculosis, una sombra de incertidumbre persiste: la resistencia de un grupo de productores a transparentar sus hatos.
Esta negativa no solo es un reto administrativo, sino una potencial amenaza de salud pública, debido a la naturaleza zoonótica de la enfermedad.
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La presidenta de la asociación, Romualda Ruiz Herrera, confirmó que se ha puesto en marcha una segunda etapa del barrido sanitario, diseñada específicamente para integrar a aquellos que quedaron fuera de la primera fase. El objetivo es claro: evitar que un solo animal infectado eche por tierra el prestigio sanitario que la región ha construido con esfuerzo.
El peligro invisible de la zoonosis
El trasfondo de esta campaña no es meramente comercial. La tuberculosis bovina es una enfermedad infectocontagiosa crónica que, de no ser controlada, puede saltar del ganado al ser humano a través del consumo de productos lácteos no pasteurizados o el contacto directo con animales enfermos.
“Es un tema de salud y de responsabilidad social”, enfatizó Ruiz Herrera. La detección oportuna mediante la inoculación TBR (Tuberculina Bovina) es la única herramienta técnica confiable para garantizar que la carne y la leche que salen de los ranchos de Kantunilkín sean aptas para el consumo humano y no representen un riesgo de contagio masivo.
Un éxito que se ve amenazado
Los resultados de la primera etapa del barrido son ejemplares. Se atendieron 95 ranchos estratégicos, logrando la inspección de 4,500 ejemplares. Tras las pruebas de laboratorio y los periodos de observación, el resultado fue un “saldo blanco”: ni un solo animal presentó reactividad a la bacteria.
Gracias a este cumplimiento, estos productores ya cuentan con los dictámenes oficiales que los acreditan como libres de tuberculosis. Este documento es, en la práctica, un pasaporte de valor: permite que el ganado se venda a mejores precios y que pueda ser movilizado por las carreteras del estado y el país sin el temor de ser retenido en las casetas fitosanitarias.
Sin embargo, el éxito de estos 95 ranchos se ve empañado por la falta de cooperación de otros propietarios. La presidenta reconoció que la resistencia para integrarse al programa persiste, una actitud que califica como un “obstáculo para el progreso común”.

La estrategia de la segunda fase: Regularización total
Ante este escenario, la Asociación Ganadera ha decidido abrir una ventana de oportunidad definitiva. En esta segunda vuelta, se busca realizar no solo la prueba de detección, sino un proceso integral que incluye el areteo y la inoculación.
El areteo es una pieza clave en la seguridad ganadera, ya que permite la trazabilidad del animal desde su nacimiento hasta su sacrificio. En un contexto de creciente preocupación por el abigeato y el comercio ilegal de carne, tener un hato debidamente identificado es la mejor defensa legal para el pequeño productor.
“Estamos haciendo un llamado enérgico a sumarse. El programa representa un respaldo institucional y técnico que, de manera particular, tendría un costo elevado para el bolsillo del ranchero”, señaló la líder ganadera.
Requisitos y logística para los productores
Para facilitar el acceso y vencer la apatía, la asociación ha reducido los requisitos a datos esenciales que no comprometen la privacidad del propietario, sino que facilitan la logística de los médicos veterinarios encargados de la prueba. Los interesados deben acudir a las oficinas de la asociación o contactar a los delegados locales proporcionando:
- Nombre del rancho y ubicación exacta: Crucial para trazar las rutas de las brigadas sanitarias.
- Identificación del propietario: Para la emisión de los certificados de libertad de enfermedad.
- Censo detallado: Se deben reportar vacas, toros, sementales, e incluso animales jóvenes como destetes y becerros, ya que la bacteria no distingue edades.
Hacia un estatus de excelencia
El horizonte para Kantunilkín es alcanzar el estatus de Zona Libre, lo que abriría las puertas a mercados de exportación internacionales. Sin embargo, para las autoridades ganaderas, el primer paso es la protección local. Un solo rancho que se niegue a la inspección puede actuar como un reservorio de la enfermedad, poniendo en peligro a los ranchos colindantes que ya hicieron la inversión de sanear sus hatos.
La segunda etapa del barrido sanitario ya está en curso y las brigadas se encuentran listas para visitar las rutas más alejadas de la región. La meta es ambiciosa: que al cierre de este ciclo, Kantunilkín pueda declararse un territorio impenetrable para la tuberculosis bovina.

