En la comunidad de Sacalaca, José María Morelos, se observa un notable resurgimiento del cultivo de achiote, impulsado por apoyos productivos y una significativa mejora en su valor comercial. Esta reactivación revierte un periodo de años de producción detenida, atribuido a la falta de mercado y precios históricamente bajos.
Cómo la volatilidad de precios impacta la sostenibilidad agrícola regional
La trayectoria de la industria agrícola en regiones como José María Morelos revela que la sostenibilidad de los cultivos tradicionales está intrínsecamente ligada a la estabilidad y rentabilidad del mercado. La experiencia de productores de Sacalaca, como Severiano Uicab, confirma que el abandono del cultivo de achiote se debió directamente a la inviabilidad económica. Se ha documentado que los precios de dos pesos por kilogramo, o la ausencia total de demanda, hacían inviable la producción, llevando al deterioro de los cultivos y la pérdida de la materia prima. Esta situación, común en trayectorias de industria, provocó la migración de campesinos hacia destinos turísticos en busca de empleo, resultando en el abandono de tierras por periodos prolongados.
Qué dinámicas de mercado impulsan el renovado interés en el cultivo de achiote

Actualmente, el panorama de mercado ha experimentado una transformación, con precios que oscilan entre 50 y 55 pesos por kilogramo, lo cual ha revitalizado el interés en la siembra del achiote. El análisis técnico indica que esta revalorización ha generado un nuevo incentivo económico para los productores. Se ha constatado que existen programas de compra establecidos para el producto, lo que proporciona una mayor certidumbre a los agricultores. La evidencia empírica demuestra que la viabilidad económica es el principal motor para la continuidad de las actividades agrícolas, restaurando el ánimo y la motivación en la comunidad productora.
Cuáles son las estrategias de diversificación y los desafíos persistentes en la producción agrícola
En paralelo a la reactivación del achiote, se observa una tendencia hacia la diversificación de parcelas con cultivos como la pitaya y especies forestales, aunque estos proyectos se encuentran en fases iniciales de implementación. La introducción de la pitaya, por ejemplo, representa una iniciativa reciente, con expectativas de cosecha para el próximo ciclo agrícola. Esta estrategia de diversificación es una respuesta común en el sector para mitigar riesgos asociados a la dependencia de un único cultivo. A pesar de la motivación generada por precios competitivos, persisten desafíos técnicos como las plagas y la inherente incertidumbre del mercado, factores que requieren una gestión continua y el desarrollo de soluciones avanzadas para asegurar la resiliencia a largo plazo de la producción agrícola en la región.

