Claves de la noticia:
- Chiquilá, en emergencia sanitaria: La falta de control de la fauna callejera ha derivado en un problema de salud pública debido a la dispersión de desechos durante la sequía.
- Inseguridad vial y física: Se reportan ataques diarios y un incremento en el riesgo de accidentes para motociclistas y ciclistas.
- Conflicto social: El alcalde denuncia que ciudadanos impiden acciones de control bajo amenazas legales, pero nadie se hace responsable de los daños.
CHIQUILÁ, QR.– El puerto de Chiquilá, principal punto de acceso hacia la isla de Holbox, enfrenta una crisis silenciosa que comienza a hacer mella en la vida cotidiana de sus habitantes. El alcalde de la comunidad, Jairo Naín Pérez Coral, reconoció de manera abierta que actualmente no existe un mecanismo de control efectivo sobre la cantidad de perros que deambulan por las calles, una situación que ha escalado hasta convertirse en un foco rojo de salud pública y seguridad.
La problemática, que ha crecido de manera exponencial en los últimos meses, no solo afecta la imagen del puerto ante el turismo, sino que vulnera la integridad física de las familias locales. Ante este panorama, el edil ha solicitado formalmente la intervención de las áreas de Bienestar Animal estatales y municipales para diseñar estrategias urgentes que permitan mitigar el impacto de la sobrepoblación canina.
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Un peligro invisible: Salud y temporada de sequía
Uno de los puntos más críticos señalados por Pérez Coral es el impacto ambiental y sanitario durante la actual temporada de sequía. Con las altas temperaturas y la ausencia de lluvias, las heces fecales acumuladas en las vialidades se deshidratan y se pulverizan.
“El problema se vuelve aún más serio ahora. Las heces son levantadas por las ráfagas de viento y terminan siendo respiradas o depositadas en alimentos, lo que representa un riesgo inminente de enfermedades gastrointestinales para los habitantes”, explicó el alcalde.
Esta situación preocupa especialmente a los sectores más vulnerables de la población, como niños y adultos mayores, quienes están más expuestos a las infecciones bacterianas y parasitarias que se transmiten de forma aérea en entornos con saneamiento deficiente.
Vialidad y ataques: El riesgo en las calles
Más allá de la salud, la seguridad física de los transeúntes es otra de las preocupaciones centrales del ayuntamiento de Chiquilá. Según el reporte de las autoridades locales, la presencia masiva de canes en la vía pública ha alterado la movilidad urbana.
El alcalde destacó que los perros suelen atravesarse de manera repentina en el camino de ciclistas y motociclistas, los medios de transporte más comunes en la zona. Esta conducta animal ya ha provocado diversos incidentes viales que, aunque menores hasta ahora, mantienen a la población en constante estado de alerta.
Sumado a esto, Pérez Coral reveló una estadística alarmante: prácticamente a diario la alcaldía recibe reportes de personas que han sido víctimas de agresiones por parte de perros. “Afortunadamente, hasta el momento no hemos tenido que lamentar consecuencias graves o ataques fatales, pero la frecuencia con la que ocurren nos indica que es una bomba de tiempo”, sentenció el edil.

El vacío de responsabilidad y el conflicto legal
Uno de los mayores obstáculos para resolver esta crisis es la falta de responsabilidad por parte de los dueños y la ambigüedad en la tenencia de los animales. El alcalde lamentó que, en una gran mayoría de los casos de agresión o accidentes, nadie se hace responsable del animal involucrado, alegando que son perros “de la calle”.
Sin embargo, el conflicto se agudiza cuando la autoridad intenta intervenir. Pérez Coral señaló que, paradójicamente, cuando se busca implementar medidas de control o se investigan casos de maltrato, aparecen personas que aseguran ser los protectores de los animales.
“Resulta contradictorio. Cuando el perro causa un problema, no tiene dueño; pero cuando intentamos intervenir para poner orden o por situaciones de bienestar, surgen ciudadanos que incluso amenazan con presentar denuncias formales contra la autoridad”, comentó. Esta resistencia civil, sumada a la falta de un censo real de mascotas, ha frenado las acciones de esterilización y resguardo necesarias para sanear el puerto.
Un llamado a la acción conjunta
La administración local de Chiquilá insiste en que la solución no puede ser unilateral. Se requiere de un esfuerzo coordinado donde la comunidad acepte su cuota de responsabilidad en la tenencia responsable de mascotas y donde las instituciones de Bienestar Animal provean los recursos técnicos para campañas de castración masiva y educación.
El objetivo, concluyó Pérez Coral, no es eliminar a los animales, sino garantizar que el puerto de Chiquilá sea un lugar seguro y limpio tanto para sus habitantes como para la fauna que en él habita. Mientras tanto, la comunidad permanece a la espera de una respuesta institucional que ponga fin a la incertidumbre que hoy deambula por sus calles.

