KANTUNILKÍN, QR.– La historia de César Escamilla Gijón retrata la trayectoria de un boleador de zapatos que ha construido su sustento a partir del trabajo manual. Originario del estado de Oaxaca, desde la infancia se vinculó con el ilustrado y boleado de calzado, actividad que inició a los seis años y que con el tiempo se consolidó como su principal fuente de ingresos.
En entrevista con Ruptura360, explicó que antes de ejercer de manera continua como boleador de zapatos, intentó emprender un negocio de comida mediante la instalación de una taquería. El proyecto no resultó viable debido a la carga fiscal y otros gastos operativos, por lo que se vio obligado a buscar alternativas para mantener a su familia.
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Hace aproximadamente 20 años llegó a Kantunilkín, comunidad del municipio de Lázaro Cárdenas, y decidió retomar el oficio tradicional urbano que aprendió desde niño. Se estableció frente al parque principal, donde comenzó a ofrecer el servicio de boleado de calzado y, con el tiempo, ganó la confianza de la población por la constancia en su trabajo.

Boleador de zapatos amplía servicios para mantenerse activo
Ante las necesidades de sus clientes, amplió sus servicios e incorporó la costura y reparación de calzado, lo que fortaleció su actividad dentro del trabajo informal familiar. Señaló que existen temporadas con menor ingreso, aunque la constancia ha sido determinante para mantenerse activo.
“Lo más importante es trabajar de manera honesta y dar un buen servicio”, expresó Escamilla Gijón, quien afirmó que esa práctica le ha permitido establecer relaciones duraderas con clientes y vecinos.



Boleador de zapatos encuentra motivación en su familia
El boleador de zapatos compartió que su principal motivación es su familia, en especial su hijo, quien depende directamente de él debido a una discapacidad intelectual derivada de un problema de salud. Esta responsabilidad, dijo, lo impulsa a continuar con su labor diaria.
La trayectoria de César Escamilla refleja la aportación de quienes participan en el trabajo informal familiar, al contribuir al entorno social y económico mediante un oficio tradicional urbano que permanece vigente.

