El camino hacia el Super Bowl LX en la Conferencia Americana fue una batalla épica, definida más por el clima extremo y la estrategia defensiva que por los grandes ataques. Los New England Patriots aseguraron su boleto a la gran final al vencer 10-7 a los Denver Broncos en el Empower Field at Mile High, bajo una intensa nevada. Este triunfo no solo marca el regreso de los Pats al juego por el título tras siete años, sino que también subraya la importancia de tener una defensa capaz de anular a un rival de peso, que además lidió con la ausencia determinante de su mariscal de campo estelar, Bo Nix.
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Análisis de un campeonato condicionado: la victoria defensiva
El pronóstico no falló: se anticipaba un partido con pocos puntos, y lo que se vivió en Colorado fue, esencialmente, dos partidos en uno. El primero se jugó antes de la nevada, y el segundo se disputó bajo la intensidad del temporal, pero ambos tuvieron un denominador común: la absoluta superioridad de las defensas.
En la previa, el contexto era clave. Los Denver Broncos, que habían sido el primer sembrado de la AFC tras una campaña de 14-3, enfrentaron el encuentro sin su pilar ofensivo. El quarterback titular, Bo Nix, quedó fuera tras sufrir una fractura de tobillo en la penúltima jugada del tiempo extra en el juego divisional ante los Buffalo Bills, una lesión que requirió intervención quirúrgica.
El traje de mariscal de campo recayó en Jarrett Stidham, un exjugador de los Patriots y de los Raiders de Las Vegas. Por su parte, Nueva Inglaterra llegaba a la final como segundo sembrado (también 14-3 en temporada regular), pero con dudas sobre el funcionamiento ofensivo que habían mostrado una semana antes ante los Houston Texans.
La ofensiva frustrada de los Broncos
El encuentro comenzó con ventaja para los locales. Tras un despeje corto de los Patriots, los Broncos lograron una excelente línea de inicio. Stidham concretó un pase excelente de 55 yardas, lo que puso a los de Colorado cerca de la zona de anotación. La primera (y única) anotación de Denver llegó inmediatamente después con otro pase de Stidham a Courtland Sutton, en un envío de seis yardas. El punto extra de Wil Lutz puso el marcador 7-0.
A partir de ahí, la defensiva de Nueva Inglaterra tomó el control absoluto del juego, anulando cualquier intento de avance de Denver.
La disciplina y el carácter de Nueva Inglaterra
Los Patriots no pudieron responder de inmediato. Su ofensiva tuvo problemas toda la tarde para correr el balón, y su joven quarterback, Drake Maye, se mostró errático y falto de lectura ante una presión constante. La ventaja de los Broncos pudo ser mayor, pues estuvieron en posición de anotar al menos tres puntos más, pero la defensa de los Pats forzó un intercambio de balón.
El punto de inflexión llegó antes del descanso:
- El regalo de Stidham: Cuando el ataque de los Patriots ya pedía el mediotiempo a gritos para realizar ajustes, Stidham no supo manejar la presión y regaló el balón a 12 yardas de su propia zona de anotación.
- El empate: Los Patriots aprovecharon el error rival. Tras un pase a Boutte y una corrida del mariscal de campo, Drake Maye anotó un touchdown terrestre de seis yardas. El punto extra de Alejandro Borregales empató el juego 7-7.
El marcador se definió en la primera jugada del tercer cuarto. Los Patriots avanzaron 64 yardas en esa serie ofensiva, aunque tuvieron que conformarse con un gol de campo de 23 yardas de Borregales, suficiente para el 10-7 definitivo.
A partir de ese momento, la intensa nevada dificultó cualquier intento de pase, carrera o gol de campo. El juego se convirtió en una trinchera dominada por los tackles y la férrea disciplina defensiva de los Pats.
Las jugadas clave en la nieve
Dos jugadas defensivas sellaron el triunfo de los Patriots:
- El bloqueo: En el último cuarto, Leonard Taylor III, recién activado del practice squad, bloqueó un intento de gol de campo de tres puntos de Denver, manteniendo la ventaja mínima.
- La intercepción final: El triunfo quedó sellado con una intercepción clave de Christian Gonzalez y, posteriormente, una conversión por tierra de Maye en tercera oportunidad.
El mariscal de campo Drake Maye, quien finalizó con 86 yardas por aire y una anotación terrestre, destacó la dureza del encuentro: “No fue un juego bonito, pero sí un juego de carácter. Sabíamos que con disciplina y paciencia iba a llegar nuestra oportunidad”.
De la decadencia a la gloria: el renacer de los Patriots
Esta es una resurrección notable para el equipo de Nueva Inglaterra, que había naufragado visiblemente desde el último año de Tom Brady en la franquicia. El año pasado, terminaron con un desastroso récord de 13 derrotas en 17 partidos y en el último lugar de su división.
El cambio llegó con la contratación de Mike Vrabel como entrenador en jefe. Con ajustes excelentemente identificados en el equipo, los Patriots se transformaron en un equipo de 14 victorias, campeones divisionales y de conferencia. Ahora, vuelven a disputar el trofeo Vince Lombardi por primera vez desde 2019, con la posibilidad de convertirse en la primera franquicia en ganar siete campeonatos.
La dupla de Vrabel y Maye se convierte en la primera de entrenador en jefe y quarterback en Nueva Inglaterra en llegar al Super Bowl desde la icónica era de Bill Belichick y Tom Brady.
Panorama rumbo al Super Bowl LX
Con esta victoria, los Patriots avanzan al Super Bowl LX, que se disputará el domingo 8 de febrero en el Levi’s Stadium, ubicado en Santa Clara, California, la casa de los 49ers de San Francisco.
Su rival será el vencedor del cruce de la Conferencia Nacional (NFC) entre los Seattle Seahawks y los Los Angeles Rams. Las proyecciones en este momento colocan a los Seattle Seahawks como ligero favorito al título, seguidos por Los Angeles Rams, y finalmente, los Patriots de Nueva Inglaterra.
Este Super Bowl LX será la prueba definitiva para los renovados Patriots. ¿Podrá la defensa que se impuso a los Broncos de Denver repetir la hazaña en Santa Clara, o la historia de redención se quedará a medio camino frente al vencedor entre los Seahawks y los Rams.

