El escalador Alex Honnold, famoso por redefinir los límites del riesgo en la roca, se enfrenta ahora a la arquitectura moderna: escalar los 508 metros del rascacielos Taipei 101 en Taiwán. Lo hará en solo integral (sin cuerdas) y será transmitido en riguroso directo por Netflix, un evento que ha desatado una intensa polémica sobre la ética de emitir un posible accidente fatal al momento, transformando el deporte extremo en entretenimiento global de alto voltaje.
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Taipei 101: la arquitectura vertical y la dificultad del 6b
El Taipei 101, un edificio de 101 plantas situado en la capital de Taiwán, fue el rascacielos más elevado del planeta hasta 2009. Ahora, aunque “parece pequeño” comparado con gigantes como el Burj Khalifa de 828 metros en Dubai, su desafío para Honnold reside en su verticalidad ininterrumpida.
Honnold ha señalado que esta característica lo hace “interesante, diferente, luego emocionante”, a diferencia de las paredes naturales que a menudo tienen tramos no completamente verticales. La ascensión, denominada Skyscraper Live, moviliza a la comunidad escaladora y a miles de personas que incluso han apostado a través de Polymarket sobre la posibilidad de que el escalador complete la hazaña, estimando un tiempo de subida de unos 75 minutos.
Un cambio en la dificultad técnica
Para la comunidad escaladora, este reto es técnicamente más sencillo que sus ascensos más conocidos. La dificultad estimada en el Taipei 101 no supera el 6b en la escala de dificultad en roca. Esto contrasta enormemente con la ruta Freerider en El Capitán, en Yosemite, donde Honnold se enfrentó a un largo de 7c (la escala máxima actual alcanza el 9c).
Aunque la escalada del Taipei 101 sea técnicamente menos exigente, Honnold la describe como “físicamente exigente” debido a la naturaleza repetitiva de la estructura de vidrio, acero y hormigón. El diseño del rascacielos, con segmentos apilados estilo “caja de bambú” y balcones cada ocho pisos, le proporcionará puntos de reposo regulares, que son equivalentes a las etapas de una escalada en roca. De hecho, Honnold ya escaló partes del edificio autoasegurado a una cuerda, sin usar siquiera pies de gato y calzando zapatillas de aproximación.
El aplazamiento del evento y los horarios definitivos
La subida estaba originalmente programada para la madrugada del viernes al sábado (2:00, horario peninsular español). Sin embargo, fue pospuesta por cuestiones climáticas. La nueva fecha de ascensión se fijó para el domingo 25 de enero a las 9:00 de la mañana, hora local en la capital taiwanesa.
La transmisión para España comenzará a las 2:00 a.m. del domingo 25 de enero. Los horarios para Latinoamérica, que se iniciarán el sábado 24 de enero, son los siguientes:
- México (CDMX), Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica: 7:00 p.m.
- Colombia, Perú, Ecuador, Panamá: 8:00 p.m.
- Venezuela, Bolivia, República Dominicana, Puerto Rico: 9:00 p.m.
- Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay: 10:00 p.m.
El precedente del “spiderman francés” y la visión escéptica
No es la primera vez que un rascacielos se convierte en campo de juego. Alain Robert, conocido como el “Spiderman francés”, escaló el Taipei 101 en 2004, incluso antes de que estuviera terminado. No obstante, Robert tuvo que usar cuerda ese día porque llovía y el edificio estaba sucio.
Alain Robert es un fortísimo escalador de roca con solos integrales en vías de 8b de dificultad. Se labró una carrera escalando emblemáticos edificios, casi siempre sin permiso, lo que le ha valido más de un centenar de detenciones y varias visitas al hospital. Robert, quien ha sufrido tantas fracturas que ni siquiera puede enumerarlas, respalda a Honnold, declarando que “ya ha definido sus límites” y asegurando que no existe ni una “en cien millones de posibilidades” de que sea su última escalada. Para Robert, enfrentarse a la muerte es algo inherente a la vida.
La ética del riesgo en directo y la polémica de netflix
El hecho de que Netflix sea el canal emisor de este evento sin cuerda ha disparado el morbo. Netflix, aunque no inventa nada nuevo—las ascensiones en roca de algunos pioneros ya se emitieron en Estados Unidos en los años 70—, luce como emblema de la globalización del streaming al alcanzar una audiencia masiva, poco avisada de los peligros reales del solo integral.
La preocupación central es que, si algo falla, los espectadores verán la muerte de una persona en directo. Algunas voces señalan que la emisión podría generar un efecto de imitación, aunque la comunidad escaladora considera que esto no es probable, dado que el porcentaje de escaladores que practican el solo integral es ínfimo.
Las críticas desde fuera del deporte han sido intensas. Un columnista del Wall Street Journal calificó el evento como “voyeurista, macabro e irresponsable”, recordando el reciente fallecimiento de un influencer durante una escalada por TikTok. Incluso Saturday Night Live ironizó sobre los dilemas morales de mostrar estas proezas en tiempo real.
En los gimnasios de escalada de Taipéi, la gente está polarizada. Mientras algunos, como el aficionado Chien Ai, prefieren no ver la transmisión, confesando a The Guardian que “no quiero presenciar algo que no debería”, otros ven en el desafío una oportunidad para que Taiwán gane notoriedad. Yang Tse-hsiao, un instructor, lamentó que el interés comercial prevalezca: “Si cae, el precio es enorme”.
El manejo del miedo y el enfoque de Honnold
Alex Honnold minimiza la diferencia entre escalar el rascacielos y sus hazañas previas en roca. En su pódcast Climbing Gold, relató: “Te acercas a la base, saltas al edificio, subes hasta la cima. Sin cuerdas. Sin equipo. Sin margen de error”.
Su vida íntimamente ligada a la escalada sin cuerda trascendió las fronteras del mundillo tras protagonizar el documental Free Solo, premiado con un Oscar en 2019, que documentó su ascensión a la ruta Freerider al Capitán. Tras aquello, se generó un mito de que su cerebro no generaba la alerta del miedo. Él mismo se encargó de desmentir que fuera una suerte de marciano. Honnold ha aclarado que había pasado tanto miedo a lo largo de los años que, simplemente, había aprendido a manejarlo.
La psicóloga deportiva Jamie Shapiro, entrevistada por The Guardian, subrayó la clave mental: “No se pueden prever todos los retos, pero sí confiar en el entrenamiento y la competencia. Honnold tiene la experiencia suficiente para mantenerse sereno si surge lo inesperado”.
No obstante, el alpinista alemán Alex Huber, también acostumbrado a prescindir de la cuerda, recuerda que, aunque “será una hazaña impresionante”, estará “muy alejada de lo que significa la escalada” en la roca.
Netflix, que funge como productor junto al escalador, está normalizando una situación que conlleva el riesgo de muerte en directo y coloca al espectador como cómplice. Los productores informaron a The Guardian que la seguridad del evento incluirá una transmisión con 10 segundos de retardo, precisamente para cortar la emisión ante cualquier incidente. El panel de expertos que acompañará la transmisión incluirá escaladores de élite, una exconductora de ESPN, un campeón de lucha libre y un ingeniero de la NASA convertido en youtuber, quienes contextualizarán el intento.
La historia del solo integral está marcada por tragedias. La propia referencia de Honnold en su niñez, John Bachar, murió realizando ejercicios de escalada sin cuerda. Un pequeño agarre que se rompe, un pie que pierde adherencia o un canto húmedo: las causas para el desastre sobran. Por ello, conviene no banalizar lo que hará Honnold. Aunque el reto deportivo sea inferior a lo que acostumbra, sigue siendo un ejercicio que muy pocos escaladores de élite podrían acometer. Cuando despegue del suelo, no solo arrancará un show, sino que se jugará su vida.
¿Estamos ante el límite del espectáculo en la era del streaming, donde el riesgo real se convierte en mercancía, o es simplemente la manifestación más visible de la eterna búsqueda humana por trascender los límites físicos? El debate sobre la moralidad de la transmisión en vivo de un acto tan peligroso se mantendrá mucho después de que Honnold toque la cima del Taipei 101.

