CARACAS, Vezla.- Tras más de una década aferrado al poder, Nicolás Maduro, el sucesor designado por Hugo Chávez, fue capturado por fuerzas de Estados Unidos. Esta operación militar relámpago, bajo acusaciones de narcoterrorismo, no solo pone fin a su mandato de casi 13 años, sino que marca un precedente histórico y tenso en América Latina al ser el primer jefe de Estado en ejercicio en ser trasladado para enfrentar un juicio en suelo estadounidense.
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La operación militar que puso fin a un mandato de una década
La aprehensión de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, ocurrió durante una operación militar relámpago que tuvo lugar un sábado. Este evento se produjo meses después de que la administración de Donald Trump incrementara la presencia militar en el Caribe y advirtiera sobre un ataque.
El presidente estadounidense, Donald Trump, confirmó la captura, asegurando que Nicolás Maduro y Flores habían sido sacados del país tras un ataque “a gran escala”. La operación fue ejecutada por la Fuerza Delta del ejército estadounidense, su principal unidad antiterrorista, según reportes del socio de la BBC en Estados Unidos, CBS.
Trump ofreció pocos detalles sobre la logística, pero indicó que la operación había sido retrasada cuatro días debido a que “el clima no era perfecto” y que Nicolás Maduro fue detenido en una “casa que parecía más una fortaleza que una vivienda”, con “acero sólido por todas partes”. Aunque no creía que hubieran muerto soldados estadounidenses, reveló que un par de efectivos “resultaron heridos, pero regresaron y se supone que están en bastante buen estado”.
El senador republicano Mike Lee, tras hablar con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, indicó que el exmandatario enfrentaría un juicio en el país, y que Rubio “no anticipa más acciones en Venezuela ya que Nicolás Maduro está bajo custodia en Estados Unidos”.
Acusaciones: el Cártel de los Soles y el precedente histórico
La fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, confirmó que tanto Nicolás Maduro como su esposa, Cilia Flores, fueron acusados formalmente en el Distrito Sur de Nueva York. Las acusaciones contra Maduro son graves e incluyen múltiples cargos por delitos:
- Conspiración de narcoterrorismo.
- Conspiración para importar cocaína a Estados Unidos.
- Posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos.
- Conspiración para poseer ametralladoras y dispositivos destructivos contra Estados Unidos.
La fiscal Bondi aseguró que pronto “enfrentarán todo el peso de la justicia estadounidense en suelo estadounidense y en tribunales estadounidenses”.
Estados Unidos acusa a Nicolás Maduro y a miembros de su círculo cercano de liderar el “Cártel de los Soles”, una supuesta organización designada como terrorista que estaría basada en las Fuerzas Armadas de Venezuela y vinculada al tráfico internacional de cocaína.
Este proceso marca un precedente histórico, ya que nunca antes un jefe de Estado en ejercicio había sido trasladado para enfrentar un juicio de esta naturaleza en Estados Unidos. La administración Trump sostiene que nadie está por encima de la ley.
El despliegue bélico y los objetivos atacados en Caracas
La operación de captura estuvo precedida por una serie de explosiones en la madrugada, alrededor de las 02:00 (hora local), en distintos puntos de Caracas, con columnas de humo visibles sobre la ciudad.
Según el senador Mike Lee, los ataques contra bases militares fueron “llevados a cabo para proteger y defender a quienes ejecutaban la orden de captura”.
La unidad de BBC Verify confirmó que varios sitios clave en la capital venezolana y sus alrededores fueron atacados:
- Base Aérea Generalísimo Francisco de Miranda (La Carlota): Se observaron dos columnas de humo y una explosión.
- Fuerte Tiuna: El principal complejo militar de Caracas reportó daños a vehículos e incendios, con firmas de calor detectadas por satélites de la NASA.
- Puerto de La Guaira: Principal salida de Caracas al mar Caribe, ubicado en el estado Miranda, con varias columnas de humo.
- Aeropuerto de Higuerote: También en el estado Miranda, donde se filmaron destellos repetidos en el suelo, posibles señales de explosiones secundarias.
También se reportaron ataques en los estados de Miranda, Aragua y La Guaira.
La reacción del gobierno venezolano
Tras los sucesos, el gobierno de Venezuela exigió una “prueba de vida inmediata” de Nicolás Maduro y su esposa, pues desconocían su paradero, según declaró la vicepresidenta, Delcy Rodríguez.
El ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, afirmó que los ataques habían golpeado áreas civiles y declaró que el gobierno estaba recopilando información sobre posibles heridos o muertos. Venezuela desplegó sus fuerzas armadas, declaró una emergencia nacional y emitió una declaración oficial denunciando la “gravísima agresión militar”.
El gobierno venezolano acusó a Estados Unidos de amenazar la paz y la estabilidad internacional, describiendo el ataque como un intento de “apoderarse de los recursos estratégicos de Venezuela, en particular de su petróleo y minerales”, y aseguró reservarse el derecho a la legítima defensa.
La supervivencia de Maduro y su ruta al autoritarismo
Nicolás Maduro, quien sustituyó a Hugo Chávez en 2013, sobrevivió por más de una década al frente de un país en crisis. Él se convirtió en la persona que más años estuvo al frente de Venezuela después de Chávez y el dictador Juan Vicente Gómez (quien murió en 1935).
La elección de Chávez y el ascenso del excanciller
La historia turbulenta de Nicolás Maduro arrancó formalmente el 8 de diciembre de 2012, cuando Hugo Chávez, gravemente enfermo de cáncer, lo nombró sucesor. Chávez hizo una declaración televisada, firme y absoluta, para que eligieran a Maduro en el escenario de una convocatoria electoral.
El líder fallecido elogió a Nicolás Maduro, a quien conoció cuando estaba en la cárcel de Yare, alabando su “don de gentes” y llamándolo “un revolucionario a carta cabal”. Entonces, a sus 49 años, Nicolás Maduro ya había sido presidente del Parlamento, canciller y vicepresidente. A algunos les sorprendió su nombramiento por delante de figuras como Diosdado Cabello o Rafael Ramírez.
Chávez vio en Nicolás Maduro al civil pragmático, con capacidad de negociación, que debía continuar la revolución bolivariana. A pesar de su ascenso, fue constantemente subestimado. Sus rivales lo llamaban “Maburro”, lo que él usó como arma a su favor.
La crisis económica y el bloqueo institucional
La tarea de Nicolás Maduro tras asumir la presidencia en 2013 fue hercúlea, no solo por intentar suplir el carisma de Chávez, sino por afrontar el panorama económico que ya mostraba señales de desaceleración en los precios del petróleo. Sin embargo, el excanciller no fue el reformista prometido.
En 2014, el desplome del petróleo detonó la terrible crisis que ha provocado el éxodo de casi 8 millones de venezolanos. Durante su mandato, la inacción gubernamental fue criticada por analistas y las tareas de gestión se delegaron a altos mandos del Ejército, a quienes se encomendó la importación de alimentos y la dirección de la petrolera estatal PDVSA.
La primera supervivencia de Nicolás Maduro llegó en 2015, cuando la opositora Mesa de la Unidad Democrática logró una amplia mayoría de 107 escaños en las elecciones a la Asamblea Nacional (AN). El oficialismo respondió nombrando nuevos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en diciembre de 2015, institución que procedió a bloquear la AN:
- Se suspendió la toma de posesión de tres diputados indígenas.
- Se declaró a la AN en desacato, invalidando todas sus decisiones.
Figuras emblemáticas del chavismo, como la entonces fiscal general Luisa Ortega Díaz, rompieron con el gobierno. En 2017, el TSJ emitió una sentencia que le adjudicaba las facultades de la AN, lo que la oposición denunció como un “golpe de Estado”. Aunque el TSJ corrigió la sentencia 72 horas después, el malestar desató una oleada de protestas que dejó unos 120 muertos. El gobierno logró desactivar la oposición con la convocatoria de elecciones regionales y una Asamblea Nacional Constituyente “plenipotenciaria” en 2017.
La cuenta atrás: Guaidó, el Nobel de la Paz y la ofensiva de Trump
En enero de 2019, la juramentación de Nicolás Maduro para un segundo mandato (tras las elecciones de 2018 consideradas fraudulentas) disparó un proceso inédito. El opositor Juan Guaidó, presidente de la AN, se declaró “presidente encargado” de Venezuela, apoyándose en el artículo 233 de la Constitución que prevé la vacante absoluta. Recibió el reconocimiento de más de medio centenar de países.
El reconocimiento a Guaidó vino acompañado de la máxima presión de Estados Unidos, que impuso sanciones sobre la industria petrolera venezolana, lo que llevó a la caída drástica de la producción (por debajo de los 500.000 barriles diarios) y la pérdida del control de activos millonarios en el extranjero, como la petrolera Citgo o 30 toneladas de oro en el Banco de Inglaterra. El intento de fracturar el apoyo militar en abril de 2019 fracasó, y el gobierno interino de Guaidó menguó lentamente.
El retorno de la mano dura
Desde el 28 de julio de 2024, una serie de acontecimientos aceleraron el fin del mandato de Maduro. Aunque el CNE lo declaró ganador de las elecciones presidenciales, la oposición divulgó actas que mostraban como claro vencedor a Edmundo González Urrutia. La posterior represión y encarcelamiento de más de 2.000 personas llevó al exilio de González Urrutia a España.
La líder de la oposición, María Corina Machado, tuvo que vivir más de un año en la clandestinidad, saliendo en diciembre de 2025 para recoger el Premio Nobel de la Paz en Oslo.
Con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en enero de 2025, la estrategia cambió radicalmente hacia una mano dura contra el narcotráfico. La administración trumpista acusó a Nicolás Maduro de liderar el Cártel de los Soles.
Estados Unidos desplegó lo que Trump llamó “la mayor armada jamás reunida en la historia de Sudamérica”, que incluye al portaviones USS Gerald S. Ford, buques de guerra, un submarino nuclear y una fuerza de unos 15.000 efectivos.
Este despliegue ha estado atacando lanchas, supuestamente cargadas de drogas, con un saldo de al menos 110 personas muertas, acciones criticadas por defensores de los derechos humanos como “ejecuciones extrajudiciales”. Este desenlace, con la captura de un presidente en funciones por fuerzas estadounidenses para ser juzgado en Nueva York, recuerda inevitablemente a la captura del presidente Manuel Antonio Noriega en Panamá en enero de 1990.

