domingo, enero 4, 2026

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La ingeniería de la supervivencia de Nicolás Maduro: Más de una década en el poder

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CARACAS, Vezla.- Nicolás Maduro ha sido presidente de Venezuela por más de once años. Tras asumir el cargo en 2013, luego del fallecimiento de Hugo Chávez, su mandato se ha extendido en medio de una profunda crisis económica, polarización política y crecientes controversias internacionales, llevando al país a un colapso.

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La ascendencia al poder y la sombra de Chávez

Nicolás Maduro, de 63 años, asumió la presidencia interina de Venezuela en marzo de 2013, tras la muerte de su mentor, Hugo Chávez. Maduro, un exlíder sindical de trabajadores del transporte y fervoroso defensor del chavismo, había servido como vicepresidente de Chávez entre octubre de 2012 y marzo de 2013.

Su carrera política despegó tras hacer campaña por la liberación de Chávez en 1992, quien estaba encarcelado por liderar un intento fallido de golpe de Estado. Posteriormente, Nicolás Maduro fue miembro de la Asamblea Nacional Constituyente que reescribió la Constitución en 1999.

Nicolás Maduro, de líder sindical a vicepresidente

En el año 2000, Nicolás Maduro se unió a la Asamblea Nacional unicameral. Fue reelegido en 2005 y presidió el organismo hasta 2006, cuando fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores. En este cargo, trabajó para impulsar los objetivos de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), y mantuvo relaciones amistosas con líderes mundiales como Muamar el Gadafi, Robert Mugabe y Mahmud Ahmadineyad.

El perfil de Nicolás Maduro creció a medida que la salud de Chávez se deterioraba. En octubre de 2012, tras el triunfo de Chávez en las elecciones presidenciales, Nicolás Maduro asumió la vicepresidencia. Antes de partir para una cirugía en Cuba en diciembre de 2012, Chávez lo designó como su sucesor predilecto.

La elección extraordinaria de 2013 y el margen cerrado

El 5 de marzo de 2013, Nicolás Maduro anunció la muerte de Hugo Chávez. Siendo presidente interino, se enfrentó a Henrique Capriles en las elecciones extraordinarias del 14 de abril de 2013.

  • Maduro, como candidato del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), ganó la contienda con el 50.61% de los votos.
  • Capriles, de la oposición agrupada en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), obtuvo el 49.12% de los votos.
  • La diferencia, según datos de CNN, fue de 223,599 votos.

Capriles denunció irregularidades, pero el Consejo Nacional Electoral optó por realizar una auditoría parcial de las papeletas. Nicolás Maduro juró como presidente el 19 de abril de 2013. Posteriormente, fue reelegido en 2018 para un segundo período, una votación envuelta en controversia que no obtuvo el reconocimiento de algunos países y organismos internacionales.

Anatomía del chavismo: por qué Nicolás Maduro resiste al colapso

Tras 20 años en el gobierno, el chavismo ha logrado la cohesión interna suficiente para concentrar fuerzas en torno al liderazgo que Chávez legó a Nicolás Maduro, asegurando la lealtad de las Fuerzas Armadas e implementando métodos de control sociopolítico que neutralizan la independencia de las instituciones del Estado.

El deterioro de la infraestructura estatal y la crisis humanitaria

El gobierno de Nicolás Maduro se ha visto marcado por una profunda crisis económica, que ha llevado a un grave deterioro de la infraestructura:

  • Apagones: En 2018 se contaron por miles, llegando a durar más de 48 horas. Las fallas eléctricas son achacadas por el gobierno a sabotajes, mientras que sindicatos denuncian la falta de mantenimiento.
  • Sanidad: La drástica reducción de campañas de prevención ha provocado epidemias de enfermedades que se consideraban erradicadas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló que Venezuela ha experimentado el mayor incremento de casos de malaria en el mundo.
  • Transporte: La hiperinflación ha provocado que alrededor del 80% de la flota de transporte urbano esté paralizada. Los ciudadanos esperan horas o viajan hacinados en camiones de carga.

La asfixia económica: hiperinflación y supervivencia

La hiperinflación que el Fondo Monetario Internacional (FMI) previó de diez millones por ciento al cierre de 2018 ha impactado directamente en la calidad de vida:

  • La producción nacional de alimentos se ha reducido al punto de cubrir solo el 25% de la demanda, provocando una escasez de productos básicos que supera el 70%.
  • Son necesarios 25 salarios mínimos para cubrir los gastos mensuales de alimentación básica de una familia.
  • En un intento por contrarrestar la hiperinflación, el gobierno anunció la reconversión del cono monetario (la segunda en una década) y un aumento del salario mínimo (el quinto en menos de un año) a mediados de 2018, pero el impacto en el poder adquisitivo fue negativo.

La evidencia más dramática de la crisis es el éxodo: más de tres millones de venezolanos abandonaron el país entre 2015 y 2018, según ACNUR.

El control institucional y la alineación de las fuerzas armadas

El triunfo de la MUD en las elecciones parlamentarias de 2015, cuando ganaron la mayoría en la Asamblea Nacional (AN), supuso la primera vez que el chavismo perdió la mayoría en la cámara. Sin embargo, con el resto de los poderes públicos infiltrados por el ejecutivo, la cámara quedó inoperante.

La anulación del poder judicial y la ANC

El poder judicial ha sido un instrumento clave del gobierno para anular a la Asamblea Nacional. Antes de ceder el poder, la mayoría chavista saliente designó a 13 de los 32 magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ).

  • El TSJ obstaculizó o anuló repetidamente las decisiones de la Asamblea.
  • En marzo de 2017, el Tribunal declaró “en desacato” a la AN y se atribuyó el ejercicio de sus funciones.

Posteriormente, se nombró la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), un poder plenipotenciario promovido por Nicolás Maduro y convocado sin seguir los procedimientos constitucionales. La ANC ha consolidado la ausencia de independencia de las instituciones, designando de facto a figuras clave como Tarek William Saab, quien fuera diputado del PSUV, como Fiscal General de la República.

El brazo armado de la revolución

El apoyo del sector militar constituye un aspecto clave de la cohesión interna. Chávez, desde 1999, justificó el protagonismo castrense subrayando el carácter cívico-militar de la revolución socialista.

La administración de Nicolás Maduro ha profundizado la incorporación del segmento militar en la gestión estatal en áreas estratégicas y de elevada rentabilidad, donde gozan de autonomía administrativa:

  • La presidencia de la empresa estatal de petróleo (PDVSA) está dirigida por militares.
  • Los ministerios del Interior, Agricultura, Vivienda y Alimentación son dirigidos por militares.
  • Se han incorporado en la gestión de negocios emergentes, como la minería de oro y diamantes.

Esta política de incentivos se complementa con una de represión, pues, según la organización Justicia Venezolana, en 2018 fueron detenidos 60 funcionarios militares sin investigación previa en su contra.

El sofisticado aparato de control sociopolítico

A partir de su debilidad electoral, el chavismo perfeccionó los mecanismos de clientelismo político y coerción tecnológica.

El clientelismo del hambre y el carnet de la patria

La estrategia de control social se basa en la distribución de alimentos subsidiados casa por casa a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). Estos se han convertido en el principal programa social del Gobierno.

  • El Carnet de la Patria, un documento de identidad paralelo creado en 2017, se ha vuelto indispensable para acceder a ciertas ayudas.
  • La severa crisis socioeconómica contribuye a la eficacia de los CLAP: “a más hambre, más desesperación, y quien controla los alimentos controla el hambre y controla a los hambrientos”, según el dirigente de la MUD, Jesús Torrealba.

Este andamiaje organizacional ha mantenido una relativa eficacia para movilizar el respaldo al gobierno, logrando convencer a cerca de 6,300,000 electores a su favor en las últimas elecciones presidenciales. Este control fue calificado por Michael Penfold como “el nuevo leviatán venezolano”.

La consolidación de la hegemonía comunicacional

Para establecer una “hegemonía comunicacional e informativa”, el gobierno ha restringido severamente a los medios críticos.

  • Entre 2013 y 2018 se forzó el cierre de 41 medios impresos a través del monopolio del papel.
  • Se ha revocado o denegado la renovación de concesiones a decenas de emisoras de radio y canales de televisión.
  • Se eliminaron de las parrillas de televisión por suscripción a varias cadenas extranjeras, como CNN y la colombiana Caracol, acusadas de sesgo antigubernamental.

Además, Nicolás Maduro ha continuado la tradición de las “cadenas nacionales” obligatorias. En 2017, acumuló 250 horas de discursos de transmisión obligatoria, asegurando que la población que no tiene acceso a televisión por suscripción no pueda escapar de la propaganda gubernamental.

La oposición: errores estratégicos y el futuro incierto

La oposición, un conglomerado diverso y disperso, cometió errores clave en la lucha política tras ganar la AN en 2015.

Al constatar su debilidad electoral, el chavismo paralizó el referendo revocatorio y postergó injustificadamente las elecciones regionales mediante el control del poder judicial. Con estas decisiones, el gobierno evidenció que no permitiría elecciones realmente competitivas.

  • La oposición sobreestimó su fortaleza electoral, suponiendo que la mayoría de 2015 era sólida y consistente.
  • Ignoró la deriva autoritaria del adversario.
  • Al bloquearse las vías constitucionales, la MUD optó por la protesta callejera, donde el Gobierno logró controlarla mediante la represión y el uso de la fuerza. La Guardia Nacional Bolivariana usó armas de fuego, bombas lacrimógenas y esferas de vidrio contra los manifestantes en 2017, según informes de Amnistía Internacional y la ONU.

El fracaso de la movilización pareció instalar en la conciencia colectiva la sensación de que el cambio político es casi imposible, adoptando la “desesperanza aprendida”.

Tensión geopolítica y el panorama de 2025

El pasado 28 de julio de 2024, millones de venezolanos salieron a las urnas para elegir entre diez candidatos para el actual periodo presidencial (2025 – 2031). Se trataba de la primera vez en una década que un candidato de la oposición contaba con una posibilidad razonable para poner fin al dominio del chavismo.

Mientras tanto, Nicolás Maduro enfrenta tensiones internacionales, especialmente con Estados Unidos, cuyo gobierno lo ha acusado de presidir un narcogobierno. La Fuente 3 menciona que, desde hace varios meses, ha tenido días complicados, y se especula si Donald Trump utilizaría la fuerza, la amenaza o la diplomacia en diciembre de 2025 para buscar su derrocamiento, una situación que incluye el envío de una flota de buques y la destrucción de embarcaciones presuntamente usadas para el tráfico de drogas.

El sistema que ha mantenido a Nicolás Maduro en el poder por más de una década es una compleja red de control estatal, cohesión militar y dependencia social, donde la crisis económica funciona paradójicamente como una herramienta de coacción. Con la última elección presidencial del 28 de julio de 2024 y las especulaciones sobre la postura de Estados Unidos para 2025, el futuro de Venezuela parece seguir atrapado entre la desesperanza interna y las tensiones geopolíticas que definieron el mandato chavista.

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La ingeniería de la supervivencia de Nicolás Maduro: Más de una década en el poder

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