Tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y su traslado a Nueva York, el panorama político en Caracas ha cambiado drásticamente. Delcy Rodríguez fue nombrada presidenta interina, pero su mandato nace bajo la sombra de una grave amenaza de Donald Trump, condicionada por el petróleo venezolano.
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Una transición marcada por la tensión y el arresto de nicolás maduro
La ascensión de Delcy Rodríguez a la presidencia interina se produjo en un contexto de máxima volatilidad. Tras una operación militar en Caracas por parte de fuerzas estadounidenses, Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron trasladados fuera del país. Ambos enfrentarán cargos en Nueva York por narcotráfico y terrorismo, con el juicio de Maduro programado para comenzar el lunes 5 de enero.
Rodríguez fue confirmada en su cargo por el Tribunal Supremo de Justicia y recibió el respaldo de los mandos militares venezolanos. Sin embargo, su confirmación inmediata fue seguida por un ultimátum del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
El mandatario estadounidense, en una entrevista con la revista The Atlantic, advirtió a Rodríguez que, si no coopera con Washington y no “hace lo correcto”, enfrentará un “precio muy alto”.
- Amenaza directa: Trump afirmó que las consecuencias para Rodríguez podrían ser incluso mayores a las que enfrenta Maduro, quien está actualmente detenido en Estados Unidos.
- Reacción inicial: Horas después de la captura, Rodríguez calificó la operación estadounidense como un “secuestro ilegal e ilegítimo” y defendió que Venezuela no “va a ser colonia de nadie”, reiterando que Maduro es el único presidente legítimo.
El doble discurso de washington: amenaza y reconocimiento
La postura de Donald Trump frente a Delcy Rodríguez mostró un contraste significativo en sus declaraciones públicas emitidas durante el mismo fin de semana, revelando la estrategia de doble vía de Washington.
El sábado, en una conferencia de prensa, Trump se mostró conciliador y de reconocimiento hacia la nueva líder:
- Aseguró que Rodríguez era la interlocutora válida para el proceso de transición en Venezuela.
- La calificó como la “heredera legítima” en ausencia de Maduro.
- Afirmó que ella estaba “esencialmente dispuesta a hacer lo que creemos que es necesario para hacer Venezuela grande de nuevo”.
No obstante, el domingo 4 de enero, el tono cambió radicalmente en la entrevista telefónica con The Atlantic, donde se emitió la amenaza de que a Rodríguez le podría ir “peor que a Maduro”.
Las advertencias de Trump coincidieron con las declaraciones del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, quien dijo ese mismo domingo que Rodríguez “es alguien con quien se puede trabajar”, a diferencia del depuesto presidente venezolano, quien, según él, rompía todos los acuerdos hechos con Washington.
El petróleo en el centro de la negociación condicionada
La justificación de la intervención por parte de Donald Trump se centró en la necesidad de “reconstruir” a Venezuela, a la que calificó como un “país fallido” sumido en una profunda crisis política y económica.
La cooperación de Estados Unidos con el gobierno interino de Venezuela, sin embargo, se encuentra condicionada por intereses económicos específicos. De acuerdo con el presidente estadounidense, un punto clave es:
- Acceso a la inversión: Abrir el acceso a la inversión estadounidense en las reservas petroleras venezolanas, consideradas las más grandes del mundo.
Trump defendió la operación como exitosa, insistiendo en que “reconstruir” la nación es preferible al escenario actual, argumentando que no podía ser peor. Aunque en el pasado había criticado los cambios de régimen impulsados por Estados Unidos, aseguró que en el caso venezolano la intervención era necesaria.
Patrones históricos: la negación de irak
Ante el espectro de una intervención extranjera, Trump se apresuró a negar cualquier paralelismo con operaciones pasadas de Estados Unidos en la región.
El presidente afirmó que lo que estaban iniciando en Venezuela no era comparable con la invasión y posterior ocupación de Irak en 2003, ocurrida durante la presidencia de George W. Bush. Trump insistió en que él no fue responsable de Irak, calificando ese evento como el “comienzo del desastre de Oriente Medio” y señalando que nunca debieron haber entrado allí.
Mientras Washington busca establecer las condiciones para la cooperación, Delcy Rodríguez ha asegurado que el país está preparado para defender sus recursos naturales frente a lo que califica como una agresión externa, dejando claro que la tensión entre ambos países se centra en la soberanía de las reservas de crudo.
La espectacular captura de Nicolás Maduro abrió la puerta a una transición que, lejos de la estabilidad, opera bajo una estricta condicionalidad económica impuesta por la superpotencia del norte. La presidencia interina de Delcy Rodríguez comienza así en un tenso balance entre el reconocimiento diplomático y la amenaza de un “precio muy alto” si el recurso energético más grande del mundo no se negocia bajo los términos de Washington. ¿Será Venezuela la nueva prueba de fuego del intervencionismo justificado como “reconstrucción”?

