El expríncipe Andrés fue arrestado este jueves en su residencia de Wood Farm por presunta conducta indebida en cargo público tras filtrarse correos que lo vinculan con Jeffrey Epstein.
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El fin de la impunidad en Sandringham
La detención de Andrés Mountbatten-Windsor, anteriormente conocido como el Duque de York, marca un punto de inflexión sin precedentes en la historia moderna de la monarquía británica. La operación, ejecutada por la Thames Valley Police con el apoyo de ocho agentes vestidos de civil, se produjo en la mañana de este jueves, coincidiendo con el 66º cumpleaños del exmiembro de la realeza.
Este movimiento judicial no es una casualidad. Responde a la presión acumulada tras la desclasificación de más de tres millones de páginas de documentos por parte del Departamento de Justicia de los Estados Unidos el pasado mes de enero. Los archivos han expuesto una red de comunicaciones que va mucho más allá de la relación personal, sugiriendo un uso indebido de sus funciones oficiales como enviado de comercio del Reino Unido.
Los correos que exponen la traición al cargo público
La base del arresto reside en la evidencia de que, entre 2010 y 2011, Andrés utilizó su posición como enviado especial para el Comercio Internacional e Inversiones para beneficiar potencialmente a Jeffrey Epstein. Los documentos revelan una cadena de correos electrónicos donde el entonces príncipe compartía informes confidenciales sobre misiones comerciales en el sudeste asiático.
En un correo específico fechado el 30 de noviembre de 2010, Andrés reenvió informes oficiales sobre oportunidades de inversión en Singapur, Hong Kong y Vietnam a Epstein, apenas minutos después de haberlos recibido de su asesor especial, Amit Patel. La intención declarada por el exroyal en esos mensajes era buscar los “comentarios, puntos de vista o ideas” del pederasta convicto sobre a quién más podría mostrar esos datos para atraer interés.
Cronología de la filtración y acciones legales
Evidencia visual y testimonios en los nuevos archivos
Además de la trama de espionaje comercial, los nuevos archivos incluyen material gráfico que ha socavado cualquier intento de defensa pública. Se han difundido fotografías donde Andrés aparece a cuatro patas sobre una mujer no identificada cuya identidad permanece bajo reserva. Aunque estas imágenes no prueban un delito per se, han servido para que la opinión pública y el propio Rey Carlos III retiren cualquier apoyo restante.
El Palacio de Buckingham ha tomado una postura de distanciamiento radical. Fuentes oficiales indicaron que el monarca siente una “profunda preocupación” por las revelaciones. El Primer Ministro, Keir Starmer, reforzó esta postura al declarar que “nadie está por encima de la ley”, instando a cualquier persona con información relevante a testificar ante las autoridades.
Implicaciones demográficas y sociales del escándalo
El análisis de la respuesta social ante el arresto muestra una división marcada por factores generacionales y socioeconómicos en el Reino Unido. La confianza en la institución monárquica ha registrado mínimos históricos, especialmente entre los grupos que demandan transparencia institucional total.
- Grupos de edad joven (18-34): Un 78% apoya el procesamiento penal inmediato de Mountbatten-Windsor.
- Sectores vulnerables: Las víctimas de trata, representadas por figuras como Spencer Kuvin, exigen que la justicia británica facilite la extradición o el testimonio de Andrés ante el Congreso de los Estados Unidos.
- Instituciones civiles: El grupo Republic ha capitalizado el descontento, vinculando la conducta del exroyal con una falla sistémica en la supervisión de los fondos y roles públicos asignados a la familia real.
La detención de este jueves no solo busca esclarecer si hubo una violación de la Ley de Secretos Oficiales, sino que también pone a prueba la capacidad del sistema judicial británico para procesar a un individuo que, hasta hace poco, gozaba de inmunidad de facto por su linaje. La pregunta ahora no es si Andrés conocía las actividades de Epstein, sino cuánta información del Estado británico terminó en manos de una red criminal internacional.

