CDMX.- Desafiando los parámetros de su época con base en puro trabajo y un talento innegable, María Victoria Gutiérrez Cervantes celebra hoy 26 de febrero su cumpleaños número 99. Aunque en internet circula el año 1923 como su fecha de nacimiento, su hija mayor, María Esther “Teté”, aclara que la verdadera fecha es 1927, marcando casi un siglo de una vida que pasó de las carpas populares a la inmortalidad en el cine y la televisión.
Llamada en su momento “vampiresa” y “sirena”, la intérprete de la inolvidable Inocencia de la Concepción en La criada bien criada no tuvo un camino sencillo. Fue vetada por la entonces Liga de la Decencia debido a su estilo sugerente y sus vestidos “a rás”, diseñados por Julio Chávez, que se ajustaban al cuerpo como una segunda piel. Sin embargo, lo que comenzó como una crítica se convirtió en su sello distintivo: el famoso “pujidito” al cantar y una elegancia que cautivó a las masas.
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María Victoria: Una vida de trabajo y resiliencia
Más allá de los escenarios, la vida de María Victoria ha sido una historia de fortaleza. Trabajadora desde los nueve años, enfrentó la viudez en 1974 tras la muerte repentina de su esposo, el locutor y cantante Rubén Zepeda Novelo. A partir de entonces, volcó su dolor en el trabajo para sacar adelante a sus hijos como madre autónoma.
“He admirado mucho a mi mamá por el respeto que se tiene ella y el respeto que le tiene al público”, confiesa Teté en entrevista. “Ella nunca se negó a un autógrafo o una foto; siempre decía: ‘me debo a ellos'”.

Del Teatro Margo a la eternidad
Nacida en Guadalajara, Jalisco, María Victoria rompió tabúes al llegar al emblemático centro nocturno El Patio y al Teatro Margo (hoy Teatro Blanquita). En este último, su figura quedó inmortalizada en una estatua que recuerda sus años de gloria en el teatro de revista, donde compartió créditos con figuras como Pérez Prado, Pedro Vargas y Resortes.
Su trayectoria en el cine de la Época de Oro la llevó a trabajar con directores como Ismael Rodríguez y actores de la talla de Pedro Infante y Antonio Aguilar. A pesar de su éxito, siempre mantuvo los pies en la tierra, rasgo que hoy inculca a sus nietos, quienes siguen sus pasos en la música con el proyecto Cumbia Pedregal.
El presente de la Diva
Hoy, María Victoria descansa en su hogar, alejada de las entrevistas pero llena de fe. Devota de la Virgen de Guadalupe —a quien le cantó Las Mañanitas durante décadas—, ocupa su tiempo escuchando música de sus compadres José Alfredo Jiménez y Hugo Avendaño a través de su dispositivo Alexa, y disfrutando de las visitas de amigas entrañables como Luz María Aguilar e Irma Dorantes.
Aunque proyectos para una serie biográfica quedaron en pausa por la pandemia, la actriz asegura con su característico humor que no habría mucho que contar porque “no ha dado escándalos”. Para México, sin embargo, su vida es el testimonio de una mujer que supo estar “en el fuego sin saber quemarse”. (Con información de Excelsior y El Universal)

