La película Frankenstein del cineasta mexicano Guillermo del Toro consolidó su autoridad visual al obtener los premios a Mejor Maquillaje y Peinado y Mejor Diseño de Vestuario en la 98.ª edición de los Premios Oscar, destacando por una propuesta estética que prioriza el trabajo humano sobre los efectos digitales.
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El renacimiento del terror gótico en la gran pantalla
La ceremonia celebrada este 15 de marzo en el Dolby Theatre confirmó que la apuesta por lo tangible sigue teniendo un valor incalculable para la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. La producción de Guillermo del Toro logró imponerse en categorías fundamentales para la construcción de atmósferas, transformando el relato clásico de Mary Shelley en una experiencia sensorial que los especialistas han calificado como una “tragedia humana” visualizada a través de la piel y la tela.
Este éxito no es casualidad, sino el resultado de una filosofía de producción que el director ha defendido con firmeza: una película hecha a mano de escala épica. Al evitar el uso de inteligencia artificial o CGI para la creación de sus personajes, el equipo técnico logró una conexión orgánica con el espectador que difícilmente se alcanza con algoritmos.
La metamorfosis de Jacob Elordi y el doble reto de Mia Goth
Uno de los hitos que inclinó la balanza hacia el premio de Mejor Maquillaje y Peinado fue la impresionante caracterización de la Criatura, interpretada por Jacob Elordi. El proceso detrás de cámaras revela una logística de alta precisión: el actor se sometía a sesiones de hasta 11 horas diarias de maquillaje, donde se aplicaban 42 piezas de prótesis de silicona ultradelgada, distribuidas estratégicamente para permitir que la gesticulación real de Elordi transmitiera la emoción necesaria sin filtros digitales.
El equipo liderado por Mike Hill, Jordan Samuel y Cliona Furey utilizó pigmentos especializados para imitar con exactitud el tejido humano, logrando que el “monstruo” no fuera una figura genérica, sino un ser con profundidad expresiva. Mike Hill, encargado de modelar los prostéticos, describió al grupo de creadores como “muchos Victor Frankensteins en el set”, subrayando la naturaleza colaborativa y artesanal del proyecto.
Otro aspecto que sorprendió a la audiencia fue la versatilidad lograda con Mia Goth. Gracias a la pericia del departamento de caracterización, la actriz interpretó dos roles distintos: la madre del doctor Víctor Frankenstein y, posteriormente, a Elizabeth, su novia. El trabajo fue tan meticuloso que gran parte del público no percibió de inmediato que se trataba de la misma intérprete, validando la capacidad del equipo para rediseñar la identidad física de los actores.
El hilo narrativo de Kate Hawley conquista el vestuario
El primer galardón de la noche para la cinta llegó de la mano de la editora Anna Wintour, quien entregó la estatuilla a Mejor Diseño de Vestuario a Kate Hawley. La diseñadora fue la responsable de traducir la visión de Del Toro en prendas que no solo vestían a los personajes, sino que contaban su historia y su origen social dentro de la narrativa decimonónica.
En esta categoría, Frankenstein superó a competidores de alto nivel técnico y presupuestario. La propuesta de Hawley fue evaluada por su coherencia estética y su capacidad para integrarse con los sets monumentales de la película. Entre las producciones que quedaron en el camino se encuentran:
- Avatar: Fuego y Ceniza: Con el diseño de Deborah L. Scott.
- Los Pecadores (Sinners): Con el trabajo de Ruth E. Carter.
- Hamnet: Diseñada por Malgosia Turzanska.
- Marty Supreme: Con el vestuario de Miyako Bellizzi.
Un legado de excelencia técnica para el cine mexicano
Con estos dos nuevos Oscar, Guillermo del Toro suma hitos a una trayectoria que ya cuenta con estatuillas por La Forma del Agua y Pinocho. La victoria en categorías técnicas como maquillaje y vestuario refuerza la posición del cineasta como un arquitecto de mundos donde la utilería, los decorados y la caracterización física son los verdaderos protagonistas.
La competencia en la categoría de maquillaje también fue reñida, enfrentándose a equipos de cintas como Kokuho, The Smashing Machine, The Ugly Stepsister y nuevamente Sinners. Sin embargo, la complejidad de las prótesis de silicona y la negativa a usar CGI convencional posicionaron a Frankenstein como la obra maestra técnica del año 2026.

