La industria musical, a menudo percibida como un ámbito de entretenimiento y expresión artística, no es inmune a las repercusiones de la violencia social. Un ejemplo contundente de esta vulnerabilidad se manifestó recientemente con el grupo de regional mexicano Línea M, cuya camioneta de trabajo y equipo musical fueron robados e incendiados en el contexto de los bloqueos y la ola de violencia desatada en Jalisco tras la presunta muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Este incidente subraya la fragilidad de los artistas y sus medios de subsistencia frente a eventos de inseguridad que trascienden el ámbito del crimen organizado.
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El incidente: robo e incendio en medio del caos
El suceso que afectó a Línea M ocurrió el domingo 22 de febrero de 2026, en un periodo de intensa inestabilidad en varias carreteras de Jalisco y otras entidades del occidente del país. La agrupación, originaria de Mazatlán, Sinaloa, regresaba de una presentación en la Ciudad de México y se dirigía a su ciudad natal cuando fue interceptada en la carretera. Individuos armados obligaron a los músicos a descender de su vehículo, una camioneta que no solo era su medio de transporte, sino también su principal herramienta de trabajo, conteniendo todos sus instrumentos y equipo de grabación y audio. Tras despojarlos de la unidad, esta fue incendiada, resultando en la pérdida total de su valioso equipo.
Los integrantes de Línea M, a pesar del impacto emocional y material, confirmaron que se encontraban bien físicamente y sin lesiones. A través de sus redes sociales, compartieron la lamentable noticia con sus seguidores, expresando una profunda tristeza e impotencia ante la situación. Este evento los obligó a “empezar de cero” en su carrera musical, un testimonio de la devastación que la violencia puede infligir en la trayectoria de artistas emergentes.
Contexto de los bloqueos: la presunta muerte de “El Mencho”
La ola de violencia y los bloqueos carreteros que sirvieron de telón de fondo para el ataque a Línea M fueron una respuesta directa a un operativo encabezado por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) en Tapalpa, Jalisco. Las autoridades federales confirmaron la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes durante su traslado a la Ciudad de México, lo que desató una reacción en cadena por parte del CJNG.
Los bloqueos se extendieron por diversos puntos de Jalisco, incluyendo la Zona Metropolitana de Guadalajara, y afectaron a al menos 20 entidades federativas, con un registro de 252 bloqueos en total. Esta jornada de violencia incluyó vehículos incendiados, enfrentamientos y una paralización significativa de la economía local, con cierres de gasolineras, suspensión del transporte público y desalojo de plazas comerciales. La situación generó una “psicosis colectiva” y un “domingo de terror” en la región, con un saldo preliminar de al menos 12 personas fallecidas, incluyendo autoridades y civiles.
Repercusiones para el grupo Línea M y la industria musical
La pérdida de la camioneta y el equipo musical representa un golpe devastador para Línea M. Para un grupo de regional mexicano, estos elementos son fundamentales para sus presentaciones en vivo, grabaciones y giras, constituyendo la base de su sustento y desarrollo artístico. La necesidad de “empezar de cero” implica una inversión considerable de tiempo y recursos para reemplazar lo perdido, lo que puede retrasar su progreso y afectar su capacidad para generar ingresos.
Este incidente también pone de manifiesto la vulnerabilidad de los artistas y sus equipos de trabajo que transitan por carreteras en zonas afectadas por la inseguridad. La movilidad es esencial para la industria musical, y la amenaza de la violencia en las vías representa un riesgo constante para quienes dependen de ella para llevar su arte a diferentes públicos.
La respuesta y el futuro
Tras el ataque, los integrantes de Línea M lograron subirse a un camión de colegas para continuar su viaje, demostrando la solidaridad dentro del gremio musical. A pesar de la adversidad, la agrupación manifestó su determinación de seguir adelante, agradeciendo el apoyo de sus seguidores y deseando seguridad para todos.
El caso de Línea M es un recordatorio de que la violencia en México tiene un impacto multifacético, afectando no solo a las comunidades directamente involucradas en los conflictos, sino también a sectores como el cultural y artístico. La resiliencia de grupos como Línea M, que buscan reconstruir su camino a pesar de las pérdidas, es un testimonio de la pasión por la música y la perseverancia frente a la adversidad. Sin embargo, también resalta la urgencia de abordar las causas profundas de la inseguridad para proteger a todos los ciudadanos, incluyendo a aquellos que, a través de su arte, contribuyen al tejido cultural del país.

