El mundo del séptimo arte está de luto. El legendario director, guionista y productor húngaro Béla Tarr, considerado uno de los mayores exponentes del cine contemplativo y el “Slow cinema”, falleció el martes 6 de enero de 2026 a los 70 años de edad. Su muerte, ocurrida tras enfrentar una larga y grave enfermedad, fue anunciada por la agencia de prensa MTI, citando una declaración del director Bence Fliegauf en nombre de la familia.
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El último maestro del cine contemplativo: adiós a Béla Tarr
La noticia del deceso fue confirmada también por la asociación de cineastas húngaros, quienes indicaron: “Con profunda tristeza anunciamos que el director Béla Tarr ha fallecido a primera hora de esta mañana tras una larga y grave enfermedad”. Tarr deja un vacío irreemplazable en la cinematografía europea, siendo un símbolo de una manera de encarar el cine con elegancia, riesgo y profundidad. El maestro del cine húngaro fue un estatus conseguido con apenas una ventana de trabajos detrás de las cámaras.
Incluso el alcalde de Budapest reaccionó a la pérdida en un comunicado, elogiando su amor por “lo que es esencial en el ser humano: la dignidad humana” y reaccionando contundentemente: “Ha muerto el hombre más libre que he conocido”.
Un legado de blancos y negros y planos secuencia inabarcables
La carrera de Béla Tarr estuvo marcada por un estilo visual inconfundible y radical, que le valió el apodo de “el Tarkovski húngaro”, en referencia al cineasta ruso Andréi Tarkovski. También fue considerado heredero de la obra del italiano Michelangelo Antonioni.
Su estética, caracterizada por su “lenguaje propio”, se basó en:
- El uso magistral del blanco y negro (tan bello en lo pictórico como desolador en su manifestación).
- Planos secuencia que desafiaron las convenciones temporales del cine moderno.
- Una fotografía “gris y fría” que retrata paisajes desolados.
- Una mirada distante, poética e inconformista.
Tarr siempre defendió que la pantalla tenía que mostrar personas reales y auténticas de una manera honesta y sencilla, al contrario de lo impuesto por los cánones de Hollywood. Su filosofía de resistencia se resumía en su provocadora frase a la industria: “Decidle a la industria audiovisual que se joda, porque matará vuestra imaginación, vuestra libertad. Os querrán domesticar como a una mascota que es parte del sistema. Así que debéis estar fuera del sistema. Y podréis ser más revolucionarios que yo”.
La trilogía Krasznahorkai: el análisis de la desolación postcomunista
La obra de Béla Tarr es reconocida mundialmente por su capacidad para retratar la condición humana desde una perspectiva existencialista y sombría. Un pilar fundamental en su cine fue el escritor y último premio Nobel de Literatura, László Krasznahorkai (Nobel de Literatura 2025), con quien colaboró en múltiples ocasiones. Junto a ellos, el compositor Mihály Vig contribuyó a construir los mundos hipnóticos y melancólicos que caracterizan sus filmes.
Entre sus obras maestras adaptadas de la novela de Krasznahorkai se encuentran:
- “Sátántangó” (1994): Conocida en español como Tango Satánico. Es una odisea cinematográfica de más de siete horas que explora el colapso de un sistema agrícola en Hungría, o el derrumbe del comunismo en Europa del Este y su declive material y espiritual.
- “La condena” (1988): Este largometraje, coescrito con Krasznahorkai, es considerado el primer largometraje independiente húngaro.
- “Armonías de Werckmeister” (2000): Éxito unánime de la crítica, presentada en Cannes y consolidando su estética, donde la lluvia y el barro eran elementos esenciales de la narrativa.
Béla Tarr también dirigió “El hombre de Londres” (2007), que compitió en el Festival de Cannes, adaptando la obra de Georges Simenon y contando con Tilda Swinton como protagonista.
Trayectoria y origen: de Pécs a la resistencia ideológica
Béla Tarr nació el 21 de julio de 1955, en la ciudad universitaria de Pécs, en el suroeste de Hungría. Aunque en sus inicios estaba más interesado en la Filosofía —disciplina que terminaría impregnando su obra—, rodó su primera película amateur a los 16 años, la cual abordaba la vida de los trabajadores gitanos.
Seis años después, en 1977, realizó su primer largometraje, “Nido familiar”, con el apoyo del estudio de cine experimental Béla Balázs, en Budapest, donde se formó como director. En 1979 debutó en el realismo social. Continuó explorando las barreras entre la ficción y el documental en “El intruso” (1980) y en “Gente prefabricada” (1981), asentando el estilo de slow cinema. En 1982 rodó para televisión “Macbeth”, una adaptación personal y respetuosa de Shakespeare.
Trabajó en la productora Mafilm durante la década de los ochenta. Su obra está marcada por su denuncia de los estragos de los totalitarismos, una posición ideológica que abarcó desde sus orígenes profesionales bajo el régimen comunista hasta su posterior rechazo del gobierno ultraderechista de Orbán. Como él mismo declaró en 2005 al diario francés Le Figaro: “Tuve la suerte de encontrar mi camino para sobrevivir: hacer películas es lo mío”.
El retiro radical y la fundación de la escuela de Sarajevo
En 2011, tras el estreno de “El caballo de Turín”, Tarr anunció su retiro definitivo de la dirección cinematográfica. Argumentó que, con esa historia—que parte de una célebre anécdota de la vida de Friedrich Nietzsche sobre la compasión despertada tras ver cómo su cochero golpeaba salvajemente a un animal—, ya había dicho todo lo que tenía que decir. “Después de eso, ¿qué más puedo decir?”, afirmó tras la proyección de un filme que termina con un padre y una hija conviviendo a la luz de una vela en un paisaje rural desolado y sacudido por el viento.
“El caballo de Turín” fue galardonada con el Oso de Plata y el Gran Premio del Jurado en el Festival de Berlín, además de valerle una nominación a la mejor dirección en los premios del cine europeo. En 2023, la Academia del Cine Europeo (EFA) le brindó el premio honorífico.
Tras su último largometraje, solo realizó dos cortometrajes y se dedicó a la enseñanza del cine en Hungría, Alemania y Francia. Su labor más destacada fue la fundación de la escuela de cine Film.factory en Sarajevo, donde formó a una nueva generación de realizadores bajo su filosofía de honestidad radical y resistencia.
La influencia de Tarr se extiende a directores contemporáneos de renombre como Gus Van Sant y Apichatpong Weerasethakul. Su vida personal también estuvo ligada al cine, ya que desde 1978 estuvo casado con la directora cinematográfica Ágnes Hranitzky, con quien codirigió muchas de sus producciones. Tarr sentía un especial apego por los jóvenes, gracias a su escuela, de la que salieron alumnos como Pilar Palomero o Manel Raga. El cineasta Esteve Riambau i Möller relató cómo Tarr, poco antes de su fallecimiento, intentó levantar en Barcelona una instalación para poner de relieve la dignidad de los homeless dentro de un contenedor, mostrando su constante interés por la condición humana.
La muerte del director marca el fin de una era para el cine de autor más radical y poético. ¿Podrá el cine del futuro, dominado por las fórmulas comerciales que él tanto detestaba, heredar y preservar su invaluable filosofía de libertad e inconformismo?

