El 29 de diciembre de 2025, el occidente de México perdió a José Adrián Corona Radillo, presidente de Grupo Corona. Su cuerpo fue hallado en Atenguillo, Jalisco, dos días después de su secuestro en el “Crucero Volcanes”. Este no es un simple caso de violencia; el asesinato de Adrián Corona, líder de la agroindustria, revela una crisis profunda que afecta la estabilidad económica de la Sierra de Amula y la dinastía detrás del popular Tonayán.
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El secuestro en el crucero volcanes: la ejecución estratégica
El presente documento, clasificado como CONFIDENCIAL / ANÁLISIS ESTRATÉGICO, aborda los eventos que culminaron con la muerte de José Adrián Corona Radillo, figura central de la agroindustria en el occidente de México. Este incidente, según el informe de inteligencia corporativa del 4 de enero de 2026, constituye un punto de inflexión crítico para la estabilidad económica de la Sierra de Amula y la industria de bebidas espirituosas de consumo masivo en México.
El cuerpo del empresario fue localizado el 29 de diciembre de 2025 en el municipio de Atenguillo, Jalisco. Dos días antes, el 27 de diciembre de 2025, fue privado de su libertad en un punto estratégico conocido como “Crucero Volcanes”.
La geografía del peligro: el corredor de la sierra occidental
La operación llevada a cabo contra Adrián Corona denota planificación, inteligencia previa y control territorial, características distintivas de organizaciones criminales de alto nivel que operan en Jalisco. El secuestro tuvo lugar en el “Crucero Volcanes”, un nodo de máxima criticidad geoespacial.
Esta intersección vial no es simplemente un cruce; es el nodo que conecta las rutas de los valles centrales de Jalisco (donde se ubica Guadalajara y la zona industrial de tequila) con la región costera (Puerto Vallarta) y la zona serrana de Mascota y Talpa de Allende.
Históricamente, esta ruta ha funcionado como una arteria logística dual:
- Comercial/Turística: Utilizada por miles de viajeros y transporte de carga legítimo.
- Ilícita: Un corredor estratégico para el movimiento de precursores químicos, narcóticos y personal armado entre la costa del Pacífico y el interior del país.
El hecho de que el ataque ocurriera en este “choke point” (punto de estrangulamiento) valida la hipótesis de que el control estatal sobre la carretera federal 70 y sus ramales es intermitente o inexistente.
Cronología de los hechos: el modus operandi del castigo
La secuencia temporal de los eventos descarta la delincuencia común:
- Fase 1: El desplazamiento (27 de diciembre, 2025). Adrián Corona viajaba con su núcleo familiar (pareja e hijos) hacia Puerto Vallarta. El perfil de la víctima y la precisión de la intercepción plantean la posibilidad de una filtración de información sobre su itinerario.
- Fase 2: La intercepción y selección. Al llegar al Crucero Volcanes, sujetos armados interceptaron el vehículo. Los agresores se llevaron exclusivamente a Adrián Corona. Permitieron que su pareja y sus hijos permanecieran en el lugar ilesos, lo que indica que no se trataba de un secuestro exprés. El objetivo primario era la persona del presidente.
- Fase 3: El silencio (48 horas). Durante el cautiverio, los informes indican que “no se registró ninguna exigencia de rescate”. En la criminología mexicana, la ausencia de llamadas de negociación sugiere que el objetivo era la vida o la información (secuestro por ajuste/castigo).
- Fase 4: El hallazgo (29 de diciembre, 2025). El cuerpo fue localizado en Atenguillo. La Fiscalía del Estado detalló que presentaba “golpes y lesiones producidas por disparos”. La presencia de trauma físico (golpes) es consistente con interrogatorios bajo tortura o castigo físico, práctica estándar para extraer información corporativa o financiera antes de la muerte.
La restitución de los restos ocurrió el 1 de enero de 2026, y los servicios funerarios se llevaron a cabo el 4 de enero en Tonaya.
El perfil de la víctima: la tragedia de la dinastía corona
José Adrián Corona Radillo era más que un empresario: era el heredero y custodio actual de una dinastía que transformó la economía de Tonaya, donde la familia industrial funciona como una institución de facto.
El heredero y el imperio del volumen
Adrián Corona representaba la tercera generación en la industria de bebidas alcohólicas. Su liderazgo se enfocó en la gestión de un portafolio de marcas de “volumen”, como Tonayán y Rancho Escondido. A diferencia de las casas tequileras que buscan el mercado premium, Grupo Corona domina el segmento de “licores de caña” y destilados de agave de bajo costo, lo que le otorga un flujo de efectivo masivo, inmune a las recesiones.
El conglomerado emplea a cientos de personas en Tonaya y compra la producción de más de 110 agricultores de agave.
La sucesión sistemática de muertes
El análisis forense de la línea de tiempo, sumado a la reconstrucción de la dinámica familiar, revela que los Corona han perdido a tres líderes generacionales en menos de una década (2017, 2021 y 2025). Esta decapitación sistemática coloca a la empresa en una posición de extrema fragilidad:
| Fecha | Líder Fallecido | Causa de Muerte / Contexto | Impacto en la Sucesión |
| Marzo 2017 | Armando Corona Robles (Fundador) | Causas naturales a los 84 años.4 | Transición del patriarca fundador a la segunda generación. Fin de la era fundacional (1955-2017). |
| Julio 2021 | Armando Corona Radillo (Hermano/Hijo) | Fallecimiento a los 54 años.5 Ex-Alcalde de Tonaya (2004-2006). | Pérdida del enlace político directo y liderazgo de segunda generación. |
| Diciembre 2025 | José Adrián Corona Radillo (Presidente) | Asesinato / Ejecución.1 | Crisis total de gobernanza. Eliminación de la cabeza operativa actual. |
La concentración de decisiones en la figura del presidente, sumada a este patrón de pérdidas, sugiere una vulnerabilidad estructural en la gobernanza.
El imperio del alcohol popular: tonayán y agave
La historia del grupo se remonta a inicios del siglo XX con Leandro Corona y Natalia Cobián. La industrialización comenzó en 1955 con Armando Corona Robles. Bajo su mando y el de sus hijos, la empresa formalizó la producción en 1980, expandió el portafolio a más de 20 marcas e inició exportaciones masivas a Estados Unidos y Centroamérica.
Los productos estrella operan en una zona gris de la percepción pública:
- Tonayán: Es el producto insignia, un Licor de Caña. Aunque es objeto de mitos urbanos (desmentidos, siempre que no sea adulterado por terceros) y burlas clasistas, es una de las bebidas más consumidas del país por su relación precio-efectividad alcohólica, usando insumos baratos como la caña.
- Rancho Escondido: Clasificado como Licor de Agave, aprovechó el boom ofreciendo un sabor a agave a una fracción del precio, consolidándose como líder en tiendas de conveniencia.
Bajo la administración de Adrián Corona, la empresa buscó diversificar su reputación al lanzar Reserva de Don Armando en 2015, un tequila extra añejo.
Además, el liderazgo de Adrián Corona implicaba gestionar la transición agrícola. La demanda global de tequila (que exige Agave tequilana Weber azul) forzó que el municipio de Tonaya, que históricamente producía Agave angustifolia (agave verde/mezcalero), reemplazara casi la totalidad de sus cultivos por agave azul para 2007, impulsado por la capacidad de compra de Grupo Corona.
Análisis geopolítico: el costo de la extorsión
La muerte de Adrián Corona no se puede disociar del contexto de la guerra territorial en Jalisco, base de operaciones del Cártel Jalisco Nueva Generación.
El control criminal de la sierra
La ruta Guadalajara-Ameca-Mascota-Vallarta atraviesa el corazón operativo de facciones criminales. La zona serrana ofrece una orografía ideal para laboratorios clandestinos y campamentos, con conectividad directa a la costa (recepción de precursores de Asia) y al centro del estado (distribución).
Los retenes falsos en puntos como el “Crucero Volcanes” cumplen dos funciones esenciales:
- Seguridad del Cártel: Evitar la infiltración de grupos rivales (como Cártel de Sinaloa o Nueva Plaza).
- Financiamiento: Secuestro y robo de vehículos de alta gama.
El agave como objetivo (“oro verde”)
El crimen organizado ha diversificado sus ingresos hacia el sector agroindustrial. Es altamente probable que Grupo Corona, al ser el actor económico dominante en Tonaya, estuviera sometido a presiones extorsivas (cobro de piso).
La hipótesis de la agresión sin petición de rescate refuerza la teoría del castigo por:
- Negativa a pagar extorsión.
- Intento de negociar condiciones.
- Deseo de un grupo criminal de demostrar control total sobre la plaza mediante el “descabezamiento industrial”.
El informe también menciona un patrón de ingobernabilidad, citando otros actos de violencia en la región, como atentados contra magistrados y funcionarios, y bloqueos carreteros, donde las figuras de autoridad son blancos legítimos para los actores armados que buscan subvertir el orden estatal.
La ejecución de José Adrián Corona Radillo es un evento de alto impacto con consecuencias ramificadas. La empresa enfrenta su crisis más grave en 70 años, con un riesgo de sucesión que la hace vulnerable a una adquisición hostil o a la infiltración del crimen organizado en su estructura. La moral de la fuerza laboral y la confianza de los proveedores agrícolas están fracturadas.
Si la producción de Grupo Corona se interrumpe, el mercado de alcohol de bajo costo sufrirá un desabasto notable de Tonayán y Rancho Escondido a nivel nacional, lo que podría incentivar la entrada de alcohol adulterado. El asesinato de un industrial de este calibre envía una señal nefasta: ni siquiera las dinastías más arraigadas tienen garantizada la seguridad.
Para las autoridades de Jalisco, la impunidad en este caso consolidaría la percepción de que los grupos criminales tienen la capacidad y la voluntad de decapitar liderazgos empresariales sin temor a la respuesta del Estado. El reto para la familia Corona no es solo físico, sino corporativo: ¿podrá el imperio del alcohol popular sobrevivir a la sistemática decapitación de sus líderes?

