CANCÚN, QR.- La iglesia católica despidió este sábado a Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, obispo emérito de la Diócesis de Cancún-Chetumal, durante la misa exequial y ceremonia de sepultura que reunió a familiares, sacerdotes, religiosos y fieles de distintas comunidades de Quintana Roo.
La celebración fue presidida por Gustavo Rodríguez Vega, arzobispo de Yucatán, quien expresó el pésame fraterno del episcopado y subrayó la cercanía que une a los obispos como hermanos en el ministerio, vínculo que se fortalece aún más cuando pertenecen a una misma provincia eclesiástica.
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Durante la homilía, el arzobispo extendió las condolencias a la familia del monseñor Pedro Pablo Elizondo, a los sacerdotes, especialmente a quienes fueron ordenados por él, a los diáconos, a la vida consagrada y a toda la comunidad católica de Cancún-Chetumal.
“El Señor sea su fortaleza”, expresó.
Reconocen trayectoria espiritual de Pedro Pablo Elizondo
Rodríguez Vega recordó que Monseñor Pedro Pablo Elizondo sirvió a la iglesia “con toda entrega y con toda pasión”, ganándose el cariño y el respeto de la comunidad diocesana, que hoy resiente su partida, la cual calificó como inesperada.
Señaló que, aunque para los hombres la muerte sorprende, para la fe cristiana es siempre un llamado de Dios, más allá de las circunstancias médicas o humanas.
En su mensaje, desarrolló una profunda reflexión sobre la vocación como eje de la vida cristiana, explicando que toda existencia es un llamado, ya sea a la vida, al amor, al matrimonio, al sacerdocio y, finalmente, al encuentro definitivo con Dios.
Recordó que Monseñor Pedro Pablo Elizondo respondió con fidelidad a cada una de esas llamadas.
Detalló que, desde joven, el obispo emérito deseó consagrarse al Señor, ingresando a la vida religiosa con los Legionarios de Cristo, donde realizó sus votos, fue ordenado diácono y presbítero, y posteriormente fue llamado al episcopado, ampliando su misión del servicio a una congregación al pastoreo de toda una diócesis.

“La muerte es el último llamado, porque nuestra vocación no es quedarnos en este mundo, sino ir a la presencia del Señor. Somos peregrinos y hemos de estar dispuestos a ir con gozo cuando Él nos llame”, expresó el arzobispo ante los fieles.
Al citar la Palabra de Dios proclamada durante la liturgia, recordó que “las almas de los justos están en las manos del Señor y ningún mal les alcanzará”, por lo que invitó a familiares, sacerdotes, religiosas y laicos a vivir este momento con paz y esperanza, confiados en que Monseñor Pedro Pablo descansa en las manos de Dios.
En el tramo final de la homilía, Rodríguez Vega destacó el legado pastoral y material del obispo emérito.
Destacó que elevó la catedral, pero sobre todo trabajó incansablemente por construir la comunidad diocesana, una tarea que no concluye con su partida.
“El trabajo continúa, no se acaba. Él desde el cielo nos va a apoyar, así es que no bajemos la guardia, ni en la construcción material ni en la construcción espiritual de esta amada diócesis”, exhortó.
Recordó que faltaba poco tiempo para que Monseñor Pedro Pablo Elizondo entregara formalmente la diócesis al nuevo pastor, pero afirmó que Dios dispuso el momento final de su llamado. “El Señor dijo: con esto basta. Ven a mi presencia”, concluyó.
Desde este día, los restos del monseñor Pedro Pablo Elizondo descansarán en un mausoleo ubicado en la Catedral de esta ciudad.

